martes, 22 de junio de 2010

El pollo más alto del mundo

Poder contemplar la ciudad de NY como si de un tablero de monopoly se tratara es un gran privilegio. Las vistas desde el Empire State Building son maravillosas; los titánicos rascacielos, las catedrales, los ríos y los ferrys con el reflejo del sol en sus aguas, los impresionantes monumentos y esculturas, y por supuesto, Central Park, precioso y mágico en cualquier época del año. Todo ello salpimentado por pequeños puntitos amarillos que recorren la ciudad con un pintoresco baile a toda velocidad.

Toda la ciudad tiene una gran armonía en su estructura, está perfectamente cuadriculada y ordenada por numeritos. ¡Qué manera tan elegante de hacer la vida más fácil! Y no como en nuestra querida tierra, dónde los debates sobre los nombres de calles, colegios y plazas hacen sacar lo peor de nosotros... Viejas heridas sin cerrar, fervores ideológicos, sexismo o lo contrario, politiqueo barato... y encima haciendo alarde de la tremenda incultura que nos caracteriza. Mucha gente no sabe si el señor de su calle fue un general sanguinario o un poeta romántico, y lo más triste es que ni le importa.

Y aquí tenéis al famoso pollo, posando feliz en la cornisa más selecta de todo el planeta, disfrutando de la mañana y acompañando a los turistas. Con lo estupendos que son los yankees, seguro que sus palomas cagan rosas...

viernes, 18 de junio de 2010

Mala digestión

Pocas cosas hay que me gusten más que los macarrones con chorizo. Sobre todo si están hechos de otro día y sólo tengo que calentarlos. Como comer sola es un coñazo, me siento delante de la tele y veo las noticias. 

Me mareo un rato de cadena en cadena, en todas hablan del mundial, y a mí eso me importa un pimiento. Me voy al canal 24 horas noticias, ese nunca me falla. Me encantan sus presentadores, sobre todo la rubia del tiempo, que no suele acertar demasiado, pero sonríe mucho y viste con estilo.

Termino de ponerle el queso a los macarrones mientras escucho que un hombre ha sido asesinado en Estados Unidos frente a un pelotón de fusilamiento. Este hombre estaba condenado a muerte por matar a otro hombre hace unos años. Su abogado insiste en su inocencia pero como nadie le cree, el reo ruega clemencia. Para mi asombro, la familia de la víctima también solicita clemencia. Pero de eso no debe haber mucho al otro lado del charco. La pena sigue en pie. El condenado pide ser ejecutado frente a un pelotón, porque quiere dar la cara, defendiendo su inocencia hasta el final. Y yo no entiendo nada de nada.

Empiezo a comer, que los macarrones se me enfrían. El tomate ya se está oscureciendo por los bordes, pero no me apetece ir otra vez al microondas. Resulta que eruditos economistas comunican que la economía de China va a crecer un 9% este año. Sus exportaciones van de lujo, las empresas crecen y cada día que pasa se enriquecen más. Pero los chinos currantes siguen cobrando sueldos de mierda. Algunos han ido a huelga. No son avariciosos, quieren pasar de sueldos miserables a sueldos mediocres. Pero por lo menos que se note una recompensa por su esfuerzo, a fin de cuentas ellos son los que llevan a las empresas al éxito. No sabemos cómo acabará la cosa, pero no me extraña que emigren tantos.

Casi me parto un diente con un trozo de chorizo petrificado. Y de piedra me quedo cuando veo que Japón ha incumplido su tratado de no agresión a las ballenas. Según este tratado los países firmantes se comprometían a no cazar ballenas para uso comercial, sólo con fines de investigación. Así que Japón soborna a varios centros y laboratorios para cazar y traspapelar a los cetáceos, nada menos que 160.000 ejemplares. 

Se acabó. Ya no tengo hambre. Puto planeta de locos.

jueves, 17 de junio de 2010

Una mañana cualquiera

Atención señoras, ha llegado el tapicero. Tapizamos todo tipo de sofás, sillas, sillones, tresillos, mecedoras, descalzadoras... le ofrecemos presupuesto sin compromiso con precios directos de fábrica. Nuestros trabajos son de máxima calidad a un precio sin competencia. Tapizamos en cuero, piel, skay, terciopelo... 


Me encanta ser ama de casa. Sobre todo en este barrio. Por cierto ¿todavía hay gente que tiene descalzadoras en sus casas?

martes, 15 de junio de 2010

Para perder el tiempo

Que a veces apetece. Las respuestas aparecerán en unas horas en los comentarios.

