miércoles, 23 de marzo de 2016

Sobre la crisis de los Refugiados

Cada día, al apagar el televisor o cerrar Twitter, después del bombardeo de noticias internacionales, no puedo evitar sentirme como una mierda. Veo a hombres y mujeres cargando con sus críos, atravesando el mar, durmiendo en el barro. Los veo pasar hambre, frío, mucho miedo. También tristeza, pues han dejado atrás su tierra y a muchos muertos. MUERTOS, que parece que no nos queremos enterar. No tienen un hogar al que volver, solo escombros y recuerdos.


Esta mañana ha salido el primer grupo de deportados de Grecia a Turquía. Después de haber emprendido un terrible viaje para huir de los horrores de la guerra que les está costando salud, alma y vidas, se han encontrado con muros, vallas con pinchos y, en el peor de los casos, tiroteos. Y todo para nada, pues ya los están mandando de vuelta. Aquí no los quieren. Esta es la Europa civilizada y moderna en la que vivimos, que trata a estas personas como despojos, o como mercancía para usar en su politiqueo de mierda. Los que toman estas decisiones, así como los que las apoyan, son unos miserables. La crisis de los refugiados es realmente una crisis de Derechos Humanos.

Cada vez que veo estas imágenes se me parte el alma. Y cada vez que pienso que podrían ser Olivia y David los de la fotos, me muero un poco.




Después de observar desde la distancia semejante espanto, contemplo a mi pequeña, a la que quiero con toda mi alma, que juega con un tarro de yogur vacío y una cinta de pelo. Es tan feliz... Y sin embargo, cada vez que recojo el salón o su cuarto me azota la rabia y me siento culpable. ¿Cómo puede ser que unos tengamos tanto y otros tan poco? Olivia, que pronto cumplirá su primer año, posee tanta ropa que no le da tiempo a ponérsela toda, y atesora tantos juguetes que a algunos apenas los mira. De otros enseguida se aburre y los tira lejos. Parece que todo le sobra. Menos los abrazos, esos los pide y los da a todas horas.

Por supuesto que no quiero que a mi hija le falte de nada. Doy gracias a la vida que tengo, porque puedo alimentarla, vestirla y mimarla, y doy gracias también a todas las personas que son tan generosas con ella, pero tampoco quiero que les falte de nada a los otros críos, coño. Mientras Olivia vive feliz en su ignorancia, estos niños gatean asustados bajo las alambradas, juegan entre escombros y duermen sobre basura. No hay derecho. Es inhumano. Es tanta la impotencia que me entran ganas de llorar y gritar.








En cuanto Olivia tenga uso de razón, pienso enseñarle estas fotos y explicarle quiénes son estas personas. Os invito a que hagáis lo mismo. En las manos de nuestros niños está el futuro de nuestro mundo. Ellos son nuestra esperanza.

También os invito a que firméis este Manifiesto de Amnistía Internacional y a que compartáis toda la información de ONGs que pueda ser de ayuda. Es importante que todos aportemos lo que podamos, por poco que sea.

Fuentes de las fotos:

Derek Gatopoulos
Rober Astorgano
Petros Giannakouris
Aris Messinis
Miguel A. Rodríguez

martes, 1 de marzo de 2016

Doctorado: trabajo de campo

Desde hace unos meses me encuentro inmersa en una de las fases más bonitas del Doctorado, que es el trabajo de campo. A lo largo de este curso lectivo me dedico a ir a coles, institutos y ludotecas para conocer a estudiantes y preguntarles sobre sus gustos, intereses, creencias y aspiraciones, y también para charlar sobre lecturas, sobre príncipes y princesas, sobre los sueños, sobre la vida. Es fascinante poder compartir estos ratos con ellos y conocer sus historias y sus planteamientos que, en numerosas ocasiones, me dejan con la boca abierta. Y me consta que ellos disfrutan, pues les gusta expresarse y ser escuchados.

Durante la preparación de la tesina (TFM), que fue un trabajo de características similares al que estoy llevando a cabo ahora pero a menor escala, también tuve la oportunidad de acudir a centros para hablar con adolescentes y me apetece mucho compartir la experiencia. Me brindaron su ayuda respondiendo cuestionarios, redactando cuentos y reflexiones personales, ilustrando sus escritos, comentando lecturas, etc. Una de las actividades más enriquecedoras que llevamos a cabo fue un debate cuyo interés se centraba en las diferencias significativas que ellos percibían entre los chicos y las chicas.

La mecha para encender los debates fue un par de fotos de juguetes LEGO, uno de los años 80 y otro de la actualidad. Las diferencias entre ellas son abismales.




En la primera foto podemos ver a una niña con un atuendo que bien podría ser el de un niño, muy natural en su aspecto y en su gesto, sosteniendo una construcción de LEGO que ella misma ha hecho (En una entrevista que le hicieron años después, la niña del anuncio comenta que tanto la ropa como la construcción son suyas, en una época en la que la publicidad no era tan artificiosa como ahora). Se trata de un juguete multicolor, con infinitas posibilidades de entretenimiento, que estimula la creatividad y la imaginación y que resulta igualmente atractivo tanto para chicos como para chicas. No manifiesta estereotipos de ningún tipo y su lema What it is, is beautiful (Lo que sea, es hermoso) es claro y directo. En la segunda foto, encontramos un juguete de la colección de LEGO Friends, una caravana en un ambiente campestre, repleta de accesorios y con dos muñecas (Olivia y Nicole). Los colores predominantes son el rosa y el morado y, aunque el juguete está empaquetado con sus piezas sueltas, sólo hay una manera correcta de montarlo, que viene indicada en las instrucciones. A pesar de todas las posibilidades de juego que presenta esta caravana, ya que las historias y aventuras que se pueden inventar con las muñecas son muy numerosas, es cierto que deja poco espacio a la imaginación, ya que el juguete en sí no puede ser cualquier cosa. Es y siempre será una caravana. Además, las connotaciones de género que tiene el juguete son innegables. Es para niñas, de eso no hay duda.

Al contrastar las fotos, todos los adolescentes, por unanimidad, afirmaron que el primer juguete era unisex y el segundo sólo para niñas. Al preguntarles el por qué, indicaron que se debía a los colores. De hecho, algún chico comentó que, en las tiendas de juguetes, la diferenciación está muy clara: a un lado del pasillo están las estanterías llenas de juguetes rosas (princesas, peluches, bebés, maquillaje y joyas) y enfrente están los juguetes azules (coches, soldados, balones y armas). Ante esta afirmación, consideré la posibilidad de preguntarles si creían que la oferta en las tiendas de juguetes está condicionada por los gustos y demandas de los niños y niñas o si la cultura de consumo es capaz de condicionar nuestros gustos, crearnos necesidades y hacernos desear sus productos, pero rápidamente el diálogo se desvió hacia el tema de los colores y lo dejé fluir. Es un aspecto que me gustaría comentar con los adolescentes en otra ocasión y escribiré sobre ello en los próximos días.

Al tratar de indagar más en sus opiniones sobre la dualidad cromática rosa-azul, les pregunté lo siguiente: “si a un bebé de pocas semanas de edad le ofrecemos dos pelotas, una azul y una rosa, ¿elegirá la azul si es un niño y la rosa si es una niña?”. Curiosamente las respuestas fueron de lo más variadas. Tras convencerse unos a otros de que al bebé le da lo mismo el color de la pelota, algunos alumnos afirmaron que las preferencias por unos colores u otros son algo cultural. Las afirmaciones más rotundas fueron: “la culpa es de la sociedad” y “la culpa de todo la tienen los padres, por vestir con esos colores a sus bebés”. Algunos de ellos fueron conscientes por vez primera de que la aversión hacia unos colores determinados no se debía a su propio criterio (al fin y al cabo los gustos son algo muy personal), sino a que “les habían convencido de ello”.  Algunos chicos se mantuvieron firmes en su opinión de que jamás se vestirían con prendas rosas pues ”es algo de maricones” pero otros admitieron que es un color atractivo.

Respecto al tema original, los juguetes de LEGO, ellas comentaron que podrían jugar con ambos juguetes aunque tuviesen preferencia por uno en particular, mientras que ellos señalaron que jamás jugarían con la caravana. Ante esta situación, les pregunté si realmente se consideran tan diferentes respecto a sus gustos o aficiones. La inmensa mayoría de los chicos señaló que sus gustos no se parecen en nada a los de las chicas, afirmación ante la cual las chicas protestaron. Ellas afirmaban que, aunque les guste el maquillaje, los osos de peluche y los accesorios de Hello Kitty, también disfrutan viendo partidos de fútbol, practicando artes marciales o matando soldados enemigos en el videojuego Call of Duty. Por lo tanto, en estos grupos en concreto, podemos ver cómo los estereotipos relacionados con los gustos o aficiones están más arraigados en los chicos, pues ellos rechazan el ocio “de chicas” y ellas, en cambio, no consideran que las actividades que les gustan a ellos sean necesariamente “de chicos”, sino de todos. Para terminar, la respuesta de una chica me llamó la atención: “yo creo que el juguete rosa no es sexista, al contrario. Está defendiendo el derecho de las mujeres a poder divertirse juntas sin depender de sus maridos o novios”. Este planteamiento interesante y diferente dio lugar a otras ideas en el debate.

