Anteayer, un precioso y soleado día de primavera y además festivo, David y yo volvíamos de casa de mis padres de disfrutar de una deliciosa comida cuando nos encontramos con un nuevo vecinito al cruzar la pasarela. Parece ser que nuestro querido gato tricolor ha sido papá. ¡La familia crece! Por suerte, la gente de nuestro barrio adora a los animales y estos gatitos disfrutan de unos grandes almuerzos de reyes. En agradecimiento suelen posar para las fotos e incluso algunos se dejan acariciar. Estos pequeños mininos decoran la ribera del río, nos hacen sonreír con sus juegos y nos deleitan con sus agudas serenatas nocturnas. Adoro mi barrio.
La gran atracción de la tarde fue la nueva familia de patitos que deambulaba por las aceras sin saber muy bien para dónde tirar. Una vecina con su chaquetón impedía que saltaran todos a la calzada, ya que tienen la manía de cruzar sin mirar y en una de estas se los podía llevar un coche por delante. Junto con la vecina conseguimos escoltarlos hasta la acera de enfrente.
Ellos solitos se las ingeniaron para saltar la valla y acceder a la zona del río y, la madre, en su afán por alcanzar el agua, se despeñó ladera abajo y los patitos, ni cortos ni perezosos, saltaron tras ella, como los lemmings, sin mirar atrás. ¡Vaya susto! ¡Parecía un suicidio colectivo! Por suerte, como señaló David, los patitos recién nacidos son como de goma. Los veíamos botar por la pendiente -poing, poing- sin parar de graznar -cuá, cuá-, muy salvaje todo. Ya en el agua, se pusieron a nadar contra corriente, exhaustos. Y poco a poco fueron acomodándose en la orilla. Por fin en tierra firme.
Solo tengo una pequeña grabación del encuentro con los patos. El resto de la historia la estábamos viviendo intensamente y no caí en grabarla. Mi favorito es ese que siempre se queda el último...
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sábado, 3 de mayo de 2014
Sobre la vida salvaje
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viernes, 18 de noviembre de 2011
Santa Isabel de Hungría
Ayer fue mi santo. De niña siempre lo celebrábamos con una fiesta y regalos, pero con los años el evento se ha moderado. Mi mamá me preparó una de mis comidas favoritas y hemos quedado para ir de compras la semana que viene. Anoche recordé que hace un tiempo escribí algo sobre el tema y me ha apetecido rescatarlo, por eso de que el saber no ocupa lugar. Es una bonita historia :-)
Santa Isabel de Hungría
17/11/07
Hoy se celebra el VIII aniversario del nacimiento de Santa Isabel, princesa de Hungría, hija del rey Andrés II y de Gertrudis de Andechs-Merano. Según la tradición húngara, nació en el castillo de Sárospatak, uno de los preferidos por la familia real, al norte de Hungría, en el año 1207.
Isabel, a los 15 años, fue dada en matrimonio por su padre, el Rey de Hungría, al príncipe Luis VI de Turingia. El matrimonio tuvo tres hijos. Se amaban tan intensamente que ella llegó a exclamar un día: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿cuánto más debiera amarte a Ti?". Su esposo aceptaba de buen modo las santas exageraciones de Isabel. Ella repartía a los pobres todo cuanto encontraba en su casa. Su esposo respondía a los que criticaban: "Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros".
Cuando apenas tenía veinte años y con su hijo menor recién nacido, su esposo, que era Cruzado, murió en un viaje a defender Tierra Santa. Isabel casi se desespera al oír la noticia, pero luego se resignó y aceptó la voluntad de Dios. Rechazó varias ofertas de matrimonio y decidió entonces vivir en la pobreza y dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados.
El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus tres hijos, desprovistos de toda ayuda material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora no tenía quién le diera para el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos. Finalmente algunos familiares la recibieron en su casa, y más tarde el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, y ayudó a muchas familias necesitadas.
Con tan solo 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.
Su vida ha sido entretejida de leyendas, fruto de la veneración, de la admiración y de la fantasía, que plasman facetas importantes de su personalidad. Entre muchas otras, me fascina la siguiente:
“No faltó quien acusó a la princesa ante su esposo de estar dilapidando los caudales públicos y dejando exhaustos los graneros y almacenes. Luis quería a su esposa con delirio, pero no pudo resistir el acoso de sus súbditos y les pidió una prueba de su acusación.
- Espera un poco - le dijeron - y verás salir a tu señora con el bolsillo lleno.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el príncipe para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio, cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
- ¿Qué llevas en la falda?
- Nada... son rosas - contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.”
Un besico enorme a mis papás.
Santa Isabel de Hungría
17/11/07
Hoy se celebra el VIII aniversario del nacimiento de Santa Isabel, princesa de Hungría, hija del rey Andrés II y de Gertrudis de Andechs-Merano. Según la tradición húngara, nació en el castillo de Sárospatak, uno de los preferidos por la familia real, al norte de Hungría, en el año 1207.
Isabel, a los 15 años, fue dada en matrimonio por su padre, el Rey de Hungría, al príncipe Luis VI de Turingia. El matrimonio tuvo tres hijos. Se amaban tan intensamente que ella llegó a exclamar un día: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿cuánto más debiera amarte a Ti?". Su esposo aceptaba de buen modo las santas exageraciones de Isabel. Ella repartía a los pobres todo cuanto encontraba en su casa. Su esposo respondía a los que criticaban: "Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros".
Cuando apenas tenía veinte años y con su hijo menor recién nacido, su esposo, que era Cruzado, murió en un viaje a defender Tierra Santa. Isabel casi se desespera al oír la noticia, pero luego se resignó y aceptó la voluntad de Dios. Rechazó varias ofertas de matrimonio y decidió entonces vivir en la pobreza y dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados.