1. Antes de acostarme, necesito...
a) Un colacao
b) Un cigarro
c) Peinarme
d) Lavarme las manos
e) Todas ellas

2. Si tuviera un hijo, se llamaría...
a) David
b) Carlos
c) Jorge
d) Sam y Dean, si son dos
e) Manuel

3. ¿Qué tengo tatuado?
a) Una sirenita
b) Un unicornio
c) Un pequeño pony
d) Un pegaso
e) Un sol muy chuli

4. Una de las cosas que más me gustan cuando viajo es...
a) Hacer mil fotos
b) Probar comidas típicas
c) Ligar con los lugareños
d) Visitar monumentos
e) Salir de fiesta

5. ¿Qué me gustaría ser por un día sin que nadie lo sepa?
a) Astronauta
b) Super héroe
c) Agente de la CIA
d) Millonaria
e) Actriz porno

6. Si pudiera pedir un deseo, pediría...
a) El monedero de los billetes infinitos
b) ¡Montañas de Nesquik!
c) Un millón de deseos
d) Hablar 100 idiomas
e) La talla 38

7. ¿Cuál es mi estilo de música favorito?
a) El de cuando tenía 15 años
b) El rock español
c) Cualquiera que se pueda bailar
d) Chill out
e) Los 40 principales

8. Si tuvieras que describirme en una palabra, esa sería...
a) Excéntrica
b) Orgullosa
c) Friki
d) Pachorra
e) Necesitas las cuatro

9. ¿A qué le tengo miedo?
a) A la crisis
b) A los insectos
c) A volar
d) A que me coma un tigre
e) A la celulitis

10. ¿Me gusta este juego de preguntas?
a) ¡Mucho!
b) Sin más
c) Es un coñazo
d) No tengo nada mejor que hacer
e) No lo repetiría ni muerta

viernes, 11 de junio de 2010

Sobre los paraguas

¡Cómo los odio! Es un arma saca ojos muy peligrosa. Las abuelas sienten el poder en sus brazos cuando portan uno. Son unos trastos tan incómodos y aparatosos... Cuando llegas al destino ya no sabes qué hacer con él, porque estorba. Lo escondes, lo camuflas y, por supuesto, te lo olvidas. Y a comprar otro... Todo por no mojarnos el pelo. Porque por mi parte, cuando llevo uno de esos, de cintura para abajo me calo igual.

El caso es que todos debemos tener uno. Yo no tenía, siempre he preferido las capuchas, los chubasqueros, las marquesinas y las carrerillas entre portal y portal. Y si me chorrea el flequillo me importa poco, ya se secará. Pero en este trabajo nuevo no quería dar esa imagen de mendigo arrastrado que aparento cuando llueve. Me gusta ir un poquito arreglada. Así que David, con todo su cariño, me compró el paraguas más moderno de la tienda.

Es tan moderno que se despliega con un click. Tiene un botón en el mango que hace las funciones de un gatillo. Click, PLAF, paraguas en su sitio. De niña estas cosas me daban miedo, pero ahora ya les voy pillando el truco. El martes lo tuve que estrenar. Hubiese preferido estrenar los vestiditos y las sandalias, pero qué le vamos a hacer. Tenía muy claro el tema click PLAF, y suponía que todos los paraguas se plegaban de la misma forma. Y aquí tenemos la anécdota.

El autobús se acercaba, así que extendí un brazo para pedirle que se parara. Cuando se abrió la puerta en mis narices, con la elegancia que me caracteriza, me dispuse a plegar el paraguas... pero se resistía. Empujaba con todas mis fuerzas, pero nada. PLAF. Y otra vez PLAF. Y claro, las manos chorreando. El autobusero me miraba desconcertado y la gente de la parada se reía nerviosa. Vergüenza ajena se llama. Total, que abracé el paraguas, intenté reducirlo y me lo coloqué bajo el brazo para poder picar el bonobús. Ahora necesitaba las manos para guardar el bonobús en el bolso, así que apreté el paraguas con más fuerza y me lo coloqué entre los muslos. Ya tenía las manos libres, pero tenía que andar hacia el fondo. No quería sentarme, por miedo a un terrible accidente paragüero, no me gusta sacarle un ojo a nadie. Así que arrastré los pies, cual pingüino, hasta colocarme en la salida con la mayor dignidad que pude.

Cuando bajé del autobús... PLAF, cómo no. Tenía la entrepierna empapada, me dolían las rodillas, también me dolía un poco el alma y, sin darme cuenta, presioné el gatillo. Y como un delicado cisne, el paraguas se plegó...

Qué lejos llegaríamos a veces si usáramos la bola dura que tenemos sobre los hombros.

martes, 8 de junio de 2010

Otro año más...

...y casi ni me he enterado.