Dejando atrás el tema concreto de los juguetes, continuamos debatiendo sobre sus vivencias. En los grupos de 1º y 2º de ESO (de 12 a 15 años), algunas chicas comentaron que les gusta arreglarse y maquillarse, aunque sólo en días señalados, para hacer que ese día sea más especial. En cambio, algunos chicos dijeron que prefieren a las mujeres siempre maquilladas, que son mucho más atractivas. Esto provocó rechazo entre las chicas, que no estaban conformes con dicha afirmación. Un alumno llegó más lejos señalando que “las mujeres se maquillan para atraer al macho” y, a pesar de que su comentario provocó risas en el aula, algunas chicas reaccionaron algo desconcertadas, pues admitieron que se arreglan para agradar a los chicos pero no les gustaba admitirlo abiertamente. Otro compañero aportó al debate que “las mujeres necesitan maquillarse para tapar los surcos que les deja la vida”. Una chica le preguntó si los hombres no necesitan tapar surcos y él respondió que no, que las arrugas son feas sólo en las mujeres. Otra compañera no se quedó atrás al afirmar que, al fin y al cabo, “los chicos son juguetes, así que los uso, juego con ellos, y luego los dejo”, aunque lo dijo riendo. Por tanto, no podemos concluir que todos estos comentarios sean un reflejo de una educación sexista o si son tan solo llamadas de atención y sentencias que buscan escandalizar a los oyentes, pero no por ello dejan de ser menos interesantes, puesto que nos muestran actitudes características de la adolescencia, dignas de estudio.

A pesar de todos estos planteamientos, cuando les comenté que, a lo largo de la historia, la mujer ha sido silenciada, ninguneada y tratada como un objeto, todos ellos manifiestaron desagrado ante estos hechos. Saben que, en algunos países, las mujeres pierden su apellido al casarse (algo que vemos con frecuencia en el cine norteamericano), lo cual les parece indignante. Tampoco asocian el hecho de casarse y ser “señora”. Para la mayoría de adolescentes, ser señora es algo “para mayores de 60”. No les gusta esa palabra, y no les parece bien que a las mujeres les dejen de llamar “señoritas” simplemente por casarse.

Hablando sobre el matrimonio, el debate se desvía a temas de dinero, algo que les inquieta en gran medida, como pude comprobar al leer sus redacciones. Casi todos afirman que, teniendo dinero, la vida es mucho más fácil. Incluso una alumna comenta (ignoro si lo dice en serio) que su sueño es casarse con un hombre rico que la mantenga y le dé todos los caprichos. Un alumno, en cambio, señala que los padres con mucho dinero no educan bien a sus hijos, “prefieren pagar a otros para que lo hagan, o comprarles consolas para que no molesten y poder hacer lo que quieran”. Esta dura afirmación es complementada por las de sus compañeros, que admiten que, aunque les gusta tener varios televisores en casa (y así no hay conflictos ni discusiones a la hora de elegir programas) esto les distancia de sus padres y hermanos y comentan que, cuando eran más pequeños, hacían más cosas juntos.

Estas ideas me dieron pie para preguntarles si, cuando eran niños pequeños, sus padres y madres les leían cuentos en la cama, y la mayoría responde afirmativamente. Algunos dicen que, en el fondo, lo echan de menos porque “es muy agradable que te lean”. Además no se trata solo de escuchar un cuento, sino de compartir un momento de intimidad y cariño único e insustituible. Ahora, a la hora de irse a la cama, un alumno comenta que “su padre está viendo el fútbol o alguna serie, y su madre viendo la telenovela o el Sálvame” (en este caso, vemos que ni siquiera la pareja comparte actividad). El alumno, en este caso, o se queda viendo la tele con el padre o se retira a su habitación a jugar con el ordenador o a entretenerse con las redes sociales. La lectura no es una opción, tampoco es algo que vea hacer en su casa pero, no obstante, sí es algo que hacen algunos de sus compañeros. En relación a los programas del estilo de Sálvame, algunos aprovechan la ocasión para decir que les encantan los debates (y que éste en particular lo están disfrutando mucho) porque les gusta dar su opinión y hablar de temas que les interesan, pero que odian esos programas porque sólo se habla de la vida de otros, se insulta y no se respeta el turno de palabra. Una chica señala que la tele no es mala en sí, ya que “se puede ver buena tele, programas que te enseñan cosas, pero para eso hay que tener cultura. Ver el Sálvame es muy fácil, no hay que hacer ningún esfuerzo”. Para terminar, muchos de ellos comentaron que, cuando sean padres no serán así, pasarán tiempo con sus hijos jugando, viendo películas y compartiendo libros.

Deseo de corazón que así sea. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Sobre la escritura creativa

Hace unos meses pude asistir un taller de escritura creativa, junto a mi amiga Zulay, impartido por la escritora Marta Sanuy y resultó ser una experiencia muy bonita y enriquecedora. Marta es una gran profesional y sabe contagiar entusiasmo, de hecho salíamos todas de clase con ganas de llegar corriendo a casa para teclear.

A Zul y a mí nos supuso una desconexión con la escritura académica muy satisfactoria y necesaria, tantas "normas APA" nos estaban provocando cortocircuitos. En mi caso, hacía meses (o años) que no dejaba fluir mi mente para crear algo bonito o plasmar mis emociones, y me invadía un sentimiento de carencia. Hace un tiempo descubrí que el dominio del lenguaje y el ejercicio de autoconocimiento nos ayudan a tener una experiencia vital más plena y rica y, por eso, últimamente sentía que me faltaba algo. 

Marta nos enseñó algunas técnicas creativas propias del Oulipo y nos invitó a reflexionar, a observar y a disfrutar relatando nuestra propia historia. Me gustaría compartir con vosotros los ejercicios que entregué para el taller.

La casa

Cinco minutos más... Es lo que susurra su compañera cuando rompe la calma el zumbido del despertador. Ella alarga el brazo, busca a tientas entre los objetos abstractos de la mesilla de noche, agarra con torpeza su teléfono y pulsa el botón “posponer”. Recoloca sus mullidos cojines, suspira y se recuesta como inerte entre las sábanas. No está acostumbrado a verla madrugar. La conoce y sabe que se siente más cómoda viviendo de noche, pasando las horas en su estudio abarrotado de libros, papeles, bolígrafos y algunos tesoros. Eso sí, no hay ni una mota de polvo. Ese caos disfrazado de desorden es su mundo, su zona de confort, su refugio y a él le gusta andar por ahí, sigiloso, invisible, haciéndole compañía a su manera felina. En ocasiones, se entretiene escondiendo cositas pequeñas como clips, gomas de pelo o algunas monedas. Su compañera solía desesperarse, pero ya no. Ha comprendido que estos juegos son simpáticas muestras de amor. Otras veces, mientras ella escribe en el ordenador, a él le gusta enrollarse como una bolita peluda en su regazo y quedarse dormido escuchando el monótono tacatá de las teclas.

Como tiene mucha hambre, decide subir de un brinco a la cama y arañarle los pies. Quiere su desayuno y lo quiere ya, nada de “posponer”. Como ve que sus arañazos no surten efecto, opta por maullar, brincar y salir corriendo a la cocina, para que su compañera se dé por aludida. El platito vacío, colocado entre la nevera y la puerta de la terraza, es ahora mismo su única preocupación en el universo. Y eso que no le gusta pasar en la cocina más tiempo del estrictamente necesario; son demasiados monstruos escandalosos los que lo observan con mirada fría de acero. Uno gira, hace unos ruidos espantosos y escupe ropa mojada, otro se pone tan caliente como el mismísimo infierno, otro pita, otro silva… aunque el peor es el que tritura y machaca. Es imposible dar un tranquilo paseo sobre la ajada encimera y curiosear entre los frascos y aceiteras, nunca se sabe qué peligros pueden acechar…

Por eso le gusta más pasear por en el salón. Hay infinidad de cosas divertidas y masticables. Montones de revistas arrugadas apiladas por los rincones, un par de peluches y una manta en el sofá –reservada para las tardes de cine y palomitas cuando llueve fuera-, plantas de plástico, jarras de cerveza de distintos tamaños y formas, un reloj sin pilas, un viejo álbum de fotos y una entretenida colección de DVDs. La considera entretenida porque cuando tira uno, caen todos. Su compañera ya no se enfada, como cuando era cachorro. Ha aprendido a amarlo tal y como es, a entender sus rarezas de gato, a compartir con él todo lo suyo y a convivir con sus pelusas y sus malos olores.

Y eso que en el baño es muy cuidadoso. Es un lugar extraño, caluroso y húmedo, demasiado brillante para su gusto, demasiado resbaladizo. Se trata de un espacio privado al que acude cuando siente la llamada de la naturaleza, o cuando su compañera lo invita a purificar y sanear su piel y su largo pelo. No entiende por qué muchos de sus primos aborrecen el agua, con lo agradable que es chapotear y tratar de explotar las pompas de jabón. Además, considera que la higiene es algo vital y sagrado, como un rito ancestral que te arranca los malos humores y las oscuridades internas y te devuelve al mundo con más fuerza y con más luz.

Hablando de luz… Los rayos del sol empiezan a colarse tímidamente por las rendijas de las persianas. Al final la compañera llegará tarde. Como buen gato doméstico, sabe que su deber es mantener el equilibro en el hogar para evitar sofocos. Echa a correr por el pasillo de vuelta al dormitorio pero le cuesta frenar, el pulido y brillante suelo de terrazo tiene la culpa, así que se estampa contra el empotrado, el único lugar de la casa al que no se le permite el acceso –y, por tanto, el más codiciado-. Pero eso es otra historia. Se adentra en el dormitorio, atraviesa la mullida alfombra que imita al césped, se sube a la cama de un salto rápido y mordisquea la mano de su compañera. Mmmmmñff… El zumbido del despertador parece que suena con más energía. ¡Desayuno!

S + 7

Estaba paseando por el campo cuando, de repente, escuché un tremendo alboroto en una granja cercana. Una tubería se había sobrecargado hasta reventar y estaba anegando los terrenos colindantes. El agua caía a borbotones por la ladera y los animales correteaban como locos, mugiendo, ladrando, balando, relinchando. El granjero trataba de guiarlos hacia un terreno más elevado, sólido y seco.

