David insiste en que si sigo escribiendo cosas como la anterior, voy a empezar a caer mal...
Obviamente me lo dice para tomarme el pelo, pero la realidad es que lo que escribo hay que saber leerlo; ya lo pone en los requisitos para entrar aquí: tener la mente abierta.
La cuestión es que os invito a todos a que hagáis una reflexión similar sobre lo más valioso que tenéis: vosotros mismos.
Seguiría escribiendo, pero un amigo ha compartido conmigo un vídeo que expresa lo que pienso de maravilla. Aquí os lo dejo, espero que os guste.
domingo, 17 de febrero de 2013
Carta a un amigo
Sobre las buenas notas
Durante todo el periodo de exámenes, como suele suceder, me sobrevinieron las ganas de leer, de escribir, de inventar y de superar nuevos retos. Pero claro, las horas eran limitadas, mi cuarto estaba inundado de folios, y además, si no estudio, me entra cargo de conciencia, así que decidí posponer todas las actividades lúdico-creativas para después de las pruebas.
Y, como es habitual también, después del tremendo esfuerzo intelectual por atrapar conceptos para que no se los lleve el viento, y poder desparramarlos en las hojas que dictaminarán mi aptitud (o mi carencia de ella), el cuerpo se resiente, hace como pluf, la tensión ya no está y se queda todo blando. Incluido el cerebro, que está como espeso, lento, perezoso. Licuado.
Han sido cuatro meses de infarto. He tenido que redactar un montón de trabajos e incluso un listado de los trabajos que tenía que entregar, con sus correspondientes formatos, números de páginas, indicaciones varias; amén de un calendario multicolor con las fechas de entregas y plazos. En ocasiones era más agotadora la gestión de las tareas, que la realización de las mismas. Por no mencionar las relaciones humanas: complejas, latosas, pero enriquecedoras, lo reconozco.
Hace cuatro meses estaba asustada. Temía no llegar a todo. El máster prometía ser duro. Además estaba comprometida con el trabajo de cada tarde con mis niños, con las posibles colaboraciones audiovisuales que surjen de vez en cuando y con el resto de responsabilidades, como mantener mi casa bonita y digna, compras, recados, gato, amigos, familia, mi futuro marido... Muchas cosas. Demasiadas. Adiós al ocio, al descanso y a las horas extra de sueño de los fines de semana.
Así ha sido. Días largos, interminables, mucho café y careta de zombie. Pero me ha mantenido despierta la ilusión de todo lo que está por llegar cuando el máster se acabe.
Ahora que acabo de pasar el ecuador del curso, puedo afirmar que todo el esfuerzo ha merecido la pena. No sólo me he dado cuenta de que no tenía sentido tener miedo, porque con dedicación, ilusión y esfuerzo, hasta los retos más complicados se alcanzan. También me he demostrado a mi misma, una vez más, que valgo mucho, que sé más cosas de las que aparento y que soy capaz de enfrentarme a cualquier cosa.
Han sido tantas las personas que, con su arrogancia y prepotencia, me han hecho pensar lo contrario, que había llegado incluso a dudarlo. Pero esas personas no merecen la pena -son unas ignorantes y seguramente se sientan frustradas por algo-.
Sé que el mundo en el que vivimos no reconoce este tipo de méritos o virtudes, y que la gloria y el estatus se alcanzan por otras vías. Pero ya me da igual. Yo sí sé que soy una chica sobresaliente, y eso es lo que importa.
Gracias a todos los que habéis hecho estos meses más llevaderos. Sois un tesoro :-)
Y, como es habitual también, después del tremendo esfuerzo intelectual por atrapar conceptos para que no se los lleve el viento, y poder desparramarlos en las hojas que dictaminarán mi aptitud (o mi carencia de ella), el cuerpo se resiente, hace como pluf, la tensión ya no está y se queda todo blando. Incluido el cerebro, que está como espeso, lento, perezoso. Licuado.
Han sido cuatro meses de infarto. He tenido que redactar un montón de trabajos e incluso un listado de los trabajos que tenía que entregar, con sus correspondientes formatos, números de páginas, indicaciones varias; amén de un calendario multicolor con las fechas de entregas y plazos. En ocasiones era más agotadora la gestión de las tareas, que la realización de las mismas. Por no mencionar las relaciones humanas: complejas, latosas, pero enriquecedoras, lo reconozco.
Hace cuatro meses estaba asustada. Temía no llegar a todo. El máster prometía ser duro. Además estaba comprometida con el trabajo de cada tarde con mis niños, con las posibles colaboraciones audiovisuales que surjen de vez en cuando y con el resto de responsabilidades, como mantener mi casa bonita y digna, compras, recados, gato, amigos, familia, mi futuro marido... Muchas cosas. Demasiadas. Adiós al ocio, al descanso y a las horas extra de sueño de los fines de semana.
Así ha sido. Días largos, interminables, mucho café y careta de zombie. Pero me ha mantenido despierta la ilusión de todo lo que está por llegar cuando el máster se acabe.
Ahora que acabo de pasar el ecuador del curso, puedo afirmar que todo el esfuerzo ha merecido la pena. No sólo me he dado cuenta de que no tenía sentido tener miedo, porque con dedicación, ilusión y esfuerzo, hasta los retos más complicados se alcanzan. También me he demostrado a mi misma, una vez más, que valgo mucho, que sé más cosas de las que aparento y que soy capaz de enfrentarme a cualquier cosa.
Han sido tantas las personas que, con su arrogancia y prepotencia, me han hecho pensar lo contrario, que había llegado incluso a dudarlo. Pero esas personas no merecen la pena -son unas ignorantes y seguramente se sientan frustradas por algo-.
Sé que el mundo en el que vivimos no reconoce este tipo de méritos o virtudes, y que la gloria y el estatus se alcanzan por otras vías. Pero ya me da igual. Yo sí sé que soy una chica sobresaliente, y eso es lo que importa.
Gracias a todos los que habéis hecho estos meses más llevaderos. Sois un tesoro :-)
sábado, 26 de enero de 2013
Sobre el profesor educador
Estas son unas observaciones que redacté tras leer el capítulo El profesor educador del libro Ser profesor, una mirada al alumno, de Pedro Morales Vallejo. Debido a que me encuentro en pleno proceso de inmersión en el fascinante mundo de la docencia, y estoy aprendiendo un montón de cosas, me ha apetecido compartir mi análisis con vosotros. Si pincháis en los enlaces podréis acceder al texto completo, así como a la web del autor.
El profesor educador de Pedro Morales Vallejo me ha hecho reflexionar sobre la esencia de la profesión docente y las pautas a seguir para desempeñar una labor educativa eficaz y satisfactoria en el aula.
Aunque es evidente que no existe un listado de normas infalibles, ni nada parecido a un decálogo del profesor ideal, si que quedan recogidas en este capítulo una serie de actitudes clave que nos ayudarán a los futuros docentes a ejercer una influencia positiva en nuestros alumnos y a conseguir un proceso de enseñanza-aprendizaje fluido y gratificante, motivando a nuestros alumnos para que consigan sus metas, esperando grandes cosas de ellos y mostrando una actitud de entrega y dedicación hacia ellos. A fin de cuentas, la enseñanza es
una profesión vocacional y si algún docente no lo siente así, nunca será un educador, ni tampoco un buen profesor.
El buen profesor debe evitar los prejuicios, para lo cual debe tomar conciencia de que todos sus alumnos tienen el mismo derecho a ser educados, todos necesitan en mayor o menor medida la orientación del profesor y todos pueden llegar a ser adultos brillantes. No se trata
sólo de formar en determinado campo académico; se trata de orientar a los alumnos para que se desarrollen como personas independientes, maduras, con espíritu crítico; de dotarlos de herramientas para que sepan desenvolverse en la vida de manera satisfactoria y puedan alcanzar el éxito.
Esto es especialmente importante si se trabaja con adolescentes, ya que se encuentran en pleno proceso de desarrollo psicosocial y afectivo, están definiendo su personalidad y se están empezando a plantear qué quieren realmente en la vida. Una mala intervención de un
educador durante la adolescencia puede repercutir de manera muy negativa en el alumno, pudiendo llegar a marcarle de por vida. La realidad es que los docentes no pueden limitarse a ser profesores de contenido, ya que los alumnos pasan un gran número de horas en los
centros escolares y toman a los profesores como modelos de referencia. De ahí la importancia de que los docentes eduquen en valores, tanto de manera directa como indirecta, mediante su actitud en el aula.
Desde mi dilatada experiencia como alumna, puedo afirmar que me he encontrado con muchos de los casos y ejemplos que nombra el autor del escrito.