El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus tres hijos, desprovistos de toda ayuda material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora no tenía quién le diera para el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos. Finalmente algunos familiares la recibieron en su casa, y más tarde el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, y ayudó a muchas familias necesitadas.
Con tan solo 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.
Su vida ha sido entretejida de leyendas, fruto de la veneración, de la admiración y de la fantasía, que plasman facetas importantes de su personalidad. Entre muchas otras, me fascina la siguiente:
“No faltó quien acusó a la princesa ante su esposo de estar dilapidando los caudales públicos y dejando exhaustos los graneros y almacenes. Luis quería a su esposa con delirio, pero no pudo resistir el acoso de sus súbditos y les pidió una prueba de su acusación.
- Espera un poco - le dijeron - y verás salir a tu señora con el bolsillo lleno.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el príncipe para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio, cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
- ¿Qué llevas en la falda?
- Nada... son rosas - contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.”
Un besico enorme a mis papás.
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jueves, 17 de junio de 2010
Una mañana cualquiera
Atención señoras, ha llegado el tapicero. Tapizamos todo tipo de sofás, sillas, sillones, tresillos, mecedoras, descalzadoras... le ofrecemos presupuesto sin compromiso con precios directos de fábrica. Nuestros trabajos son de máxima calidad a un precio sin competencia. Tapizamos en cuero, piel, skay, terciopelo...
Me encanta ser ama de casa. Sobre todo en este barrio. Por cierto ¿todavía hay gente que tiene descalzadoras en sus casas?
Me encanta ser ama de casa. Sobre todo en este barrio. Por cierto ¿todavía hay gente que tiene descalzadoras en sus casas?
jueves, 8 de abril de 2010
Sobre la muerte
El otro día, al salir de mi nuevo trabajo, coincidí con una compañera a la que aún no conocía. Es una mujer de unos 40 años, rumana, muy simpática. Por ser agradable con ella, y también porque es cierto, le dije que tenía muchas ganas de visitar Rumanía, que tenía que ser un país precioso. Haciendo alarde de mi analfabetez, no fui capaz de decirle más de tres lugares emblemáticos de su bello país. Qué bochorno. Pero ella no se ofendió. Al contrario. Con una sonrisa sincera, me estuvo ilustrando un poco, más o menos lo que duran tres paradas de autobús.
Me comentó que si viajaba a Rumanía, no podía dejar de visitar el Cementerio Alegre. "¿El cementerio alegre? ¡Vaya sentido del humor que os gastáis los rumanos!" Parece ser que no sólo es un cementerio precioso y original, sino que además se practican ritos de celebración de la muerte. Cuando muere el abuelo y lo van a enterrar, todos brindan en su honor y por su eterno descanso con alegría y esperanza. "¡Viva! ¡Ya no sufrirá más con su artrosis! ¡Bien! ¡Ya no tendrá que pagar más facturas ni se verá obligado a soportar al gorrón de su cuñado! ¡Qué suerte tiene el cabrón, ya no tendrá que aguantar sobre sus hombros el peso de las penurias del resto de los mortales! ¡Ala, descansa en paz! ¡Hasta pronto!"
Por lo visto, en las lápidas y tumbas hay dibujos y epitafios de lo más curiosos. Mi compañera me recitó alguno: "Aquí yace mi suegra. Ten cuidado y pisa con suavidad... no la vayas a despertar". Supongo que me estaba tomando el pelo...
Aunque soy una llorona, en el fondo de mi ser siempre he creído que nada en el mundo es tan grave como para amargarse la existencia, y que todo tiene solución, salvo la muerte. A los muertos hay que llorarlos, porque los hemos querido mucho y porque ya nunca estarán aquí. Lo demás no es importante. Y para algunos rumanos ni eso.
La vida es algo muy hermoso. Así que desataros por un momento el lastre de vuestros problemas y descubrid la mañana. Que hoy ha salido el sol.
Me comentó que si viajaba a Rumanía, no podía dejar de visitar el Cementerio Alegre. "¿El cementerio alegre? ¡Vaya sentido del humor que os gastáis los rumanos!" Parece ser que no sólo es un cementerio precioso y original, sino que además se practican ritos de celebración de la muerte. Cuando muere el abuelo y lo van a enterrar, todos brindan en su honor y por su eterno descanso con alegría y esperanza. "¡Viva! ¡Ya no sufrirá más con su artrosis! ¡Bien! ¡Ya no tendrá que pagar más facturas ni se verá obligado a soportar al gorrón de su cuñado! ¡Qué suerte tiene el cabrón, ya no tendrá que aguantar sobre sus hombros el peso de las penurias del resto de los mortales! ¡Ala, descansa en paz! ¡Hasta pronto!"
Por lo visto, en las lápidas y tumbas hay dibujos y epitafios de lo más curiosos. Mi compañera me recitó alguno: "Aquí yace mi suegra. Ten cuidado y pisa con suavidad... no la vayas a despertar". Supongo que me estaba tomando el pelo...
Aunque soy una llorona, en el fondo de mi ser siempre he creído que nada en el mundo es tan grave como para amargarse la existencia, y que todo tiene solución, salvo la muerte. A los muertos hay que llorarlos, porque los hemos querido mucho y porque ya nunca estarán aquí. Lo demás no es importante. Y para algunos rumanos ni eso.
La vida es algo muy hermoso. Así que desataros por un momento el lastre de vuestros problemas y descubrid la mañana. Que hoy ha salido el sol.
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domingo, 6 de diciembre de 2009
Memorable
El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas. A veces les salen alacranes o escolopendras, gruesos gusanos blancos o crisálidas a punto, pero no es imposible que, al menos una vez, aparezca un elefante...
El viaje del elefante, de José Saramago
El viaje del elefante, de José Saramago
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