Mientras tanto, en el redil de las ovejas, el agua empezaba a colarse por todos los rincones, dificultando la entrada y la salida. El perro pastor, leal y valiente, corrió a avisar a su amo. El granjero acudió raudo a rescatar a sus ovejas. Con el agua hasta la cintura, las fue levantando una a una para empujarlas hacia afuera. Tras un arduo esfuerzo, consiguió poner a salvo a todas menos a una, que no se comportaba de forma similar a las demás. En vez de dejarse llevar, se resistía a los brazos de su amo: los dedos del granjero entre sus rizos lanudos le provocaban cosquillas. El perro pastor acudió en su ayuda y fue tan aterrador el ladrido que dio, que la oveja salió despavorida y salvó su vida. Nunca borraré de mi cabeza aquella imagen de una oveja nadando.

Palabras propuestas: cortina, andén, iluminación, soberbio, otoño, silla.
Palabras + 7: cosquillas, anegar, imagen, sobrecargar, oveja, similar.


Incipits
  
El tren avanzaba impetuosamente, con ritmo furioso y entrecortado. Tenía que detenerse, cada vez con mayor frecuencia, en estaciones de poca monta donde permanecía unos momentos esperando con impaciencia la señal para volver a embestir la pradera. (*)

Cuando se detuvo en el apeadero de un pequeño pueblo, del que no había oído hablar en la vida, se subió Angelines. Era la muchacha más hermosa que había visto jamás. Lucía una frondosa melena castaña, sus ojos brillantes irradiaban simpatía y su sonrisa enamoraba. Así me quedé, como un tonto, admirando su gracia, deseando su cuerpo, soñando un beso suyo. Imaginé un paseo con ella de la mano por esas verdes praderas. Y fantaseé con mis manos en otros lugares, si es que ella me lo permitía.

Me desperté del ensueño de repente, cuando ella se me acercó con paso ligero y me hizo una pregunta. No consigo recordar qué fue lo que preguntó, pero sí su gesto alzando una pequeña cesta de mimbre. Me incorporé como pude, algo alelado, me presenté y la ayudé a colocar las bolsas en el portaequipajes. Intercambiamos algunas palabras de cortesía y, en el momento de alzar la cesta, por no tener la mirada donde debía, resbaló de mis manos y se me estampó en la cabeza. Un amasijo de cáscaras rotas, claras y yemas me escurría por el pelo y yo sólo deseaba que me tragara la tierra. La imagen de un muchacho de ciudad, sonrojado y torpe, debió picar la curiosidad de Angelines pues, al llegar a la ciudad, aceptó mi tímida propuesta de que la invitase a cenar. Y esta es la historia de cómo conocí a vuestra abuela. 

(*) Patricia Highsmith (1950), Extraños en un tren

viernes, 29 de enero de 2016

Sobre la publicidad sexista

Hace unos días leí un artículo de Barbijaputa sobre publicidad sexista que me hizo mucha gracia (no vamos a estar llorando por las esquinas todo el tiempo, ¿no?) y que me recordó algunos contenidos interesantes que trabajé en un curso de la Faktoría Lila. Para empezar, os invito a que leáis el artículo de Barbijaputa, ya que es muy ilustrativo y además su estilo ácido me encanta. Y, ya que estamos, aprovecho este momento de inspiración para resucitar el blog y compartir con vosotros algunos textos que redacté durante el curso.

Primero: ¿Una publicidad no sexista es posible?

En el tema relacionado con la importancia del uso no sexista de las imágenes, hemos podido estudiar, a través de diferentes textos y documentales, la manera en la que la sociedad patriarcal representa a las personas. Las imágenes que se muestran, tanto de hombres como de mujeres, en los medios de comunicación son el reflejo de lo que se espera de nosotros. Aunque esta transmisión de estereotipos está presente en todos los canales comunicativos (cine, prensa, radio, programas de televisión), donde más patente queda es en la publicidad, encargada de fabricar sueños y crear necesidades.

¿Cómo podríamos hacer un uso no sexista de las imágenes en publicidad?

La mayoría de los anuncios que muestran estereotipos de género son tan groseros y descarados que bastaría con dejar de emitirlos, ya que no tienen un arreglo posible: aquellos que muestran cuerpos de mujeres prácticamente desnudas en una clara actitud sexual como reclamo para vender productos (cuando no se está anunciando nada relacionado con el disfrute sexual), los que manifiestan violencia de cualquier tipo, los que encasillan a la mujer en el clásico rol de arpía, frívola, envidiosa y castradora, los que muestran a los hombres como obsesos sexuales descerebrados arreglacosas, etc. Pero, a pesar de lo mucho que me repugnan estos anuncios, he decidido centrar mi análisis en aquellos que muestran la trasmisión de valores tradicionales y sexistas dentro del seno familiar, puesto que son más sutiles y pasan más desapercibidos y, por tanto, su mensaje llega a los hogares con más facilidad, perpetuando de esta forma unos estereotipos de género que se convierten en la norma y que a poca gente le resultan chocantes o criticables. Al fin y al cabo “así ha sido siempre”.

He seleccionado cuatro anuncios breves de la marca de alimentación Gallina Blanca que han llamado mi atención porque, de forma simpática y sutil, nos muestran cómo el rol de ama de casa perfecta, cuidadora, atenta y servicial, se transmite de madres a hijas. En este caso, considero que el mensaje sexista que subyace en los anuncios no busca mostrar sólamente cómo debe comportarse una buena mujer, sino que nos insta a las mujeres a escuchar los consejos domésticos de nuestras madres y a educar de la misma manera a nuestras hijas. Los anuncios nos quieren comunicar que las mujeres, a lo largo de la historia, han ejercido como correa de transmisión de valores tradicionales y parece ser que éstas, lejos de intentar romper las cadenas que las mantienen atrapadas en sus cocinas, quieren encadenar y someter también a sus hijas. Por desgracia, la sociedad patriarcal, sustentada en valores machistas, ha permitido esto durante muchas generaciones e incluso se siguen viendo casos así hoy en día.

Los anuncios son los siguientes:

Bloque 1. Niña que ya, desde pequeña, aprende y muestra con orgullo una serie de trucos culinarios ante la satisfecha mirada de su madre. El padre y el hermano son meros ornamentos del hogar que degustan los platos (comparto los enlaces pero no inserto los vídeos porque, cuando lo intento, youtube me lanza una advertencia inquietante, y no quiero líos):

Pechuga de pollo
Filete de pescado

En estos anuncios encontramos algunos detalles curiosos.

Por una parte, a pesar de que en ambos podemos ver cómo hay hombres habitando la casa, la niña tan sólo busca captar la atención de su madre. En los dos anuncios, la niña parece haber adquirido una serie de conocimientos y trucos relacionados con la cocina, como por ciencia infusa (¿acaso será que las mujeres lo llevamos grabado en los genes?) y está deseando conseguir la aprobación de su madre, puesto que ha alcanzado uno de sus primeros logros de mujer adulta. Mientras toda la familia degusta la exquisitez, la madre tiene un gesto de cariño y complicidad hacia su hija. Ella parece sentir que, como madre, su labor está siendo un éxito.

Por otra parte, resulta interesante ver cómo, en el slogan final –locutado por un hombre- se nos invita a sacar “el cocinero” que llevamos dentro. Cocinero en masculino. Planteamos la posibilidad de que la idea que se pretende transmitir es que las mujeres son buenas en la cocina por el simple hecho de ser mujeres y que, gracias a las fórmulas precocinadas y sencillas (que hasta las niñas pequeñas entienden), incluso los hombres podrían llegar a cocinar cosas ricas y saludables. Aunque esta afirmación es solo es una teoría conspiranoica mía.

Me molestan estos anuncios de forma especial por el hecho de que habría resultado muy sencillo plantearlos de una forma no sexista. Ya que la marca se ha tomado la molestia de grabar dos versiones muy similares del mismo anuncio, no habría costado nada que uno de ellos lo protagonizara una niña y el otro un niño. Ambos podrían llamar a sus progenitores (“Mamá, papá, mirad lo que hago”) y no sólo a mamá. Y en la mesa cenando podrían estar interactuando los cuatro. Como la propuesta no sexista habría sido así de simple, no puedo evitar sentir que está grabado así de forma deliberada y consciente.

Bloque 2. Mujeres que exhiben con orgullo sus logros culinarios y sus madres se muestran muy complacidas al ver lo bien que han educado a sus hijas.

Sopa de sobre
Pastillas de avecrem

En el primer anuncio vemos cómo una madre increpa a su hija el hecho de que sirva para cenar una sopa de sobre. La hija, segura de sí misma y de su labor como ama de casa (al fin y al cabo, ya es madre también) comenta las maravillas de la marca en cuestión, tan buena que sus sopas alcanzan el nivel de calidad y sabor de una “sopa de madre”. La familia sigue siendo un ornamento; en este caso, la destinataria de las delicias de la madre. Cabe señalar que, tanto en estos anuncios como en los anteriores, se nos muestran familias que reflejan el esquema tradicional heteronormativo, es decir: papá, mamá, niño y niña y, en este caso, la abuela.

Además, el anuncio está sazonado con algunos tópicos, como que la madre de la madre (la abuela) sea una entrometida y que, a pesar de ser una invitada en la mesa de su hija, tenga que acercarse al puchero a opinar, comentar y criticar. Además, no sólo es madre, también es suegra y, cuando hace el comentario jocoso de que se va a quedar a vivir allí con ellos, el padre y el hijo manifiestan algún tipo de reacción (entendemos que de desaprobación). Estas distintas representaciones de las mujeres no nos benefician en absoluto, puesto que refuerzan estereotipos sexistas que siguen calando en la sociedad, por muy ridículos y descarados que resulten.