En algunas ocasiones, la pasión con la que un profesor ha guiado mis pasos hacia el aprendizaje de unos contenidos ha hecho que sintiera fascinación por su materia, y gracias a su interés y su actitud me he considerado capaz de alcanzar el éxito, descubriendo con
satisfacción que podría llegar a ser realmente buena en ese campo profesional, aumentando mi autoestima y mi seguridad en la vida.
Sin embargo, y por desgracia, estos han sido unos pocos. Son muchos los profesores que han pasado por mi vida sin dejar huella, no tanto por su actitud negativa, sino por la ausencia de cualquier tipo de relación o interés por ambas partes. También los ha habido que han
provocado en mí el efecto opuesto al del buen profesor descrito en este libro. A base de desprecios, exigencias carentes de sentido (o al menos, no explicadas correctamente al alumnado) y calificaciones injustas consiguieron desmotivarme hasta el punto de llegar a
aborrecer sus materias, cuando ellas por sí mismas no eran en principio aborrecibles, haciéndome sentir que era “mala” en algo, lo cual puede llegar a resultar muy frustrante a pesar de no ser cierto.
Curiosamente, incluso en el máster de formación de docentes podemos encontrar a algún profesor que no se preocupa de mucho más que de dar su contenido, indiferente a las situaciones personales de sus alumnos, y que emplea unas metodologías cuestionables. Pero
como de todas las experiencias de la vida podemos obtener una lección, consideraré que este tipo de profesor al menos me está mostrando cómo no debo proceder cuando sea docente, si realmente quiero conseguir que mis alumnos disfruten de una experiencia educativa plena.
Desde mi corta experiencia como docente he de decir que me siento más segura y satisfecha con mis clases cuando establezco buenas relaciones con mis alumnos. Como afirma el autor del libro, esto no siempre es sencillo, pero la intención de lo que quiero ser siempre está ahí. Todos cometemos errores, y la clave está en no negarlos, sino en aprender de ellos, para ser cada vez mejores profesionales. Por tanto, también considero que una relación justa y honesta con los alumnos es la esencia del profesor educador, intentando que así lo perciban los estudiantes, puesto que no se trata sólo de ser un buen profesor, sino de demostrarlo.
El profesor educador de Pedro Morales Vallejo me ha hecho reflexionar sobre la esencia de la profesión docente y las pautas a seguir para desempeñar una labor educativa eficaz y satisfactoria en el aula.
Aunque es evidente que no existe un listado de normas infalibles, ni nada parecido a un decálogo del profesor ideal, si que quedan recogidas en este capítulo una serie de actitudes clave que nos ayudarán a los futuros docentes a ejercer una influencia positiva en nuestros alumnos y a conseguir un proceso de enseñanza-aprendizaje fluido y gratificante, motivando a nuestros alumnos para que consigan sus metas, esperando grandes cosas de ellos y mostrando una actitud de entrega y dedicación hacia ellos. A fin de cuentas, la enseñanza es
una profesión vocacional y si algún docente no lo siente así, nunca será un educador, ni tampoco un buen profesor.
El buen profesor debe evitar los prejuicios, para lo cual debe tomar conciencia de que todos sus alumnos tienen el mismo derecho a ser educados, todos necesitan en mayor o menor medida la orientación del profesor y todos pueden llegar a ser adultos brillantes. No se trata
sólo de formar en determinado campo académico; se trata de orientar a los alumnos para que se desarrollen como personas independientes, maduras, con espíritu crítico; de dotarlos de herramientas para que sepan desenvolverse en la vida de manera satisfactoria y puedan alcanzar el éxito.
Esto es especialmente importante si se trabaja con adolescentes, ya que se encuentran en pleno proceso de desarrollo psicosocial y afectivo, están definiendo su personalidad y se están empezando a plantear qué quieren realmente en la vida. Una mala intervención de un
educador durante la adolescencia puede repercutir de manera muy negativa en el alumno, pudiendo llegar a marcarle de por vida. La realidad es que los docentes no pueden limitarse a ser profesores de contenido, ya que los alumnos pasan un gran número de horas en los
centros escolares y toman a los profesores como modelos de referencia. De ahí la importancia de que los docentes eduquen en valores, tanto de manera directa como indirecta, mediante su actitud en el aula.
Desde mi dilatada experiencia como alumna, puedo afirmar que me he encontrado con muchos de los casos y ejemplos que nombra el autor del escrito.
En algunas ocasiones, la pasión con la que un profesor ha guiado mis pasos hacia el aprendizaje de unos contenidos ha hecho que sintiera fascinación por su materia, y gracias a su interés y su actitud me he considerado capaz de alcanzar el éxito, descubriendo con
satisfacción que podría llegar a ser realmente buena en ese campo profesional, aumentando mi autoestima y mi seguridad en la vida.
Sin embargo, y por desgracia, estos han sido unos pocos. Son muchos los profesores que han pasado por mi vida sin dejar huella, no tanto por su actitud negativa, sino por la ausencia de cualquier tipo de relación o interés por ambas partes. También los ha habido que han
provocado en mí el efecto opuesto al del buen profesor descrito en este libro. A base de desprecios, exigencias carentes de sentido (o al menos, no explicadas correctamente al alumnado) y calificaciones injustas consiguieron desmotivarme hasta el punto de llegar a
aborrecer sus materias, cuando ellas por sí mismas no eran en principio aborrecibles, haciéndome sentir que era “mala” en algo, lo cual puede llegar a resultar muy frustrante a pesar de no ser cierto.
Curiosamente, incluso en el máster de formación de docentes podemos encontrar a algún profesor que no se preocupa de mucho más que de dar su contenido, indiferente a las situaciones personales de sus alumnos, y que emplea unas metodologías cuestionables. Pero
como de todas las experiencias de la vida podemos obtener una lección, consideraré que este tipo de profesor al menos me está mostrando cómo no debo proceder cuando sea docente, si realmente quiero conseguir que mis alumnos disfruten de una experiencia educativa plena.
Desde mi corta experiencia como docente he de decir que me siento más segura y satisfecha con mis clases cuando establezco buenas relaciones con mis alumnos. Como afirma el autor del libro, esto no siempre es sencillo, pero la intención de lo que quiero ser siempre está ahí. Todos cometemos errores, y la clave está en no negarlos, sino en aprender de ellos, para ser cada vez mejores profesionales. Por tanto, también considero que una relación justa y honesta con los alumnos es la esencia del profesor educador, intentando que así lo perciban los estudiantes, puesto que no se trata sólo de ser un buen profesor, sino de demostrarlo.
sábado, 19 de enero de 2013
Sobre el paro
Esta semana, abrumada entre trabajos y exámenes, se me acercó uno de mis profesores para decirme que había curioseado mi perfil en LinkedIn, y que le había sorprendido mi curriculum, por la cantidad de cosas que había hecho en mi corta vida; que estaba muy bien. Un simple comentario como ese ha hecho que vuelva a coger las riendas de mi vida con mucha más energía y entusiasmo.
Pues eso, que os paréis unos minutos a pensar. Que igual no tenemos trabajo, pero sabemos muchas cosas. De hecho, no creo que seamos conscientes de todo lo que sabemos. Y además hemos acumulado montones de experiencias que nos han permitido desarrollarnos como buenas personas, responsables, autónomas, libres y críticas. Y eso no nos lo va a quitar nadie.
Mientras tengamos eso claro en la cabeza, nada conseguirá derrotarnos. Así que ya podéis salir a la calle con ilusión, en busca de vuestros sueños, que por ahí andan. No os rindáis. Y sobre todo, ¡arriba ese ánimo!
Ha llegado a mi una cita de William James: "el pájaro no canta porque esté feliz, está feliz porque canta". Me viene de maravilla para presentaros este vídeo que circula por la red, batiendo records de reproducciones, y que me ha encantado.
Flashmob en una oficina del paro de Madrid (Carne Cruda 2.0)
Era inevitable que me emocionara con algo así.
No olvidéis que las nubes no están ahí siempre. Con el tiempo se van y permiten al sol brillar con toda su intensidad.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Sobre mis alumnitos
No os podéis imaginar cuánto echo de menos mi aula de plástica, su olor a pintura, su radiadorcito en la esquina, su pequeña pizarra, los veintipico pares de ojos expectantes mirándome... No hay día en que no dedique unos minutos a pensar en mis alumnitos de estudio del año pasado. Fue una lástima no poder continuar con ellos este curso, aunque lo cierto es que no tengo ni medio minuto libre como para enganchar un trabajo más. Ojalá pueda volver a estar pronto al frente de un aula, contestando las mil y una preguntas que rondan sus cabecitas.