En el segundo anuncio vemos a unas mujeres de aspecto cuidado y edad indefinida que conversan en una cocina (¿dónde si no?) en torno a un fogón que calienta un puchero. La cocina, a pesar de estar en uso, se encuentra impecable, así como la cocinera. No vemos trapos sucios, delantales, salpicaduras o extractores de humos; sólo un puchero apetitoso y unas señoras que irradian glamour. Parece que el anuncio nos quiera convencer de que realizar las tareas domésticas y mostrarse elegante al mismo tiempo no son cosas reñidas. Si estas mujeres pueden hacerlo, ¿por qué no las demás? Las dos mujeres invitadas (quienes parece que no tengan ninguna otra ocupación, como un trabajo, por ejemplo) interrogan a la anfitriona sobre sus secretos para hacer una comida tan suculenta. La señora de la casa comparte con sus amigas su truco ante la presencia de su orgullosa madre, quien las alecciona desde su posición superior de ama de casa experimentada.

Además, cabe señalar que las actrices que interpretan a la madre y a la hija en este anuncio son dos figuras públicas de referencia para muchas mujeres de España, puesto que sus programas de televisión, emitidos en la franja horaria matinal, clásica de las amas de casa, tratan de abordar todos aquellos temas relacionados con el “universo femenino” (aspecto físico y salud, productos “para mujeres”, cuidado personal y de la familia, recetas de cocina, etc.).

Para conseguir que estos dos anuncios y otros del mismo estilo no sean sexistas, bastaría con unas sencillas pautas. La más importante y eficaz sería mostrar realizando las diversas tareas domésticas tanto a hombres como a mujeres de distintas edades. Además, el resto de personas que figuran no siempre tendrían que ser madres, hijos o maridos: podríamos ver a abuelos con nietas, a compañeros de piso, a jóvenes con perros, y un largo etcétera. Cualquier combinación debería ser perfectamente admisible, puesto que la diversidad en los hogares es una realidad social. Además, aunque los anuncios con glamour y las cocinas grandes, luminosas e impecables son una delicia para la vista, no estaría de más mostrar contextos más realistas o personas vestidas de una forma más acorde a la tarea que están desempeñando. Además, sería positivo mostrar a hombres y mujeres atendiendo a sus hijos y cuidando de sus hogares y que, además, tuviesen otro tipo de ocupación (trabajos, aficiones, otras cosas que los definan).

En conclusión, se trataría de reflejar una visión de la sociedad más realista, más acorde a estos nuevos tiempos, más libre de prejuicios y estereotipos. Y, aunque es cierto que en muchos hogares se sigue manteniendo un estatus tradicional, los medios deberían ejercer un papel crítico mostrando que otro mundo es posible.

Segundo: La representación de la Madre en publicidad

Hace apenas unas décadas, el confinamiento de las mujeres al estrecho espacio de su hogar limitaba su desarrollo como personas, les colocaba un techo invisible que les impedía progresar, soñar, crecer. Todo atisbo de ambición que hubiese en ellas se diluía en esta situación de encierro y se producía una despersonalización, una pérdida de identidad, una terrible confusión. Las revistas, la radio y, en especial, la televisión (con franjas especiales destinadas a las mujeres, que se encontraban en el hogar durante el horario laboral), gobernadas por la normativa del patriarcado, conseguían convencer a estas mujeres de que su verdadera misión se encontraba en el hogar. Les inculcaban un rol que acababan asumiendo convencidas de que era lo mejor para ellas y para sus familias (sin las cuales, ellas no eran nada).

A día de hoy, aunque los cambios sociales hacia la igualdad presentes en nuestra sociedad son innegables, todavía son insuficientes. Por ejmeplo, podemos apreciar cómo los medios de comunicación todavía siguen transmitiendo estereotipos sexistas muy perjudiciales y dañinos para las mujeres, especialmente para las niñas y adolescentes, que todavía están descubriendo el mundo y forjando su identidad.

Por ello, quiero realizar un breve análisis de una serie de anuncios televisivos con los que las cadenas nos bombardean diariamente y que me producen un verdadero malestar, así como una profunda impotencia.

En primer lugar, los anuncios más habituales que nos encontramos al encender un televisor son los de productos de limpieza. En ellos, una persona se encuentra en la tesitura de tener que eliminar una mancha terrible y, en medio del caos y la suciedad, la ayuda se manifiesta en forma de producto milagroso. Hasta aquí todo correcto. Hemos pasado por diversos estilos de anuncio a lo largo de los últimos años: los personajes que aparecen son varias mujeres en el hogar, o es un hombre el apurado y la mujer la salvadora, e incluso en ocasiones es un hombre el salvador, como en el caso del famoso mayordomo. De hecho, son muchas las personas que encuentran cierto equilibrio en este tipo de anuncios, puesto que podemos ver a hombres y a mujeres “por igual”. Por poner un ejemplo, en uno de los anuncios del producto del “cacito”, efectivamente nos encontramos a un hombre y a una mujer ante la lavadora. Pero, aunque las diferencias parezcan sutiles, desde una perspectiva crítica son abismales. Él es un hombre decidido, autosuficiente y versátil, capaz de lavarse su propia ropa y de dar consejos a otros. Sin embargo, la frase exacta de ella es “mi marido ha traído esta mancha de aceite”. Con ese simple detalle, el anunciante ha conseguido mostrarnos a una mujer dependiente, que lava para otras personas, que cuida del hogar mientras el marido gana el pan fuera. La representación de ambos géneros en un simple anuncio de escasos segundos es totalmente asimétrica.

Lo mismo ocurre en los anuncios en los que una mujer de mediana edad, arreglada pero discreta y sin salir de su cocina, se siente agobiada porque su vitro ya no brilla como antes, o su lavavajillas huele fatal. Este hecho le provoca culpabilidad y vergüenza. Ella, como mujer que es, atiende a sus tareas del hogar lo mejor que puede pero, ante una circunstancia así, recurre al “experto”, que es un hombre. En uno de tantos, el “experto” acude al hogar a aleccionar a esta mujer a la que, de paso, acusa de rácana por no comprar el producto que recomiendan los fabricantes, ante la inquisidora mirada de la madre de ella. En ningún caso podía faltar la madre, quien, por el simple hecho de ser madre, es conocedora de todo lo que tenga que ver con el cuidado del hogar a pesar de que, cuando tenía la edad de su hija, ni siquiera existían los lavavajillas. El “experto” reprende a la mujer, su madre asiente avergonzada (no consigue entender cómo su hija es tan torpe e inútil) y la mujer, resignada, emplea el producto que salva su dignidad como ama de casa. Existen variantes, puede ser una amiga la que saque los colores a la anfitriona (con amigas así, ¿quién quiere enemigas?) o incluso podemos llegar a ver cómo una mujer pide disculpas a su lavavajillas por haberlo tenido tan desatendido (WTF!).

Aquí teneis unos cuantos ejemplos: ¿Por qué tapas la vitro, hija mía?, Finish, pruébalo y juzga tú misma, mujer, Con vitroclen tu cocina y tú no daréis pena, Hace falta estudiar mucho para saber que la mierda mancha, Qué sexy te pones cuando lo intentas, etc.

Podemos comprobar cómo los anuncios están dirigidos siempre a ellas. Por eso, cabe destacar que, si este tipo de anuncio es tan dañino, no es únicamente porque encasille a la mujer en un rol anticuado y sexista que limita sus movimientos a los metros cuadrados de baldosa de su cocina. Es porque, además, trata de inculcar a las telespectadoras un sentimiento de responsabilidad hacia el “brillo” de su hogar. Es decir, que por mucho que hoy en día los hombres se sientan concienciados y colaboren a partes iguales en las tareas de limpieza, la responsabilidad última, sobre todo en caso de conflicto, siempre es de la mujer. Algo tan simple como la expresión “ellos deberían ayudar más en casa” implica que la tarea es de ellas. Y esto debe acabar.

En segundo lugar, me gustaría hacer hincapié en la figura de la Madre. La Madre, con mayúscula. Ya hemos comentado su papel de transmisora del rol de “buena mujer” hacia las siguientes generaciones, y de supervisora de que se cumpla. Pero ahora quiero centrarme en esos anuncios dirigidos a las Madres. Esas mujeres que, por arte de magia, son conocedoras de todo lo ancestral, de lo humano y lo divino, por el simple hecho de haber parido. Por supuesto, no pretendo quitarle valor a esa experiencia, ni desmerecer el importantísimo papel de las madres y de los padres que se desviven por su prole y son capaces de compaginar trabajo, estudios, casa, vida social, hijos y perro. Tan solo trato de sacar a la luz una campaña de elogio hacia la mujer tradicional que, ante todo, es Madre y que, al mismo tiempo, implica un desprestigio hacia aquella que no lo es o que ha decidido que nunca lo será.

Mediante estos anuncios, da la sensación de que una mujer que no es Madre poco sabe de la vida, todavía es una alocada, irresponsable y despreocupada que tiene mucho que aprender. Solo se preocupa de estar perfectamente depilada, de no perderse una fiesta y de llevar un sujetador a juego con el color de sus ojos. Y todo ello para salir al mercado de lo sexual y encontrar a ese hombre que al fin la haga Madre. En cambio, a la que ya es Madre se la muestra como una mujer totalmente dedicada a la causa, que solo vive para darles a sus hijos lo mejor y para sacrificarse por todos. Está dispuesta a dejar de lado su trayectoria profesional, sus ambiciones, sus aficiones e incluso a sus amigas por estar siempre disponible para sus hijos, que son lo único que importa. Alguna incluso es capaz de estar sexualmente perfecta para la noche, cuando su marido llega del trabajo y los niños ya están acostados. Está claro que, a estas madres, cualidades no les faltan. Y son capaces de hacerlo todo con una cálida sonrisa.

Un ejemplo aberrante de este tipo de mensaje es este anuncio de leche materna en polvo, una fórmula ultra-mejorada que es lo mejor para el niño (varón). Ella, “como Madre, sabe lo que es mejor para su hijo”. No necesita estudiar, ni saber nada de química, ni preguntarle a un médico. Tan solo parir. Como una epifanía, la sabiduría la invade. El poder de la Madre todo lo puede. Es algo instintivo y casi sobrenatural. De hecho, todavía no he visto un anuncio en el que digan que “tú, como Padre, también sabes de qué va esto”. Los padres podrán implicarse en la educación y cuidado de los hijos, pero nunca estarán a la altura (parece que nos quiera decir este tipo de anuncio). No obstante, para rematar, el anuncio nos muestra a un grupo de “expertos” (una vez más, casi todo hombres) en un laboratorio, en bata y mirando por sus microscopios, trabajando muy duro por encontrar la clave de la leche perfecta, la que se parezca lo más posible a la de la Madre. Poco más que añadir, salvo otro ejemplo: tú eres la primera, mamá.

Por último, me gustaría hablar también sobre ciertos anuncios de galletas. El desayuno es uno de los momentos estelares de la Madre. Mientras el marido y los hijos se preparan para su trabajo y colegio respectivamente, ella dirige la acción de la familia desde su cocina, como una directora de orquesta. Sabe qué es lo mejor para ellos y se lo proporciona (aquí hablo de galletas, pero pueden ser yogures o batidos). En un anuncio en particular, el de Galletas Lulú, cursis a más no poder, podemos ver a un osito de dibujos despertando al pequeño hijo varón. Después lo acompaña a la cocina, donde lo espera su Madre sonriente (y muda) con el desayuno perfecto preparado. Como guinda del pastel, la Madre se despide de su pequeño por la ventana de la cocina; el niño se mete en el coche y el padre-marido (que pasa por el anuncio como un rayo) le lanza un beso con la mano. Ella se queda sola (bueno, con el oso imaginario), perfectamente arreglada, expectante, contemplando la vida a través del cristal de su ventana, satisfecha con su misión cumplida.

Y ya para terminar, aunque no venga mucho a cuento, quiero mostraros el anuncio de Dora, sirena de verdad, ya, puesto que ha sido mi favorito de esta última campaña navideña, pero no por el juguete en sí, ni por las fantasias animadas de la cría, perfectamente comprensibles (¿quién no ha soñado alguna vez con ser sirena y salir a nadar y perderse un rato por los océanos?). Lo que me apasiona del anuncio es la Madre extasiada al contemplar a su pequeña princesa. No cabe en sí de gozo. Me declaro fan.

Como conclusión, quiero señalar que estos anuncios son peligrosos y dañinos precisamente porque no es fácil percibir maldad en ellos. Muchas personas podrán pensar que son bonitas piezas audiovisuales que ensalzan a las amas-de-casa-madres y les dan el reconocimiento que merecen. Por eso considero fundamental y necesario encender el televisor con espíritu crítico y sacar a la luz estos fenómenos. Es esencial que los más pequeños no vean en estos anuncios los modelos de masculinidad y feminidad que deben imitar y aprender, y que sean capaces de construir su identidad en base a su propio criterio, sin la influencia de estos estereotipos anticuados y sexistas. De ahí la gran importancia que tiene una educación por la igualdad desde el hogar y las escuelas.

jueves, 2 de abril de 2015

Sobre perseguir tus sueños

En esta entrada, no considero necesario añadir más palabras. Tan solo dale al play.

jueves, 15 de enero de 2015

Sobre los piropos

El observatorio de la Violencia de Género propone erradicar los piropos por ser considerados una invasión a la intimidad de la mujer. Como era de esperar, esta petición ha resultado ser muy controvertida y ha dado que hablar. Mucha gente no ve una actitud sexista en el piropo, sobre todo aquellas personas que los regalan con todo su cariño y buena intención. A mi me encanta decirle a la gente lo guapa que está o lo estupendo que me ha resultado un escrito suyo, por ejemplo. Pero si intentamos comprender la noticia en su contexto, el asunto tiene mucha más miga.

Bajo una perspectiva feminista crítica, entendemos que nuestra sociedad está construida desde un punto de vista androcéntrico y heteronormativo, es decir, que considera al hombre heterosexual como centro de referencia cultural y social. Esta visión define al hombre como un sujeto activo, participativo y dueño de su vida, y a la mujer como un objeto (o sujeto pasivo), dependiente de otras personas y cuyo ser gira en torno a su sexualidad. Basta con encender el televisor unos minutos para darnos cuenta de que los medios siguen perpetuando estos estereotipos de forma cada vez más grotesca. Si alguien tiene interés en profundizar en este fenómeno, le recomiendo que vea el documental Miss Escaparate que, aunque esté sustentado en datos norteamericanos, no olvidemos que nuestra cultura bebe de la suya demasiado. El tratamiento que hacen los medios de comunicación de la imagen de las mujeres que han alcanzado cierto poder o estatus profesional es vergonzoso. Y lo más triste es que a nadie le sorprende. Poco se habla de sus méritos o logros, pero sí de sus obligaciones como mujeres (madres y esposas), de su aspecto físico o de su deseabilidad sexual, entre otras cosas. No entro a valorar si de una presentadora de noticias se dice que "está como un queso" o "es una gorda arpía". Aunque lo primero es un piropo y lo segundo un insulto, ambos comentarios invaden su intimidad, la cosifican y la devalúan no solo como profesional, también como persona.

Sin cruzar el charco y sin encender el televisor podemos encontrar casos similares en nuestro entorno diario. La siguiente situación está basada en hechos reales:

Una nueva empleada, una joven ingeniera, hace su aparición en la oficina. Un grupo de compañeros, hombres todos, comentan su llegada.
- Vaya culazo.
- Pues sí que está buena la nueva.
- Tiene una voz un poco estridente. Si supiera estar calladita, me la follaría (asumimos que un grupo de chicos, en petit comité, no se anda con finuras).
Risas mil. 
Mientras tanto, las compañeras mujeres la miran con recelo. Si a "la nueva" la consideran poco agraciada, enseguida dirán que es maja y pedirán a los chicos que la dejen en paz "a la pobre" (bastante tiene con lo suyo). Si por el contrario es delgada y atractiva, afirmarán que es una engreída y manifestarán odio hacia ella y hacia los hombres que la admiran. "Sois todos iguales, unos cerdos". Nadie comenta en qué universidad completó sus estudios, si habla idiomas, si tiene experiencia, o cosas así...

Ellos han asimilado que está bien comentar los cuerpos de las mujeres y su grado de deseabilidad. Además, también parecen tener bien asumido que son sujetos activos hasta el punto de que la opinión de ella ni cuenta ("me la follaría"; obviamente, ella no va a decir que no, ¿verdad?). Mientras, a nosotras nos han enseñado a ser competitivas, de ahí la fama que tenemos de ser malvadas y envidiosas, especialmente cuando trabajamos juntas.

Todo esto no son más que estereotipos concentrados en una anécdota. Sé que muchos y muchas no sois así, pero seguro que habéis vivido numerosas situaciones similares o, al menos, las habéis visto reflejadas en televisión. Y si no, os pido que, a partir de ahora, os fijéis con más atención porque, por sutiles que parezcan estas situaciones, se manifiestan en nuestro entorno con frecuencia.

El hecho de que el cuerpo de una mujer sea considerado un objeto que puede ser comentado y evaluado es algo que he comprobado en mis propias (y abundantes) carnes a lo largo de mi vida y especialmente ahora, durante el embarazo. Ignoraba que el hecho de estar embarazada otorgara a la gente de mi entorno una especie de carta blanca para decirme lo que sea, cualquier cosa, por grosera que suene. Bastante gente resalta mi hermosura asociada a la plenitud de traer una nueva y deseada vida al mundo, y es de agradecer. Me encanta proyectar felicidad. Pero claro, el embarazo lleva asociado un factor colateral inevitable, que es la gordura. Evidentemente. No vamos a llevar a la criatura en un bolso. Y aquí es donde la cosa se complica, porque todos sabemos el efecto de aversión que provocan las tallas grandes en la gente. Ya he tenido que escuchar comentarios como "recuerda que no debes comer por dos, ¿eh?", "¿solo estás de 6 meses y ya tienes esa barriga? Estás gordita, ¿eh?", "no dejes crecer tanto a la niña, que ya verás luego para parirla" y otras tantas estupideces por el estilo. No importa que yo sea obediente y siga a rajatabla los consejos de mi médico, que me cuide y que los resultados de mis analíticas sean estupendos. Porque las gordas no tenemos credibilidad ninguna. Está claro que si estamos gordas es porque estamos haciendo algo mal. Y la gente siente que es su deber advertirnos de los grandes riesgos que corre nuestra salud por el sobrepeso (cuando ninguna de estas personas se han interesado jamás por mis análisis ni por la opinión de mi médico quien, por cierto, considera que mi peso es correcto). La salud es la eterna excusa para enarbolar la bandera de la gordofobia. Además, a mí no me molesta que me describan como gorda, puesto que es un hecho objetivamente cierto. Tengo ahora mismo una hermosa panza que alimenta y protege a mi hija. Lo que me disgusta es que, en nuestro mundo, el calificativo "gorda" lleve asociadas otra serie de características como vaga, descuidada, glotona, tramposa e irresponsable, por nombrar algunas. Así de bruta es la gente gordófoba. Sin criterio, cegada por los prejuicios. Es terrible lo dañino que puede resultar esto para mujeres inseguras, con la autoestima baja y con poca fortaleza. Y, aunque a mí estas cosas no me afectan, debo seguir luchando por mis compañeras.