Con mis niños de este curso estoy muy contenta. Se esfuerzan, aprenden mucho y lo pasamos fenomenal. Tenemos conversaciones de lo más interesantes y es una pasada ver cómo absorben todo lo que les cuento, ¡son pequeñas esponjas! Pero si tengo que escoger una entre todas, me quedo con esta conversación que tuve con Laura el curso pasado en clase:
- ¿Por qué los nazis querían matar a Ana Frank y a su familia?
- Porque eran judíos.
- O sea, que vivían en Judea.
- Er... No, cielo, vivían en Ámsterdam.
- Ah. ¿Y por qué los católicos y los judíos nos llevamos tan mal?
- Cariño, no nos llevamos mal... ¿Cómo nos vamos a llevar mal si Jesús era judío?
- ¿¿Que Jesús era judío?? ¿En serio?
- Claro, ¿no lo sabías?
- Pensaba que era Católico.
- Si, claro, iba a misa todos los domingos, se veía a sí mismo ahí, presidiendo, colgado en una cruz...
No es que sea una borde, de verdad. A veces, cuando les tomas un poco el pelo, lo cazan más rápido y ellos solitos descubren las respuestas a sus grandes incógnitas. Los adoro.
Con mis niños de este curso estoy muy contenta. Se esfuerzan, aprenden mucho y lo pasamos fenomenal. Tenemos conversaciones de lo más interesantes y es una pasada ver cómo absorben todo lo que les cuento, ¡son pequeñas esponjas! Pero si tengo que escoger una entre todas, me quedo con esta conversación que tuve con Laura el curso pasado en clase:
- ¿Por qué los nazis querían matar a Ana Frank y a su familia?
- Porque eran judíos.
- O sea, que vivían en Judea.
- Er... No, cielo, vivían en Ámsterdam.
- Ah. ¿Y por qué los católicos y los judíos nos llevamos tan mal?
- Cariño, no nos llevamos mal... ¿Cómo nos vamos a llevar mal si Jesús era judío?
- ¿¿Que Jesús era judío?? ¿En serio?
- Claro, ¿no lo sabías?
- Pensaba que era Católico.
- Si, claro, iba a misa todos los domingos, se veía a sí mismo ahí, presidiendo, colgado en una cruz...
No es que sea una borde, de verdad. A veces, cuando les tomas un poco el pelo, lo cazan más rápido y ellos solitos descubren las respuestas a sus grandes incógnitas. Los adoro.
jueves, 19 de julio de 2012
Sobre las musas
2011 fue un año complicado. Raro, duro, largo, con sus más y sus menos. Pero al fin terminó. Y cuando creíamos que las cosas no podían ir peor, llegó 2012. Recuerdo que lo empecé con ilusión. ¡Hay tantas cosas por hacer todavía! Pero aún estamos en julio y yo ya estoy agotada. He conseguido acumular montañas de anécdotas, novedades y experiencias. Pero la inspiración me abandonó. Cuando tenía cosas que contar, no tenía tiempo; cuando sacaba un rato libre, no tenía ganas. Me he visto, casi sin darme cuenta, involucrada en una nueva profesión de la que tengo mucho que aprender todavía. La buena noticia de hoy es que me han admitido en el máster de profesora de secundaria, algo que me venía quitando el sueño desde hacía un tiempo. Tengo muchas más buenas noticias, pero por desgracia algunas malas les hacen sombra. Sé que las fuerzas para salir adelante las encontraré en la ilusión por todo lo que está por llegar, pero a veces la mente humana es cruel, y lo que me invade es la inseguridad, la desconfianza y la nostalgia. Y para escribir porquería, prefiero quedarme callada.
jueves, 5 de enero de 2012
Ya vienen los Reyes
Aunque la mayoría sabéis lo que opino de la Navidad y de los eventos que la rodean - no voy a escribir todos los años lo mismo - el hecho de que vuelva a haber niños en mi vida hace que me sienta de otra manera. No sólo trabajo con niños encantados con sus regalos, también algunas de mis amigas, que ya son mamis, me explican emocionadas la sensación de que la magia ha vuelto a sus casas. Los nenes aún son pequeños y no se enteran de mucho, pero se ve la ilusión en sus ojos cuando contemplan el árbol brillar con sus lucecitas y al Papá Noel cantarín subir y bajar por la chimenea. Para el año que viene ya serán cómplices de la mentirijilla infantil más tierna del mundo. No es que me hayan entrado las prisas ni mucho menos, pero sí sé que la Navidad volverá a tener sentido para mi el día que pueda compartirla con mis pequeños.
Aunque la magia me duró poco porque me descubrieron pronto el pastel, conservo muy bonitos recuerdos de aquella época. Ya la semana previa a que vinieran los Reyes Magos, mi hermano y yo nos pasábamos las tardes enteras con la pandereta y el tamborcillo cantando villancicos delante del Belén que mis padres habían adornado con tanto esmero.
Era un Belén entrañable, con unos muñequitos de grandes ojos, y lleno de luces de colores. Cada año mi mamá lo ampliaba comprando alguna figurita nueva. El niño era demasiado pequeñito, así que lo sustituimos por uno de más categoría, precioso, aunque más grande que sus padres. Bueno, a fin de cuentas él es el protagonista. Los Reyes Magos, que iban a pie los pobres, ascendieron un invierno y les compramos camellos, colocados a un extremo de la mesa, y cada día mi hermano y yo los avanzábamos dos pasos. Estaba todo perfectamente calculado para su llegada la noche del cinco. Gabriel colgaba de una estrella fugaz de corcho y purpurina plateada, y a su lado en el tejado, aguardaban los pitufos. ¡No podían faltar los pitufos! Entre las tres palmerillas del oasis de papel de plata, acechando entre las sombras, se encontraban las tortugas ninja, y el pastorcillo cagón debía esconderse tras las casitas en busca de intimidad. Un año, acudieron al portal unos invitados singulares: nada menos que Willy Fog con su mujer Romi, y sus compañeros Tico y Rigodón. La tropa al completo. Tampoco podían faltar la Hello Kitty y Calimero. Todos ellos a adorar al niño. ¡Era el Belén más bonito del mundo!
La noche del cinco, después de haber visto un anticipo en la cabalgata y tras una cena de fiesta, tocaba preparar la llegada de los Magos y toda su corte. Colocábamos turrones con frutas escarchadas, copitas de coñac y algún polvorón. Pero no nos olvidábamos de los camellos: para ellos, unos vasos de leche y una lata de galletas. Había que dejar una rendija de la ventana abierta para que pudieran entrar, y una notita de agradecimiento por sus regalos. No consigo recordar como podía dormir entre tanta emoción. Pero lo hacía feliz. Y a la mañana siguiente... ¡magia! Sé que mis padres se esforzaban en darme bonitos regalos, pero lo que recuerdo con más cariño es la sensación inocente de que todo era verdad, la merienda estaba a medio comer, los camellos habían acabado con las galletas y había una nota con mi nombre escrita por los Reyes. Una pasada :-)
A los pocos años, el doloroso momento de descubrir la realidad llegó. Es un chasco enorme para un niño. El único consuelo que te queda entonces es que pasas a ser cómplice de todo el montaje para hermanos o primos más pequeños. Que también tiene su gracia.
Una noche de Reyes, siendo mi hermano y yo más mayores y aún sabiendo que por casa no iban a venir, esperamos a que nuestros padres estuvieran profundamente dormidos para levantarnos de madrugada y darles una sorpresa. Con el mayor sigilo posible, colocamos bajo el Belén todos los zapatos que encontramos por la casa. Todos, incluidos los de mis muñecos, y los de la Barbie (que igual eran veinte pares). Todo el recibidor estaba lleno de zapatos de todos los tamaños y colores. A la mañana siguiente nuestra sorpresa debió cautivarles, porque nos encontramos en algún zapato un billete de mil pesetas, ¡toda una fortuna!
Hace tantos años de aquello que a veces siento que perteneció a otra vida. Pero los bonitos recuerdos siempre quedan ahí. Ahora sólo me queda esperar con ilusión que vengan a nuestra vida unos pequeños y poder compartir con ellos toda esta magia.
Feliz navidad y feliz año nuevo :-)
Aunque la magia me duró poco porque me descubrieron pronto el pastel, conservo muy bonitos recuerdos de aquella época. Ya la semana previa a que vinieran los Reyes Magos, mi hermano y yo nos pasábamos las tardes enteras con la pandereta y el tamborcillo cantando villancicos delante del Belén que mis padres habían adornado con tanto esmero.