Como conclusión, quiero remarcar que, en mi opinión, los piropos de buena fe, cariñosos, educados y que hacen alusión a diversos aspectos de nuestro ser, en un clima de confianza, siempre son agradables de escuchar. Por el contrario, aquellos comentarios relacionados únicamente con el aspecto físico y la sexualidad de una mujer los considero invasivos, desagradables y totalmente inapropiados. No tanto por los comentarios en sí (hay gente ingeniosa que suelta algunos bien originales) sino por que sostienen la creencia de que no hay nada malo en comentar públicamente el cuerpo de las mujeres, para bien y para mal. Aquellos que sueltan piropos a mujeres hermosas no se sentirán especialmente cohibidos para proferir insultos a aquellas que no lo sean tanto.

¡Ya soy un semicírculo!


sábado, 3 de mayo de 2014

Sobre la vida salvaje

Anteayer, un precioso y soleado día de primavera y además festivo, David y yo volvíamos de casa de mis padres de disfrutar de una deliciosa comida cuando nos encontramos con un nuevo vecinito al cruzar la pasarela. Parece ser que nuestro querido gato tricolor ha sido papá. ¡La familia crece! Por suerte, la gente de nuestro barrio adora a los animales y estos gatitos disfrutan de unos grandes almuerzos de reyes. En agradecimiento suelen posar para las fotos e incluso algunos se dejan acariciar. Estos pequeños mininos decoran la ribera del río, nos hacen sonreír con sus juegos y nos deleitan con sus agudas serenatas nocturnas. Adoro mi barrio.


La gran atracción de la tarde fue la nueva familia de patitos que deambulaba por las aceras sin saber muy bien para dónde tirar. Una vecina con su chaquetón impedía que saltaran todos a la calzada, ya que tienen la manía de cruzar sin mirar y en una de estas se los podía llevar un coche por delante. Junto con la vecina conseguimos escoltarlos hasta la acera de enfrente.

Ellos solitos se las ingeniaron para saltar la valla y acceder a la zona del río y, la madre, en su afán por alcanzar el agua, se despeñó ladera abajo y los patitos, ni cortos ni perezosos, saltaron tras ella, como los lemmings, sin mirar atrás. ¡Vaya susto! ¡Parecía un suicidio colectivo! Por suerte, como señaló David, los patitos recién nacidos son como de goma. Los veíamos botar por la pendiente -poing, poing- sin parar de graznar -cuá, cuá-, muy salvaje todo. Ya en el agua, se pusieron a nadar contra corriente, exhaustos. Y poco a poco fueron acomodándose en la orilla. Por fin en tierra firme.

Solo tengo una pequeña grabación del encuentro con los patos. El resto de la historia la estábamos viviendo intensamente y no caí en grabarla. Mi favorito es ese que siempre se queda el último...



miércoles, 2 de abril de 2014

Sobre la teoría del decrecimiento

Descubrí este concepto de la mano de mi profesor José Luis Bernal, un gran docente que contagia entusiasmo y que sabe proporcionar a sus alumnos la dosis suficiente de conocimiento como para que surja en ellos la necesidad de querer saber más. Unas pocas horas compartiendo aula con él han supuesto una experiencia muy interesante, una puerta abierta a nuevos planteamientos que quizás ya compartía pero a los que nunca había puesto nombre.

En sus clases tuvimos ocasión de debatir sobre legislación educativa, sobre los paradigmas de la educación, sobre otras estrategias pedagógicas alternativas -lentas-, sobre motivación, tecnologías, género... Aunque fuesen charlas breves, supusieron un nuevo enfoque, una motivación para seguir investigando, ya que como afirma Bernal en su blog, "quien se atreve a enseñar, nunca debe dejar de aprender".

El concepto de decrecimiento, explicado de maravilla por Carlos Taibo, ha supuesto una verdadera revelación. Frente a la fiebre consumista y de producción desmesurada que nos invade, este planteamiento intenta poner freno a todas estas necesidades artificiales que la sociedad va creando a nuestro alrededor de una forma sostenible y, sobre todo, realista.

Quiero hacer hincapié en el hecho de buscar acciones eficaces, solidarias y apropiadas pero realistas. El otro día charlando con mi amiga Marian sobre las estafas de las firmas online y de mil historias similares que surgen a diario, le acabé redactando los 10 mandamientos del activista solidario: no firmaré propuestas virtuales, no compraré en supermercados, no llevaré ropa de Zara, Nike y similares, no comeré carne ni pescado ni nada que provenga de animales, tampoco comeré vegetales producidos en régimen de explotación -que destrozan ecosistemas o que esclavizan niños-, no emplearé dispositivos electrónicos fabricados con minerales que financian guerras, iré a los sitios andando para no contaminar y si me duele algo solo usaré medicamentos genéricos o remedios naturales, ayudaré a las abuelas a cruzar la calle y a llevarles las bolsas y me despojaré de todo lo material para siempre, amén.

Nos reímos mucho con estas payasadas, pero es que con el bombardeo de "mensaje solidario" que nos llega por las redes sociales, a veces tengo la sensación de ser una frívola explotadora asesina de cerditos. Por supuesto, considero esencial estar informado de todo lo que ocurre en el mundo y ser consciente de los efectos que produce nuestro consumo, conocer la realidad de otras personas y no mirar para otro lado. La guerra del coltán en el Congo, las fábricas textiles en Filipinas, Marruecos o Bangladesh, la eterna batalla de las patentes en India, la caza furtiva de ballenas para su uso en cosméticos, el empobrecimiento de los recursos naturales, el deshielo en los polos... son solo unos pocos ejemplos. Podéis añadir cientos de fenómenos a la lista. Debemos concienciar, dar visibilidad a estos hechos, pero cortar radicalmente con el consumo y cumplir los 10 mandamientos anteriores es imposible.

La teoría del decrecimiento propone "avanzar despacio para llegar lejos", valorar los recursos finitos que nos proporciona el planeta, cuidar el entorno porque es nuestro bien más preciado y, sobre todo, no tratar de poseer más de lo que podamos realmente consumir. A todos nos gusta darnos un capricho de vez en cuando, comprar algo bonito, estrenar ropa un día especial... La idea es conseguir encontrar el equilibrio: en ocasiones quizá es preferible alquilar a comprar, también podemos pedir prestado o intercambiar y siempre está la opción de reciclar o regalar, en lugar de tirar o almacenar. Los planteamientos capitalistas afirman que la sociedad que invierte y produce es la que avanza. No sé nada de economía y asumiré que la afirmación es cierta. Pero esta teoría implica que, para progresar, no es esencial invertir solo en cosas materiales -sí en las necesarias- sino también en aquello que enriquece a nivel personal/humano: cultura, educación, bienestar social, seguridad, salud, paz espiritual...

Espero que os guste este regalito de vídeo, Decrecimiento en un minuto.


Decrecimiento en un minuto from Mugarik Gabe on Vimeo.

Os dejo también la charla En defensa del decrecimiento de Carlos Taibo. Este es el vídeo que Bernal compartió con nosotros y que me permitió descubrir la teoría. Me encanta esta charla, pero si buscáis a Taibo en Internet descubriréis muchas más conferencias y vídeos sobre decrecimiento.


'En defensa del decrecimiento' Carlos Taibo from miciudadreal_es on Vimeo.

Tenemos que aprender a vivir con calma, despacio, saboreando cada instante. Lo que realmente va a llenar el cofre de nuestra existencia son las vivencias, las sensaciones, aquello que compartimos con los que más queremos, todo lo que puedan regalarnos los desconocidos, nuestros sueños e ilusiones. Como diría mi bisabuela Isabel, a por ello, "pasín paseando".

martes, 11 de marzo de 2014

Una transición en femenino

Quiero compartir con vosotros la obra Una transición en femenino realizada en un taller de guión y producción de documentales científicos de la Universidad de Zaragoza.

Últimamente me siento como si viviera predicando en el desierto. Los medios, las modas y el desconocimiento generalizado, entre otras cosas, han provocado que los movimientos feministas sean infravalorados, despreciados e incluso tachados de "radicales" en un sentido equivocado. Una verdadera lástima.

Las personas feministas luchamos por la igualdad asumiendo las diferencias que nos hacen únicas, queremos romper con los estereotipos y las etiquetas, que suponen un foco de conflicto y odio, y trabajamos por una educación para todos basada en el respeto, la tolerancia y la igualdad de oportunidades. Mientras sigamos viviendo en una sociedad sometida por creencias sexistas, la lucha no puede parar. Y no hace falta que os asegure que el machismo sigue presente en nuestro día a día, porque lo estamos viviendo todos.

A raíz de la celebración del Día de la Mujer Trabajadora el pasado 8 de marzo han surgido actos, protestas y manifestaciones a lo largo y ancho de la península sobre diversos temas como, por ejemplo, el derecho de las mujeres a tomar decisiones sobre su propio cuerpo. En el documental podéis ver cómo las madres de los movimientos feministas de España llevan en pie con esa lucha más de 30 años. Ya es hora de que les cojamos el testigo.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Sobre compartir el arte

Hace unas semanas surgió un bonito juego en facebook en el que proponíamos pintores a nuestros amigos para que escogiesen una obra que les resultase especial por algún motivo y, tras compartir el cuadro, la asignación de artista era devuelta. Fueron unos días muy entretenidos y alegres, con todos los muros repletos de obras fantásticas y muchos colores. Tanto me gustó la experiencia que quiero compartir con vosotros las asignaciones que mis amigos me propusieron.

Victoria fue quien me introdujo en el juego asignándome a Monet. Acertó de pleno, porque me encanta. ¡Gracias!

Monet es uno de los padres del impresionismo: retrató ciudades que me han enamorado, como París o Londres, realizó una colección muy inspiradora llamada Sol Naciente, con influencias orientales, pero sobre todo se pegó media vida pintando campos y jardines rebosantes de flores, con lo que me gustan a mi las flores... Conclusión, me encanta su estilo, su brochazo salvaje y su colorido tan potente. Su obra Las amapolas quedaría ideal en mi salón. He elegido, de entre todas las flores, las amapolas o ababoles, por ser muy de nuestra tierra aragonesa.