Era un Belén entrañable, con unos muñequitos de grandes ojos, y lleno de luces de colores. Cada año mi mamá lo ampliaba comprando alguna figurita nueva. El niño era demasiado pequeñito, así que lo sustituimos por uno de más categoría, precioso, aunque más grande que sus padres. Bueno, a fin de cuentas él es el protagonista. Los Reyes Magos, que iban a pie los pobres, ascendieron un invierno y les compramos camellos, colocados a un extremo de la mesa, y cada día mi hermano y yo los avanzábamos dos pasos. Estaba todo perfectamente calculado para su llegada la noche del cinco. Gabriel colgaba de una estrella fugaz de corcho y purpurina plateada, y a su lado en el tejado, aguardaban los pitufos. ¡No podían faltar los pitufos! Entre las tres palmerillas del oasis de papel de plata, acechando entre las sombras, se encontraban las tortugas ninja, y el pastorcillo cagón debía esconderse tras las casitas en busca de intimidad. Un año, acudieron al portal unos invitados singulares: nada menos que Willy Fog con su mujer Romi, y sus compañeros Tico y Rigodón. La tropa al completo. Tampoco podían faltar la Hello Kitty y Calimero. Todos ellos a adorar al niño. ¡Era el Belén más bonito del mundo!
La noche del cinco, después de haber visto un anticipo en la cabalgata y tras una cena de fiesta, tocaba preparar la llegada de los Magos y toda su corte. Colocábamos turrones con frutas escarchadas, copitas de coñac y algún polvorón. Pero no nos olvidábamos de los camellos: para ellos, unos vasos de leche y una lata de galletas. Había que dejar una rendija de la ventana abierta para que pudieran entrar, y una notita de agradecimiento por sus regalos. No consigo recordar como podía dormir entre tanta emoción. Pero lo hacía feliz. Y a la mañana siguiente... ¡magia! Sé que mis padres se esforzaban en darme bonitos regalos, pero lo que recuerdo con más cariño es la sensación inocente de que todo era verdad, la merienda estaba a medio comer, los camellos habían acabado con las galletas y había una nota con mi nombre escrita por los Reyes. Una pasada :-)
A los pocos años, el doloroso momento de descubrir la realidad llegó. Es un chasco enorme para un niño. El único consuelo que te queda entonces es que pasas a ser cómplice de todo el montaje para hermanos o primos más pequeños. Que también tiene su gracia.
Una noche de Reyes, siendo mi hermano y yo más mayores y aún sabiendo que por casa no iban a venir, esperamos a que nuestros padres estuvieran profundamente dormidos para levantarnos de madrugada y darles una sorpresa. Con el mayor sigilo posible, colocamos bajo el Belén todos los zapatos que encontramos por la casa. Todos, incluidos los de mis muñecos, y los de la Barbie (que igual eran veinte pares). Todo el recibidor estaba lleno de zapatos de todos los tamaños y colores. A la mañana siguiente nuestra sorpresa debió cautivarles, porque nos encontramos en algún zapato un billete de mil pesetas, ¡toda una fortuna!
Hace tantos años de aquello que a veces siento que perteneció a otra vida. Pero los bonitos recuerdos siempre quedan ahí. Ahora sólo me queda esperar con ilusión que vengan a nuestra vida unos pequeños y poder compartir con ellos toda esta magia.
Feliz navidad y feliz año nuevo :-)
martes, 20 de diciembre de 2011
Sobre toda una vida
Papá y Mamá cumplen hoy 35 años de casados :-)
Os deseo mucha felicidad y que os queráis más aún cada día. Deseo también poder disfrutar de una vida en pareja ejemplar como la vuestra, basada en el cariño, el respeto y la confianza. Que sigáis siendo el uno para el otro, que cada día os fascinen de nuevo los detalles y virtudes del otro que, en su día, os enamoraron. Que olvidéis algunos malos ratos y os ríais juntos de vuestras manías y defectos.
Por toda una vida juntos, felicidades. Y gracias. Os quiere vuestra hija :-)
No tengo una foto de la boda, pero la conseguiré ;-)
Os deseo mucha felicidad y que os queráis más aún cada día. Deseo también poder disfrutar de una vida en pareja ejemplar como la vuestra, basada en el cariño, el respeto y la confianza. Que sigáis siendo el uno para el otro, que cada día os fascinen de nuevo los detalles y virtudes del otro que, en su día, os enamoraron. Que olvidéis algunos malos ratos y os ríais juntos de vuestras manías y defectos.
Por toda una vida juntos, felicidades. Y gracias. Os quiere vuestra hija :-)
No tengo una foto de la boda, pero la conseguiré ;-)
lunes, 28 de noviembre de 2011
Sobre los médicos
Desde que comencé la dieta, me han salido endocrinos por todas partes. No consigo entender como quedan gordos en el mundo, ¡con lo fácil que es tener el cuerpo perfecto!
Se me cae mucho el pelo, a puñados, pero todo el mundo sabe que es por el otoño. Sin preguntas, sin pruebas, sin análisis de sangre... Todo el mundo menos yo, claro. ¡Me quito el sombrero!
Y es que es verdad. ¿Por qué malgastar varios años estudiando tanto en una facultad de Medicina? ¿Para qué todas esas prácticas, residencias y guardias? Total, en Saber Vivir nos van a explicar LO MISMO.
Si además de Medicina en general quieres ser un experto nutricionista, no tienes más que prestar atención a los anuncios. Todos sabemos que el pan no engorda, sólo lo que metes dentro. Y el integral es mejor aún, para TODO. Igualmente los yogures son beneficiosos para todo tipo de enfermedades, ya que nos proporcionan un escudo contra agentes patógenos varios que debemos evitar a toda costa, sean lo que sean esas temibles criaturas. El bollycao con extra de leche aporta calcio y cientos de cosas beneficiosas para los niños, y las pizzas de Casa Tarradellas son muy sanas y naturales, contienen todos los ingredientes de la dieta perfecta. Por supuesto, para cenar, un buen tazón de cereales, o en su defecto, barritas de alpiste, porque nos hará cagar como reyes y por ende, seremos más felices e iremos saludando a todos los desconocidos que nos crucemos.
Pero yo, que soy una rancia y una anticuada, prefiero seguir escuchando la opinión de mis médicos, aunque me cueste algún pinchazo.
Se me cae mucho el pelo, a puñados, pero todo el mundo sabe que es por el otoño. Sin preguntas, sin pruebas, sin análisis de sangre... Todo el mundo menos yo, claro. ¡Me quito el sombrero!
Y es que es verdad. ¿Por qué malgastar varios años estudiando tanto en una facultad de Medicina? ¿Para qué todas esas prácticas, residencias y guardias? Total, en Saber Vivir nos van a explicar LO MISMO.
Si además de Medicina en general quieres ser un experto nutricionista, no tienes más que prestar atención a los anuncios. Todos sabemos que el pan no engorda, sólo lo que metes dentro. Y el integral es mejor aún, para TODO. Igualmente los yogures son beneficiosos para todo tipo de enfermedades, ya que nos proporcionan un escudo contra agentes patógenos varios que debemos evitar a toda costa, sean lo que sean esas temibles criaturas. El bollycao con extra de leche aporta calcio y cientos de cosas beneficiosas para los niños, y las pizzas de Casa Tarradellas son muy sanas y naturales, contienen todos los ingredientes de la dieta perfecta. Por supuesto, para cenar, un buen tazón de cereales, o en su defecto, barritas de alpiste, porque nos hará cagar como reyes y por ende, seremos más felices e iremos saludando a todos los desconocidos que nos crucemos.
Pero yo, que soy una rancia y una anticuada, prefiero seguir escuchando la opinión de mis médicos, aunque me cueste algún pinchazo.
Sobre las preguntas de los niños
Los niños de mi clase, como todos, son muy preguntones. A menudo me dejan fascinada con sus reacciones o su manera de percibir el mundo. Vamos cogiendo confianzas conforme avanza el curso y cada día que pasa me interrogan más sobre mi vida personal. Son muy cotillas. Intento explicarles las cosas a su manera, pero no siempre encuentro la respuesta correcta, supongo que lo conseguiré a base de años de experiencia. Por ejemplo, no les he dicho que estudié Comunicación Audiovisual porque dudo que sepan qué es. Cantidad de adultos desconocen esa licenciatura, así que no será fácil explicársela a un niño. Además piensan que tengo como mucho 10 años más que ellos, lo cual es muy halagador, pero ese detalle da pie a situaciones de lo más absurdas.
La otra mañana, Blanca, una simpática niña, algo revoltosa, me dio conversación.
- Profe, ¿tú que estudias?
- Ay cielo, yo ya estudié todo lo que tenía que estudiar.
- ¿Fuiste a la universidad?