Las amapolas

Ricardo me presentó al artista puertorriqueño Arnaldo Roche, muy conocido y querido por sus paisanos.

He contemplado su obra por Internet y he seleccionado este cuadro llamado La búsqueda de la felicidad; es rompedor y brillante, me encanta su azul tan intenso. El estilo del artista tiene mucha fuerza y, por lo que he leído, esta pintura representa vestigios de muebles en una habitación, lo que fue en su día o pudo haber sido. A nosotros, que nos hemos mudado tantas veces, nos dirá mucho esta obra. Por lo visto, Arnaldo Roche considera que sus pinturas son elementos de reconciliación para superar traumas (lo cual parece tenerle un poco obsesionado). Muchas gracias Ricaldo, ha sido un gran descubrimiento.

La búsqueda de la felicidad

María me asignó a uno de mis favoritos, Picasso. Ella se enamoró de su obra en Nueva York. Es difícil quedarse solo con un cuadro, hay muchos que son especiales.

Finalmente para el juego escogí esta obra, espero que os guste. A mi me parece muy bonita, sobre todo por su colorido, pero también por la ternura que refleja. Ella parece dormir tranquila y en paz. La protagonista del cuadro Joven dormida es Marie-Térèse Walter; fue modelo y amante de Picasso, y eso que era casi 30 años más joven. Me ha gustado la anécdota de que el cuadro pasó por varias colecciones privadas hasta que un donante anónimo lo regaló a la Universidad de Sidney con la condición de que lo subastaran y emplearan el dinero para investigar. Qué maravilla, ya podía ocurrir eso aquí... Muchas gracias, María.

Joven dormida

Marian también me presentó a un artista que no conocía, Edward Hooper. Todos sus cuadros son preciosos. Al investigar un poco para cumplir mi reto en el juego me dí cuenta de que muchas de sus pinturas las había visto ya en diferentes escenarios, así que pude, por fin, ponerle nombre al creador.

Lo que más me gusta de toda su obra es el intenso colorido, y las escenas cotidianas de familias de norteamérica son de lo más curioso. Tienen un aire Mad Men ¿verdad? Bueno, es más bien al revés jaja no me extrañaría que el diseño de arte de la serie estuviese influenciado por este hombre. Según wikipedia, muchos de sus cuadros representan la soledad de la vida moderna. Creo que sus obras podrían ser reinterpretadas en la actualidad: seres tan acelerados, con tantos contactos y, a veces, tan solos... ¡así somos! He escogido New York Movie porque, como ya sabéis, me quedé totalmente prendada de Nueva York; estar allí fue un sueño hecho realidad -y espero poder repetirlo pronto-. Las salas de espectáculos y teatros de Broadway son una auténtica delicia. Pero esta señora parece no encontrar su lugar. Todo encaja en la historia de mi vida... ¡Gracias Marian!

New York Movie

Muchos más cuadros pasaron por mi muro, pero si los comento todos el post sería interminable. ¡Sigamos moviendo el arte por el mundo!

martes, 3 de diciembre de 2013

Sobre buscar trabajo

De los creadores de Todos los políticos son unos corruptos y Tanto título no sirve para nada, llega Si trabajo hay; malo, pero hay. Estos que lo saben todo deben pensar que los 6 millones de parados de España no trabajamos porque no queremos un mal trabajo, porque preferimos estar en casa de vacaciones tocándonos el higo y viviendo del cuento. O no, o queremos trabajar pero somos así de tontos y, a pesar de que hemos tenido ya muchos trabajos, de que estamos registrados en varias webs de búsqueda de empleo, dados de alta en el INEM y en contacto con montones de personas que conocen nuestra situación, seguimos sin ser capaces de encontrar un curro. Pero claro, todo esto lo dice la gente que no ha tenido la mala fortuna de perder su trabajo, o que han tenido la suerte de encontrarlo estando en el momento y en el lugar adecuado. También lo dice la gente que ya se ha acomodado en su casa porque tiene algún otro tipo de ingreso. Y, por supuesto, la gente mayor que no entiende que el mundo cambia a gran velocidad, y que las lecciones de vida de tiempos pasados ya no nos sirven de mucho. A todas estas personas les diría, de corazón, que antes de opinar sobre un tema tan delicado se informasen un poco, porque duele. Además, por muchas ganas de trabajar que tengamos, todos los puestos de trabajo tienen unos requisitos de acceso, cada vez más enrevesados y absurdos, y rara vez es posible cumplirlos todos. Menos aún si no se tienen estudios.

Porque aquí viene la segunda parte. En este bendito país se valora y se aplaude al que tiene dinero y al que mucho aparenta, y se menosprecia al que dedica su vida, su esfuerzo y su ilusión al estudio. Como si estudiar fuese un capricho o un privilegio. Pero esto pasa porque en este país hay mucho envidioso y mucho bocazas. Criticar y buscar la paja en el ojo ajeno es deporte nacional. Como lo es opinar de todo sin tener ni puta idea. Aquí permitimos que gente como Belén Esteban, princesa del pueblo y máxima representante de los analfabetos de España (muchos cientos de miles) publique un libro en su nombre. Aunque esté claro que ella no lo ha escrito, y el contenido sea una basura, será un superventas estas navidades. Pero un chaval que quiere investigar y presentar su tesis, para aportar su granito de arena a la comunidad científica, debe subsistir a base de becas roñosas, minijobs miserables o caridad familiar. A todos estos a los que estudiar les parece una pérdida de tiempo o una excusa para no trabajar "de verdad" solo les puedo decir una cosa: si todo el mundo pensase como ellos, en este país no habría médicos, abogados, veterinarios, periodistas, arquitectos, enfermeros, maestros y tantos otros profesionales que tanta falta nos hacen día a día. Tampoco habría investigadores, encerrados en sus laboratorios, para encontrar la cura de alguna enfermedad, o educadores indagando cómo trabajar con los jóvenes para erradicar las actitudes sexistas. Para poder ejercer todas estas labores hay que invertir mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Pero en lugar de darles las gracias y reconocerles el mérito, se les pone verdes. O se les dice que se vayan fuera, a vivir aventuras...

Quiero mandar todo mi apoyo a los amigos y compañeros que no acaban de encontrar su lugar en el mundo. No dejéis de formaros, de buscar, de luchar por vuestros sueños. Seguid dedicando vuestra vida a eso que os apasiona, o lo que se os da bien, a lo que os reconforta. Seguramente nunca consigáis un buen sueldo, o reconocimiento y premios, pero nadie os podrá decir que no lo habéis intentado. Y seréis felices de verdad.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Un año más... ¡te quiero, pequeño!

Hace ya unos días que comenzaron las fiestas en honor a mi marido, y todavía quedan grandes eventos. Ayer tuvimos una bonita celebración con familia, comida rica, regalos estupendos y mucha ilusión. ¡Qué buen equipo hacemos en la cocina! Después dedicamos la tarde a nuestro ciclo de cine de superhéroes, en esta ocasión vimos Los cuatro fantásticos. Fue un gran día.

Nada en el mundo me gusta más que ver a David disfrutar y reírse, emocionarse con sus juegos y vivir sus aficiones con pasión. Hace casi cuatro meses que decidimos ser el uno para el otro y para siempre, y cada día soy más feliz. Nene, gracias por apoyarme en todo, por admirarme, por cuidarme, por quererme tanto y por hacerme reír. Te quiero mucho, pequeño. Te quiero y te querré siempre. ¡¡Feliz cumpleaños!!



Este fantástico trailer es obra de Javier Millán, de Impacto Producciones. ¡Gracias!

martes, 12 de noviembre de 2013

Sobre el vídeo Lucky Dog

Ayer, once del once, se celebraba el sorteo especial del cuponazo de la ONCE. Un año más, no nos ha tocado ni el reintegro. Nos gusta jugar todas las semanas porque, aunque no nos toque nunca ni una perra, fantasear con la posibilidad de ser rico es gratificante. David y yo nos hemos ilusionado tanto hablando de las maravillas que haríamos si fuésemos millonarios, que parece que ya lo hemos sido un ratito.

Y la verdad es que no nos hace falta serlo.

Os dejo un vídeo muy entrañable que encontré hace siglos por ahí y que hoy me viene a cuento. Si es que las mascotas son el mejor tesoro :-)

viernes, 18 de octubre de 2013

Sobre el vídeo ¿Te atreves a soñar?

Este vídeo lleva mucho tiempo circulando por Internet y de vez en cuando me gusta volver a verlo; considero que presenta un planteamiento muy interesante que a muchos se nos podría ocurrir en un momento determinado, sin llegar a teorizar tanto quizás, pero que dejamos pasar y llegamos a olvidar, ya que en el fondo sabemos -o queremos creer- que la vida es rutina, obligaciones, tareas y más tareas, alcanzar unos mínimos en determinados aspectos para poder disfrutar de una existencia tranquila, serena y feliz. Esa es la canción que llevamos escuchando tanto tiempo.

Bien es cierto que la estabilidad nos otorga seguridad y bienestar, y de esto somos mucho más conscientes cuando nuestro mundo tiembla; pero en días como hoy, si nos agarramos a eso, nos venimos abajo. Me canso de repetir que no hay derecho, que yo he cumplido con todo lo que me exigieron y aquí sigo, a verlas venir. Pero no podemos permitir que se salgan con la suya, no debemos desesperar. Ya vale, yo me planto. Yo si me atrevo a soñar.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Sobre los paradigmas de la educación

Como últimamente mi vida gira en torno al máster, me cuesta desconectar y pensar en otras cosas. En julio la vida tendrá otro color, y os contaré bonitas historias, pero hoy, sumida en plena vorágine de fin de curso, con trabajos, exposiciones, exámenes y demás lindezas, me voy a permitir la licencia de colgar y comentar un vídeo que ya subí hace un tiempo. Seguro que el vídeo lo habéis visto todos cien veces, lleva años dando la vuelta al mundo, pero mi visión ya no es la misma. Ahora me resulta mucho más interesante, y por eso quiero volver a compartirlo con vosotros.