- Pues si, a estudiar periodismo.
- Hala... qué chuli... ¿y en qué trabajas?
- Pero vamos a ver, ¿no me ves aquí contigo? Esto es mi trabajo.
- Ah... claro. Bueno, pero sólo es una hora. ¿Qué haces el resto de día?
- (Silencio incómodo) Pues... otras cosas, ejem... Doy clase a otros niños y les ayudo con sus asignaturas (obviemos la realidad, sólo doy clase a una niña y de una asignatura).
- Entiendo. Pero... ¿y no has pensado en trabajar de periodista?
- (Grrrr... maldita sea) Esto... jaja... ja... me encantaría tener respuesta a esa pregunta... ¿¿No tienes deberes??
Bendita inocencia.
La otra mañana, Blanca, una simpática niña, algo revoltosa, me dio conversación.
- Profe, ¿tú que estudias?
- Ay cielo, yo ya estudié todo lo que tenía que estudiar.
- ¿Fuiste a la universidad?
- Pues si, a estudiar periodismo.
- Hala... qué chuli... ¿y en qué trabajas?
- Pero vamos a ver, ¿no me ves aquí contigo? Esto es mi trabajo.
- Ah... claro. Bueno, pero sólo es una hora. ¿Qué haces el resto de día?
- (Silencio incómodo) Pues... otras cosas, ejem... Doy clase a otros niños y les ayudo con sus asignaturas (obviemos la realidad, sólo doy clase a una niña y de una asignatura).
- Entiendo. Pero... ¿y no has pensado en trabajar de periodista?
- (Grrrr... maldita sea) Esto... jaja... ja... me encantaría tener respuesta a esa pregunta... ¿¿No tienes deberes??
Bendita inocencia.
martes, 22 de noviembre de 2011
Sobre Ken Robinson
Sir Ken Robinson, educador y escritor británico, es experto en aprendizaje creativo y educación artística. A finales de los noventa, al frente de un comité sobre educación, publicó el Informe Robinson, que ponía de manifiesto la escasa importancia que se le daba a la creatividad en el proceso educativo en las escuelas.
En este vídeo suyo podemos contemplar un análisis de la estructura educativa, de su evolución a lo largo de la historia, de los problemas que presenta en la actualidad y de una posible solución o conclusión.
Podremos no estar de acuerdo con alguna de sus observaciones y argumentos, pero creo que merece la pena verlo, por su contenido ilustrador y también por la técnica de grabación empleada, que es bonita y original. Además, el tipo parece la mar de simpático.
Ken Robinson: Changing Paradigms. Cambiando los Paradigmas de la Educación.
En este vídeo suyo podemos contemplar un análisis de la estructura educativa, de su evolución a lo largo de la historia, de los problemas que presenta en la actualidad y de una posible solución o conclusión.
Podremos no estar de acuerdo con alguna de sus observaciones y argumentos, pero creo que merece la pena verlo, por su contenido ilustrador y también por la técnica de grabación empleada, que es bonita y original. Además, el tipo parece la mar de simpático.
Ken Robinson: Changing Paradigms. Cambiando los Paradigmas de la Educación.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Sobre la suerte
Acontecimientos recientes han reforzado una serie de pensamientos que tenía respecto a la suerte, tanto buena como mala, y de cómo influye en la manera de percibir la vida para algunas personas.
Yo no creo en la suerte. Evidentemente no reniego de la existencia de dicho concepto, definido por la RAE como circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede, entre otras cosas. La suerte como término no es una cuestión de fe. Lo que no me gusta es que la gente lo utilice para argumentar o excusar dichos actos o sucesos de sus vidas. No creo que alguien pueda tener mala suerte crónica como si de una maldición se tratara, o buena suerte gracias a sus astros y sus ángeles. Las cosas suceden y punto. Existe el azar, existen las coincidencias, las casualidades, unas veces nos irán las cosas bien y otras mal, pero la actitud ante estas situaciones depende únicamente de nosotros mismos.
Voy a poner un bobo ejemplo de algo que me acaba de suceder.
El uno de noviembre, festivo, a las 9 de la mañana, la policía se presenta en mi casa para convocarme a participar como suplente de Presidente en una mesa electoral de mi barrio. Me acabo de empadronar aquí, tengo cientos de vecinos, me tocó participar en una mesa en las anteriores elecciones... ¿Qué probabilidades hay de que esto suceda? Yo creía que pocas, y sin embargo me citan de nuevo. Tengo que pegarme un buen madrugón el domingo de las elecciones, luego no puedo salir el sábado. Además ese fin de semana es el cumpleaños de David, y no se va a Burgos a celebrarlo con su familia por quedarse conmigo. Ya sabéis que acudir a la cita es obligatorio, tanto para titulares como para suplentes. Qué queréis que os diga. Yo creo que esto es tener MUY MALA suerte...
El veinte de noviembre, día de las elecciones, acudo a mi cita puntual, como buena ciudadana, a cumplir con mi obligación. Son las ocho. Apenas he dormido cuatro horas. En el colegio electoral andamos casi todos nerviosos, los primeros en llegar somos los suplentes, por supuesto, porque estamos deseando largarnos de allí. Van apareciendo los titulares y de repente la veo, es ella, mi presidenta, organizando la mesa como si llevara el cargo en la sangre. Qué alegría. Colaboramos un poco para dejar el lugar en orden, hacemos cuatro chistes, y a las nueve menos cuarto algunos suplentes abandonamos el lugar. Yo hago parada técnica en la pastelería y acudo a casa de mis padres a disfrutar de un fantástico desayuno. Después vuelvo a mi casa a pasar un tranquilo domingo junto a David. ¡Qué BUENA suerte tengo!
Sé que soy una afortunada porque mis amigos y conocidos no paran de repetírmelo. ¿Sólo has estado media hora? Ves, no era para tanto. ¡Qué suerte has tenido! Ya sabía yo que no te tocaría, ¡si es que nunca me haces caso! ¡Tanto agobiarse para nada!
Sin embargo la noche anterior yo me sentía bastante desafortunada. ¿Y si me llega a tocar? ¿Qué me habrían dicho esas personas? ¿Saben que si citan suplentes es porque cabe la posibilidad de que el titular no acuda?
La cuestión es que aquí tenemos una estupenda balanza, un suceso de mala suerte frente a otro de buena suerte. Mi manera de entender este caso es que todo depende de la actitud de cada uno. Por eso no existe la suerte. Me han sucedido una serie de cosas que podrán gustarme más o menos, podré afrontarlas con humor, con entusiasmo o con mala leche, pero son cosas que pasan. Porque a fin de cuentas, la vida es eso, cosas que nos pasan.
Nuestro ánimo influye demasiado en la percepción que tenemos de estos sucesos. Hay gente feliz por naturaleza, se adapta a lo que le toca y vive la vida con ilusión, se siente afortunada porque la vida tiene cosas maravillosas. Por desgracia, hay más personas angustiadas por naturaleza, que sufren mucho por cosas inevitables, y ellos mismos se colocan el estigma de desgraciados. Desde luego, cambiar de actitud en ese punto es muy difícil.
Evidentemente los problemas de cada uno son los más importantes del mundo, pase lo que pase a nuestro alrededor, y mal de muchos no es consuelo de nadie. Por eso, cada vez que nos pasa algo que no nos agrada, nos cuesta ver el lado positivo y nos sentimos desdichados. Creemos que tenemos MALA suerte. Sin embargo, cuando los problemas son de los demás, enseguida sabemos cómo solucionarlos, o cómo asumirlos de una manera menos terrible. Incluso podemos a llegar a pensar que los demás apenas tienen problemas, luego tienen BUENA suerte.
Y no me gusta.
Ale, me voy a comprar un cuponazo, porque puede que me haga millonaria, o puede que no.
Yo no creo en la suerte. Evidentemente no reniego de la existencia de dicho concepto, definido por la RAE como circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede, entre otras cosas. La suerte como término no es una cuestión de fe. Lo que no me gusta es que la gente lo utilice para argumentar o excusar dichos actos o sucesos de sus vidas. No creo que alguien pueda tener mala suerte crónica como si de una maldición se tratara, o buena suerte gracias a sus astros y sus ángeles. Las cosas suceden y punto. Existe el azar, existen las coincidencias, las casualidades, unas veces nos irán las cosas bien y otras mal, pero la actitud ante estas situaciones depende únicamente de nosotros mismos.
Voy a poner un bobo ejemplo de algo que me acaba de suceder.
El uno de noviembre, festivo, a las 9 de la mañana, la policía se presenta en mi casa para convocarme a participar como suplente de Presidente en una mesa electoral de mi barrio. Me acabo de empadronar aquí, tengo cientos de vecinos, me tocó participar en una mesa en las anteriores elecciones... ¿Qué probabilidades hay de que esto suceda? Yo creía que pocas, y sin embargo me citan de nuevo. Tengo que pegarme un buen madrugón el domingo de las elecciones, luego no puedo salir el sábado. Además ese fin de semana es el cumpleaños de David, y no se va a Burgos a celebrarlo con su familia por quedarse conmigo. Ya sabéis que acudir a la cita es obligatorio, tanto para titulares como para suplentes. Qué queréis que os diga. Yo creo que esto es tener MUY MALA suerte...
El veinte de noviembre, día de las elecciones, acudo a mi cita puntual, como buena ciudadana, a cumplir con mi obligación. Son las ocho. Apenas he dormido cuatro horas. En el colegio electoral andamos casi todos nerviosos, los primeros en llegar somos los suplentes, por supuesto, porque estamos deseando largarnos de allí. Van apareciendo los titulares y de repente la veo, es ella, mi presidenta, organizando la mesa como si llevara el cargo en la sangre. Qué alegría. Colaboramos un poco para dejar el lugar en orden, hacemos cuatro chistes, y a las nueve menos cuarto algunos suplentes abandonamos el lugar. Yo hago parada técnica en la pastelería y acudo a casa de mis padres a disfrutar de un fantástico desayuno. Después vuelvo a mi casa a pasar un tranquilo domingo junto a David. ¡Qué BUENA suerte tengo!
Sé que soy una afortunada porque mis amigos y conocidos no paran de repetírmelo. ¿Sólo has estado media hora? Ves, no era para tanto. ¡Qué suerte has tenido! Ya sabía yo que no te tocaría, ¡si es que nunca me haces caso! ¡Tanto agobiarse para nada!
Sin embargo la noche anterior yo me sentía bastante desafortunada. ¿Y si me llega a tocar? ¿Qué me habrían dicho esas personas? ¿Saben que si citan suplentes es porque cabe la posibilidad de que el titular no acuda?
La cuestión es que aquí tenemos una estupenda balanza, un suceso de mala suerte frente a otro de buena suerte. Mi manera de entender este caso es que todo depende de la actitud de cada uno. Por eso no existe la suerte. Me han sucedido una serie de cosas que podrán gustarme más o menos, podré afrontarlas con humor, con entusiasmo o con mala leche, pero son cosas que pasan. Porque a fin de cuentas, la vida es eso, cosas que nos pasan.
Nuestro ánimo influye demasiado en la percepción que tenemos de estos sucesos. Hay gente feliz por naturaleza, se adapta a lo que le toca y vive la vida con ilusión, se siente afortunada porque la vida tiene cosas maravillosas. Por desgracia, hay más personas angustiadas por naturaleza, que sufren mucho por cosas inevitables, y ellos mismos se colocan el estigma de desgraciados. Desde luego, cambiar de actitud en ese punto es muy difícil.
Evidentemente los problemas de cada uno son los más importantes del mundo, pase lo que pase a nuestro alrededor, y mal de muchos no es consuelo de nadie. Por eso, cada vez que nos pasa algo que no nos agrada, nos cuesta ver el lado positivo y nos sentimos desdichados. Creemos que tenemos MALA suerte. Sin embargo, cuando los problemas son de los demás, enseguida sabemos cómo solucionarlos, o cómo asumirlos de una manera menos terrible. Incluso podemos a llegar a pensar que los demás apenas tienen problemas, luego tienen BUENA suerte.
Y no me gusta.
Ale, me voy a comprar un cuponazo, porque puede que me haga millonaria, o puede que no.
viernes, 18 de noviembre de 2011
¡Felicidades Pequeño!
¡Muchas felicidades, nene! Espero que hayas disfrutado de tu semana de fiestas. Sé que este año no ha sido tan espectacular como otros, pero aún quedan regalos y sorpresas, y toda una vida por delante para celebrar cosas juntos.
Deseo que pases un bonito día. Te echo de menos. Dile a tu jefe que te deje salir antes, intenta ganártelo con esos pastelitos tan ricos mmm... jajaja. Bueno, yo aquí te espero, como todos los días, y a ver si hoy estrenamos juntos el Carcassonne.
A partir del año que viene, cumpliremos los años hacia atrás, ¿trato hecho? Te quiero mucho mi pequeño friki, y te querré siempre. ¡Un besico enorme!
Dice tu gato que miau miau, o sea, Feliz cumpleaños, ráscame la oreja.
Deseo que pases un bonito día. Te echo de menos. Dile a tu jefe que te deje salir antes, intenta ganártelo con esos pastelitos tan ricos mmm... jajaja. Bueno, yo aquí te espero, como todos los días, y a ver si hoy estrenamos juntos el Carcassonne.
A partir del año que viene, cumpliremos los años hacia atrás, ¿trato hecho? Te quiero mucho mi pequeño friki, y te querré siempre. ¡Un besico enorme!
Dice tu gato que miau miau, o sea, Feliz cumpleaños, ráscame la oreja.
Santa Isabel de Hungría
Ayer fue mi santo. De niña siempre lo celebrábamos con una fiesta y regalos, pero con los años el evento se ha moderado. Mi mamá me preparó una de mis comidas favoritas y hemos quedado para ir de compras la semana que viene. Anoche recordé que hace un tiempo escribí algo sobre el tema y me ha apetecido rescatarlo, por eso de que el saber no ocupa lugar. Es una bonita historia :-)
Santa Isabel de Hungría
17/11/07
Hoy se celebra el VIII aniversario del nacimiento de Santa Isabel, princesa de Hungría, hija del rey Andrés II y de Gertrudis de Andechs-Merano. Según la tradición húngara, nació en el castillo de Sárospatak, uno de los preferidos por la familia real, al norte de Hungría, en el año 1207.
Isabel, a los 15 años, fue dada en matrimonio por su padre, el Rey de Hungría, al príncipe Luis VI de Turingia. El matrimonio tuvo tres hijos. Se amaban tan intensamente que ella llegó a exclamar un día: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿cuánto más debiera amarte a Ti?". Su esposo aceptaba de buen modo las santas exageraciones de Isabel. Ella repartía a los pobres todo cuanto encontraba en su casa. Su esposo respondía a los que criticaban: "Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros".
Cuando apenas tenía veinte años y con su hijo menor recién nacido, su esposo, que era Cruzado, murió en un viaje a defender Tierra Santa. Isabel casi se desespera al oír la noticia, pero luego se resignó y aceptó la voluntad de Dios. Rechazó varias ofertas de matrimonio y decidió entonces vivir en la pobreza y dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados.
El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus tres hijos, desprovistos de toda ayuda material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora no tenía quién le diera para el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos. Finalmente algunos familiares la recibieron en su casa, y más tarde el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, y ayudó a muchas familias necesitadas.
Con tan solo 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.
Su vida ha sido entretejida de leyendas, fruto de la veneración, de la admiración y de la fantasía, que plasman facetas importantes de su personalidad. Entre muchas otras, me fascina la siguiente:
“No faltó quien acusó a la princesa ante su esposo de estar dilapidando los caudales públicos y dejando exhaustos los graneros y almacenes. Luis quería a su esposa con delirio, pero no pudo resistir el acoso de sus súbditos y les pidió una prueba de su acusación.
- Espera un poco - le dijeron - y verás salir a tu señora con el bolsillo lleno.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el príncipe para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio, cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
- ¿Qué llevas en la falda?
- Nada... son rosas - contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.”
Un besico enorme a mis papás.
Santa Isabel de Hungría
17/11/07
Hoy se celebra el VIII aniversario del nacimiento de Santa Isabel, princesa de Hungría, hija del rey Andrés II y de Gertrudis de Andechs-Merano. Según la tradición húngara, nació en el castillo de Sárospatak, uno de los preferidos por la familia real, al norte de Hungría, en el año 1207.
Isabel, a los 15 años, fue dada en matrimonio por su padre, el Rey de Hungría, al príncipe Luis VI de Turingia. El matrimonio tuvo tres hijos. Se amaban tan intensamente que ella llegó a exclamar un día: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿cuánto más debiera amarte a Ti?". Su esposo aceptaba de buen modo las santas exageraciones de Isabel. Ella repartía a los pobres todo cuanto encontraba en su casa. Su esposo respondía a los que criticaban: "Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros".
Cuando apenas tenía veinte años y con su hijo menor recién nacido, su esposo, que era Cruzado, murió en un viaje a defender Tierra Santa. Isabel casi se desespera al oír la noticia, pero luego se resignó y aceptó la voluntad de Dios. Rechazó varias ofertas de matrimonio y decidió entonces vivir en la pobreza y dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados.