Por mucho que los compañeros y yo bufemos al salir de clase, al final reconoceremos que sí, que hemos aprendido muchas cosas. Esta reflexión sobre el vídeo la entregué como parte de un portafolio de asignatura y a mi profesora y le encantó.

Cambiando los paradigmas de la educación - Sir Ken Robinson



En este vídeo, Sir Ken Robinson explica que muchos países están reformando su educación pública por dos motivos: la economía y la cultura. El sistema educativo busca formar a los estudiantes para que puedan incorporarse al sistema laboral de manera satisfactoria sin perder su identidad cultural.

Sir Ken Robinson critica que el sistema educativo actual sigue basándose en las premisas de una era diferente, la de la Ilustración y la Revolución Industrial, que diferenciaba a las personas en base a su capacidad académica. La terrible consecuencia de esta creencia es que muchas personas brillantes no tienen aspiraciones académicas al no sentirse capaces de llegar más lejos, viéndose desplazadas hacia unos trabajos que requieren poca cualificación y en los cuales las posibilidades de promoción son más limitadas, anulando así la opción a la movilidad social.

Por otra parte, hace alusión a la cantidad de estímulos que reciben hoy en día los estudiantes. Viven en una sociedad que los bombardea de información, rodeados de dispositivos que acaparan su atención y, sin embargo, en las aulas se les exige concentración en unas dinámicas y en unos contenidos que no despiertan su interés. Eso provoca que muchos alumnos sean diagnosticados con el Síndrome de Déficit de Atención, cuando sólo un minúsculo porcentaje de ellos realmente lo tiene, haciéndoles pasar por el sistema educativo de puntillas, adormilados, anestesiados, sin disfrutar plenamente de la experiencia educativa.

El autor afirma que el sistema educativo actual está modelado según las necesidades de la industria y que, de hecho, está estructurado como una fábrica, con horarios y timbres, separación de materias, agrupación de alumnos en función de su edad, y no de su desarrollo psicosocial o madurez, etc., sin tener en cuenta la diversidad del alumnado y las capacidades o necesidades individuales.

Por eso considera imprescindible una renovación del sistema educativo, un cambio de paradigma, que fundamente la educación en el desarrollo del pensamiento divergente: que los estudiantes sean capaces de encontrar diversas soluciones o respuestas a un problema planteado, y no solo una, la que les enseñan en la escuela. Robinson afirma que mediante un estudio que llevó a cabo a lo largo de décadas, quedó demostrado que todas las personas tenemos la capacidad para desarrollar este tipo de pensamiento, pero que la estandarización de la educación nos conduce a pensar que sólo hay una respuesta correcta, anulando nuestra capacidad de pensar de manera divergente.

Por último, el hecho de atomizar a las personas empobrece la experiencia educativa. Los alumnos y alumnas rinden mejor y desarrollan mejor sus capacidades cuando trabajan en colaboración con otras personas, cuando además de lo académico entra en juego la interacción social.

Reflexión:

Uno de los principales problemas con los que nos encontramos a la hora de educar es la falta de motivación por parte del alumnado, que no ve la utilidad en lo que aprende, ni cree en la clásica premisa de que, cuanto más se estudia, mejor posición laboral y social se podrá obtener, lo cual no deja de ser comprensible dada la situación de crisis en la que nos encontramos.

No se trata sólo de una crisis económica, sino también de valores. Es por tanto una crisis estructural que afecta a todos los ámbitos de la vida de las personas.

Considero que el hecho de regular la enseñanza facilita la adquisición de una serie de conocimientos y habilidades por parte del alumnado de una manera homogénea, garantizando unos mínimos para todos los estudiantes. Esto en principio no es algo negativo, ya que favorece la igualdad de oportunidades, pero siempre y cuando hagamos un esfuerzo por atender a la diversidad de nuestras aulas. Ni todos los alumnos ni todos los grupos son iguales, así que los docentes tendremos que ser capaces de adaptar el proceso educativo a las necesidades particulares de cada uno. Los profesores debemos conocer los intereses de nuestros alumnos y alumnas, así como sus conocimientos previos, para que el aprendizaje sea realmente significativo, útil y duradero.

Además, nuestro sistema educativo actual ya no está basado en el sistema de copiar y memorizar, como sucedía hace no muchos años. Ahora en los centros se busca que los niños y niñas tengan ilusión por aprender, que disfruten de la estancia en el colegio, que aprendan a hacer cosas por sí mismos, que sean creativos y autónomos y que todo el proceso de enseñanza-aprendizaje tenga repercusión en su futuro.

Por eso debemos potenciar sus mejores cualidades, estimularlos y motivarlos, para sacar lo mejor de cada uno. No se trata sólo de formar al alumnado en determinado campo académico; se trata de orientar a nuestros estudiantes para que se desarrollen como personas independientes, maduras, tolerantes, con espíritu crítico; de dotarlos de herramientas para que sepan desenvolverse en la vida de manera satisfactoria y puedan alcanzar el éxito.

Por último, considero de vital importancia favorecer el clima de aula, establecer relaciones positivas y motivar a los alumnos y alumnas, ya que ellos son los completos protagonistas de su aprendizaje.

Deben estar realmente interesados en adquirir conocimientos y dispuestos a asumir la responsabilidad y el esfuerzo que el aprendizaje conlleva.

sábado, 11 de mayo de 2013

Sobre los recortes en educación

Con motivo de la reciente huelga en el sector educativo del 9 de Mayo quiero rescatar un texto que presenté a una profesora del máster hace unos meses. Mi indignación sigue creciendo por momentos. Somos muchos los que sufrimos la impotencia de ver que nos están arrebatando el futuro de las manos, haciéndonos vivir situaciones precarias, sin poder asentarnos, prosperar ni hacer planes de ningún tipo. Cuando escribí esta reflexión no estaba tan irritada como ahora, pero igualmente quería compartirla con vosotros.

"Basándome en los principios fundamentales de la Ley Orgánica de Educación actual vigente, quiero señalar que una educación de calidad es el medio más importante del que dispone una sociedad para conseguir que sus ciudadanos desarrollen sus capacidades al máximo y conformen su propia identidad personal.

La educación es una fuente de riqueza muy valiosa, ya que permite la transmisión y renovación de la cultura, sustentada en una serie de conocimientos y valores, como son la solidaridad y la tolerancia, garantizando a todas las personas el ejercicio de una ciudadanía democrática, responsable, libre y crítica. Una educación a la que puedan tener acceso todos los habitantes de España, sin discriminación de ningún tipo, es la manera más eficaz de constituir nuestra sociedad de una manera avanzada, dinámica y justa.

Además, sólo mediante la educación se puede alcanzar el ideal de sociedad meritocrática que garantice una verdadera igualdad de oportunidades entre los ciudadanos. El acceso a la educación debe depender únicamente de las preferencias y capacidades de cada individuo, y no del poder adquisitivo de su familia. Alcanzar un nivel de estudios adecuado facilitará que los estudiantes puedan optar a puestos de trabajo dignos, en base a sus cualificaciones y especializaciones, promoviendo el desarrollo de la economía y el progreso de la nación.

Por eso mismo, considero imprescindible que el gobierno se comprometa a proporcionar una educación de calidad, pública y gratuita, a todos sus ciudadanos. La actuación del gobierno actual dista mucho de este ideal planteado sobre educación igual para todos. Con su política, está promoviendo la educación privada, por medio de conciertos y ventajas fiscales, entre otras medidas, abriendo así una brecha entre una enseñanza privada elitista y una pública deficiente y con escasez de recursos.

Algunos de los efectos nefastos que está desencadenando esta política de recortes, pude apreciarlos en la realidad de las aulas durante mi estancia en un centro de prácticas.

Una de las consecuencias más terribles que se padece en los centros es el aumento de alumnos por aula. Con un número tan elevado de estudiantes, resulta difícil, cuando no imposible, llevar a cabo una enseñanza eficaz, atendiendo a la diversidad del alumnado y haciendo a los estudiantes partícipes de su proceso educativo mediante el seguimiento individualizado. Sencillamente porque los profesores no dan abasto.

Así mismo, los padres con menor poder adquisitivo también se ven perjudicados al haberse eliminado una serie de ayudas escolares como la gratuidad de los libros de texto. Las asociaciones de madres y padres de alumnos trabajan en la búsqueda de alternativas, como el préstamo, para que todos los alumnos puedan tener acceso a libros. Además, en algunos centros públicos, los alumnos echan en falta instalaciones, como por ejemplo, un laboratorio o una sala de informática. Aunque los espacios existen, apenas contienen material con el que trabajar en condiciones, lo que dificulta la adquisición de conocimientos y empobrece la experiencia educativa de los menores.

Otro de los inconvenientes que se padece actualmente en los centros públicos es el incremento de las horas lectivas de los profesores. Los docentes, además de sus horas lectivas, necesitan otra serie de horas para preparar materiales, reunirse y coordinarse con su departamento, atender a padres y a alumnos, trabajar con el departamento de Orientación, etc. Por lo tanto, al tener que trabajar ahora más tiempo en el aula, disponen de menos tiempo para coordinación y otro tipo de tareas importantes, teniendo que convocar reuniones en recreos y momentos de descanso y no pudiendo atender a tantos alumnos o padres como desearían.

Todos estos hechos no son más que algunos reflejos de lo que está suponiendo la política de recortes en nuestro país. En estas condiciones, es imposible proporcionar una educación de calidad e igual para todos; el poder adquisitivo de las familias va a condicionar qué tipo de enseñanza van a recibir sus hijos, lo que los va a condicionar a la hora de aspirar a un trabajo digno y de prosperar en el mundo laboral."