El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus tres hijos, desprovistos de toda ayuda material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora no tenía quién le diera para el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos. Finalmente algunos familiares la recibieron en su casa, y más tarde el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, y ayudó a muchas familias necesitadas.
Con tan solo 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.
Su vida ha sido entretejida de leyendas, fruto de la veneración, de la admiración y de la fantasía, que plasman facetas importantes de su personalidad. Entre muchas otras, me fascina la siguiente:
“No faltó quien acusó a la princesa ante su esposo de estar dilapidando los caudales públicos y dejando exhaustos los graneros y almacenes. Luis quería a su esposa con delirio, pero no pudo resistir el acoso de sus súbditos y les pidió una prueba de su acusación.
- Espera un poco - le dijeron - y verás salir a tu señora con el bolsillo lleno.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el príncipe para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio, cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
- ¿Qué llevas en la falda?
- Nada... son rosas - contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.”
Un besico enorme a mis papás.
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jueves, 6 de octubre de 2011
Encontrad lo que amáis
Esta mañana nos hemos despertado con la triste noticia que que Steve Jobs ha fallecido. Muchos son los que afirman que este hombre, un visionario de las nuevas tecnologías, un soñador, ha cambiado sus vidas. No es mi caso, mi vida la han ido modelando muchas personas de mi entorno que me quieren y me cuidan, pero sí es cierto que encuentro sus discursos muy inspiradores, transmiten confianza y ternura, y cada uno puede hacer su particular lectura de dichas palabras, ya que no sólo son aplicables a emprendedores, ejecutivos, diseñadores o genios, sino también a los momentos más íntimos y personales de la vida de cada uno.
No hace falta que os dé más datos sobre su vida que ya todos conocéis. Tan sólo os dejo aquí algunas de sus bonitas palabras y el famoso vídeo del discurso dirigido a los estudiantes de Stanford. Estoy segura de que todos lo habéis visto ya en alguna ocasión, pero también sé que se va a convertir en un referente para nuestra sociedad como ideal de lucha, superación, ambición y búsqueda de la felicidad en las pequeñas cosas de la vida, por desgracia, tan corta.
Sé que David estará bastante afectado. Lo siento mucho, nene.
Nacemos, vivimos un breve instante y morimos. Es algo que lleva sucediendo mucho tiempo. Y la tecnología no ha cambiado mucho eso, si es que acaso lo ha hecho.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso, todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.
No hace falta que os dé más datos sobre su vida que ya todos conocéis. Tan sólo os dejo aquí algunas de sus bonitas palabras y el famoso vídeo del discurso dirigido a los estudiantes de Stanford. Estoy segura de que todos lo habéis visto ya en alguna ocasión, pero también sé que se va a convertir en un referente para nuestra sociedad como ideal de lucha, superación, ambición y búsqueda de la felicidad en las pequeñas cosas de la vida, por desgracia, tan corta.
Sé que David estará bastante afectado. Lo siento mucho, nene.
Nacemos, vivimos un breve instante y morimos. Es algo que lleva sucediendo mucho tiempo. Y la tecnología no ha cambiado mucho eso, si es que acaso lo ha hecho.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso, todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.
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miércoles, 5 de octubre de 2011
Sobre las Fiestas del Pilar
Estos días de reencuentros, recuerdos, de nuevas experiencias, calurosos todavía pero con tintes otoñales, me están haciendo sentir extraña. Me invade la nostalgia, propia de esta estación, al abrir el baúl dónde guardo los retales de una infancia feliz, calurosa, llena de sueños y de cariño. Ver a los pequeños correteando por el patio, ajenos al extraño mundo que acecha fuera de los gruesos muros, me proporciona mucha paz. Cuando piso el colegio tengo ganas de sonreír, de correr con los nenes, de achucharlos, pero no lo hago, no vaya a ser que los asuste o me denuncien por acoso :-)
Mientras tanto, Zaragoza se viste de gala. Sus fiestas en honor a la Virgen del Pilar están a punto de comenzar. Llevo 10 años disfrutando las fiestas de pasada, así que este año toca vivirlas a lo grande. Ofrendas de flores, ferias, globos, algodón de azúcar, conciertos, copas con los amigos, comidas familiares y muchas risas. Y un cachirulo.
Hablando de las fiestas, hablando de nostalgia... Aquí os dejo un vídeo de los Pilares del 83. Atención a los peinados e indumentaria de la época. Mis primos, mi hermano y yo ataviados con el traje regional somos el centro de atención. Yo apenas tenía un año y lo más importante de mi mundo parece ser una barriguita. La obsesión de mi hermano Jorge es explotar o dejar en libertad el globo de mi primo Luis, en otras palabras, amargarle el día. Mi prima Marta corretea entre los adultos intentando poner orden, mientras la tía Antonia regaña a Jorge, y las abuelas posan para la cámara que sostiene mi padre. Menos mal que mi mamá, con su moderno chaleco de peluche, me rescata de esa locura y me lleva aparte para que me eche mi siesta.
Espero que os haya gustado. Ahora es cuando yo me pregunto por qué demonios ver este vídeo me pone triste.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Sobre los lunes al sol
Si todo sale según lo planeado, este será mi último Lunes al Sol en mucho tiempo. Si no tenemos en cuenta los cursos y otro tipo de obligaciones que me han ido surgiendo durante este año, la cifra de lunes asciende a la friolera de 64, lunes arriba, lunes abajo, esto es, 15 meses en paro. Y sin cobrar prestación.
Hace meses, cuando pensaba en los datos del párrafo anterior sentía vergüenza. Todo ese tiempo sin cobrar, sin cotizar, dependiendo de la gente que me quiere para salir adelante, viviendo otra vez del dinero de mis padres. Horas y horas en casa, "sin hacer nada" a ojos de los demás, teniendo que aguantar comentarios del estilo de "qué suerte tienes que no madrugas" o "qué envidia me da todo el tiempo libre del que disfrutas".
Pero ya estoy harta. Ni es suerte, ni lo disfruto. No os podéis ni imaginar lo dañino que resulta vivir siempre a la espera de la llamada, del acontecimiento, del anuncio. Siempre dependiendo de alguien. Siempre sintiendo que te observan y que te juzgan. Sufriendo por pensar que cada decisión que tomas es la más importante de tu vida, y que cada error puede resultar muy caro, o irreparable. Por no hablar de los comentarios de la gente. Seguro que la inmensa mayoría lo hace sin maldad, pero desde luego también sin empatía. Y resulta demasiado cansino. Si no eres fuerte, puedes acabar pensando que todo el mundo tiene la respuesta correcta, la decisión perfecta, la idea del año. Todo el mundo menos tú, claro. Y no es así.
Sesenta y pico lunes al sol. Y la culpa no es mía. No me gusta utilizar expresiones como "los de siempre", "los de arriba" o "la culpa de todo la tiene la crisis". Porque sabéis perfectamente a qué me refiero. No me da la gana aferrarme a la culpabilidad, no me creo todo lo que cuentan en la tele. Los anuncios con ofertas de trabajo piden imposibles a cambio de limosnas. Pretenden hacernos creer que no estamos preparados, que siempre va a haber alguien con más diplomas que nos lo va a quitar todo, o con menos dignidad que es capaz de cualquier cosa. No podemos contagiarnos de pesimismo con esas ideas absurdas, porque nosotros podemos con todo lo que nos pongan delante. Y con más.
Lo llevo hablando desde hace meses con gente de confianza, a la que quiero y agradezco mucho su apoyo. Ha llegado la hora de reinventarnos, de sacar lo mejor de nosotros, de echarle morro a la vida, de pisar con fuerza. Después de muchos años de estudios y cursos, de prácticas, de trabajos de lo más variopinto... resulta que he encontrado un trabajo que me fascina y estoy segura de que me va a hacer feliz. No son muchas horas, pero por algo se empieza. Ahora mismo estoy nerviosa con los preparativos, quiero que todo salga perfecto desde el primer día. También estoy impaciente, no sólo tengo ganas de empezar, sino también de que se convierta en rutinario. Quiero ser feliz cada día, quiero una vida tranquila con mis obligaciones, con mis ratos libres y con mi gente. Quiero salir adelante con la cabeza bien alta.
Cuando se vaya acercando la fecha os daré más detalles, que no quiero que nada se chafe ;-)
A los que habéis estado ahí todo este tiempo: GRACIAS por todo, os quiero mucho, no sé qué haría sin vosotros. Seguid ahí, porfa.
Hace meses, cuando pensaba en los datos del párrafo anterior sentía vergüenza. Todo ese tiempo sin cobrar, sin cotizar, dependiendo de la gente que me quiere para salir adelante, viviendo otra vez del dinero de mis padres. Horas y horas en casa, "sin hacer nada" a ojos de los demás, teniendo que aguantar comentarios del estilo de "qué suerte tienes que no madrugas" o "qué envidia me da todo el tiempo libre del que disfrutas".
Pero ya estoy harta. Ni es suerte, ni lo disfruto. No os podéis ni imaginar lo dañino que resulta vivir siempre a la espera de la llamada, del acontecimiento, del anuncio. Siempre dependiendo de alguien. Siempre sintiendo que te observan y que te juzgan. Sufriendo por pensar que cada decisión que tomas es la más importante de tu vida, y que cada error puede resultar muy caro, o irreparable. Por no hablar de los comentarios de la gente. Seguro que la inmensa mayoría lo hace sin maldad, pero desde luego también sin empatía. Y resulta demasiado cansino. Si no eres fuerte, puedes acabar pensando que todo el mundo tiene la respuesta correcta, la decisión perfecta, la idea del año. Todo el mundo menos tú, claro. Y no es así.
Sesenta y pico lunes al sol. Y la culpa no es mía. No me gusta utilizar expresiones como "los de siempre", "los de arriba" o "la culpa de todo la tiene la crisis". Porque sabéis perfectamente a qué me refiero. No me da la gana aferrarme a la culpabilidad, no me creo todo lo que cuentan en la tele. Los anuncios con ofertas de trabajo piden imposibles a cambio de limosnas. Pretenden hacernos creer que no estamos preparados, que siempre va a haber alguien con más diplomas que nos lo va a quitar todo, o con menos dignidad que es capaz de cualquier cosa. No podemos contagiarnos de pesimismo con esas ideas absurdas, porque nosotros podemos con todo lo que nos pongan delante. Y con más.
Lo llevo hablando desde hace meses con gente de confianza, a la que quiero y agradezco mucho su apoyo. Ha llegado la hora de reinventarnos, de sacar lo mejor de nosotros, de echarle morro a la vida, de pisar con fuerza. Después de muchos años de estudios y cursos, de prácticas, de trabajos de lo más variopinto... resulta que he encontrado un trabajo que me fascina y estoy segura de que me va a hacer feliz. No son muchas horas, pero por algo se empieza. Ahora mismo estoy nerviosa con los preparativos, quiero que todo salga perfecto desde el primer día. También estoy impaciente, no sólo tengo ganas de empezar, sino también de que se convierta en rutinario. Quiero ser feliz cada día, quiero una vida tranquila con mis obligaciones, con mis ratos libres y con mi gente. Quiero salir adelante con la cabeza bien alta.
Cuando se vaya acercando la fecha os daré más detalles, que no quiero que nada se chafe ;-)
A los que habéis estado ahí todo este tiempo: GRACIAS por todo, os quiero mucho, no sé qué haría sin vosotros. Seguid ahí, porfa.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Sobre el otoño
Mi estación favorita del año es el verano. Le ocurre a mucha gente. Supongo que tiene relación con haber disfrutado durante la infancia de unos veraneos maravillosos e inolvidables. No es que no me hiciera ilusión la vuelta al cole: volver a ver a los amigos, estrenar cuadernos, todas esas cosas. Suele ser una época llena de novedades y sorpresas, pero también es la antesala del crudo invierno. Por mucho que traten de convencerme, el invierno poco tiene de positivo. Salvo para los que viven en algún país caribeño, supongo.
El verano es fascinante porque todo brilla más. Los días son largos, la ropa es escasa y nosotros somos más libres, más salvajes. En verano todo está bien. Los bosques, la arena de la playa, el sol coloreando nuestra piel, las terrazas, los helados... Los problemas se quedan aparcados, pequeñitos, camuflados por las buenas sensaciones de todo lo que nos rodea. Si algo te inquieta, te tiras al agua y se lo llevan las olas.
Ayer el verano nos dijo hasta pronto. Y este año he decidido no ponerme triste por su marcha, ni dejarme contagiar por la nostalgia del otoño. Va a ser un buen curso. Tengo planes, proyectos pequeñitos y mucha ilusión. Las malas rachas no duran para siempre. Espero que todos sintáis lo mismo que yo. Ya nos lo dicen los del Ikea, está todo mal, y por eso mismo, vamos a montar una fiesta :-)
martes, 20 de septiembre de 2011
Sobre Punta Escarlata (II)
Después de casi dos años esperando, la serie en la que estuve trabajando se ha emitido y además ha sido todo un éxito de audiencia. Aunque me he desmarcado voluntariamente de ese mundillo viniendo a Zaragoza, ha sido toda una experiencia poder compartir la serie con todos vosotros. Sobre todo porque después de haberla anunciado a los cuatro vientos, se quedó aparcada en el olvido, y el gran evento perdió toda su fuerza. Al principio la gente me preguntaba entusiasmada, pero lógicamente todo el mundo se fue olvidando del asunto, hasta yo misma di el caso por perdido.
El objetivo de los que trabajamos en el mundo audiovisual es entretener a la gente, darles productos, películas, contenidos que les resulten amenos y divertidos, que les enganchen semana tras semana a la pantalla. No sólo requiere mucho esfuerzo, ya que los rodajes son duros. También ponemos toda nuestra ilusión en lo que estamos haciendo, y la mejor recompensa es ver que a la gente le gusta lo que le enseñas, que disfruta con tus historias.
Después de varios años dedicados a estudiar cine, a grabar decenas de cortos, a trabajar duro por un sueño, por fin he podido ver mi nombre a lo grande. Como comprenderéis, con los cortos no es lo mismo, sólo se proyectan en pequeñas salas o bares (eso con suerte) pero en la mayoría de los casos lo más lejos que llegan es a ser proyectados en el salón de tu casa.
Con vuestro permiso, voy a dedicarme un momento de egocentrismo. No es mi estilo presumir, pero en esta ocasión, creo que me lo merezco. Para todos aquellos que siguieron la serie, o tienen pensado verla, aquí os dejo una captura de los créditos que, por cierto, pasan a toda castaña. Cortesía de un par de fans incondicionales que me aprecian muchísimo y todavía no entiendo por qué ;-)
Han sido dos meses fantásticos en los que me he sentido realmente importante. En Twitter, la serie llegó a ser Tema del Momento, muchos seguidores de la serie admiraban nuestro trabajo y para mi fue un subidón de autoestima. También agradezco mucho los mensajes y las conversaciones entre cañas con amigos intentando sonsacarme detalles, preguntándome curiosidades de los actores o del rodaje, haciendo apuestas por ver quién sería el asesino... Gracias a todos.
Después de unos cuantos años trabajando (muy pocos según la Tesorería) he sentido que el esfuerzo ha merecido la pena, que he recibido mi recompensa.
martes, 28 de junio de 2011
Sobre la dignidad
Platón se alejó del sendero y se adentró en el frondoso bosque. Buscó la sombra de un inmenso roble de hojas doradas y se acomodó a sus pies, apoyando la espalda contra las raíces del árbol. Arrancó una pajita del suelo y comenzó a juguetear con ella distraído. Los discípulos, que le seguían de cerca, se reunieron en torno a su maestro y se fueron arrodillando formando un semicírculo. El más joven de todos, de ojos vivarachos y preciosos rizos caoba, le miraba con curiosidad. También era el más osado, así que se aventuró a romper el silencio.
- Maestro, ¿cuál es esa gran verdad que tan celosamente guardas?
Platón le sostuvo la mirada sin mover ni un músculo de su curtido semblante. Tras un instante que pareció una década, y después de estudiar los rostros de sus discípulos, les dijo con voz solemne:
- Debéis saber, alumnos míos, que la prenda de vuestra talla no es la que os entra, sino la que os sienta bien.
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Si a lo largo de nuestra vida todos leyéramos más a los grandes pensadores seguramente no nos encontraríamos tan a menudo con esas atrocidades estéticas, horripilantes muestras de mal gusto tan propias de esta época del año.
- Maestro, ¿cuál es esa gran verdad que tan celosamente guardas?
Platón le sostuvo la mirada sin mover ni un músculo de su curtido semblante. Tras un instante que pareció una década, y después de estudiar los rostros de sus discípulos, les dijo con voz solemne:
- Debéis saber, alumnos míos, que la prenda de vuestra talla no es la que os entra, sino la que os sienta bien.
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Si a lo largo de nuestra vida todos leyéramos más a los grandes pensadores seguramente no nos encontraríamos tan a menudo con esas atrocidades estéticas, horripilantes muestras de mal gusto tan propias de esta época del año.
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