Si, lo reconozco, soy la típica idiota aguafiestas a la que le fastidia cumplir años. El día en sí me pone un poco nerviosa, no me siento cómoda siendo el centro de atención. Es muy agradable que te llamen y te regalen cositas, pero la cara de haba me dura hasta la noche. Además me pego días planeando el momento y luego cuando llega estoy más pendiente de que todo salga como lo había previsto, en lugar de relajarme y dejarme llevar.

Ya me han llamado mis padres, mi niño y los abuelos. No son ni las diez de la mañana y ya tengo el muro del Fbook abarrotado. ¡Muchas gracias a todos! Ahora el plan es arreglarme un poquito y arrasar en el Plenilunio con Lucía, aunque me da a mí que vamos a comprar poco y a marujear mucho. ¡Oleee!

Este día siempre me da por recapitular. 28 años ya, son muchas cosas vividas. Cuando era pequeña pensaba que a esta edad tendría la vida resuelta, qué cosas. Y resulta que lo que es tener, tengo más bien poco. Poco pero importante, eso sí. Mi querido nene y mi gatito. Cuando escriba aquí algo a los 30 espero poder contaros que ya tengo trabajo, casa y olla exprés.

Me voy a poner mona y a ver qué sorpresas me regala el día. A la noche soplaré las velas y pediré, un año más ¡que se pare el tiempo!

Os quiero.

miércoles, 2 de junio de 2010

Sobre mi barrio

La chica del estanco no caía muy bien a los vecinos. Decían que era una sosa. Se limitaba a darte el tabaco, las vueltas y poco más. Pensándolo bien, si te pegas 10 horas al día, de lunes a sábado, encerrado en un zulo de 2x2 sin que te de el aire o la luz del sol, rodeado de droga, con las abuelas de la primitiva, su tabaco gracias, cualquiera se transformaría antes o después en una seta.

Un jueves a las 7 de la tarde, víspera de festivo, mientras me liaba con las monedillas, le dije "ánimo, que sólo te queda una horita, y luego a disfrutar de todo un puente". Fue la primera vez en meses que la vi sonreír. Me contesto "sí, mañana me quedaré todo el día en casa haciendo el vago, pero el sábado aquí estaré de nuevo..."

Pienso en algunos días en los que me he sentido molesta por quedarme sin tabaco, bajar a la calle y encontrarme con una puerta cerrada. Quiero un cigarro y lo quiero ya. Pero esta vez estaba viendo la otra cara de la moneda.

Con el tiempo nuestras conversaciones fueron más largas. Le contaba mis penurias con el trabajo, y si fumo pall mall por algo será, somos pobres como ratas y encima adictos. Ella era de un pueblo de Toledo, y tardaba dos horas cada día en llegar al curro. Y otras dos en volver, claro. Pero es que el mundo está así de raro, y un curro es un curro. Claro que sí.

Hace unas semanas bajé a por tabaco y me atendió un chico joven, bastante guapo y agradable. Todos los vecinos lo adoran. Es tan simpático... Siempre te recibe con una sonrisa, te comenta las ofertas, pregunta a las viejas por sus nietos... Yo he empezado a peinarme para bajar... 

El caso es que mi amiga, la estanquera de Toledo, ya no trabaja aquí. Supongo que se habrá cansado de ir y venir. Ojalá haya encontrado un trabajo mejor. Aunque yo nunca lo sabré.

Ni si quiera le pregunté su nombre.

viernes, 28 de mayo de 2010

Un consejo cualquiera

Ayer me despisté con mis chorradas y salí tarde de casa. Como me gusta llegar con tiempo al trabajo, apreté el paso hacia la parada del autobús. Al girar la última esquina vi que uno de mis autobuses se aproximaba, así que eché a correr. A pesar de mi porte atlético, llegue a la puerta sin fuelle, subí las escaleras resoplando y saludé al autobusero al borde del colapso. El hombre me miró con sorna y con media sonrisa me dijo:

"Correr detrás de un autobús es igual que correr detrás de un novio, una estupidez. ¿No ves que va a pasar otro igual en cinco minutos?"

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dos años y un día

Ayer me pasó algo inaudito... Aún no me puedo creer que eso me pasara a mí. ¡Me olvidé de mi propio aniversario!

David vino a recogerme al trabajo con una dulce sonrisa y dos enormes rosas preciosas. Y la cara de tonta que se me quedó... Se creía que lo estaba poniendo a prueba, al no haber nombrado el tema en todo el día. Nada más lejos de mi intención. Puedo ser mala a veces, pero esta vez he sido un poco tonta. ¡Lo siento mucho!

El 25 de mayo es un aniversario un poco extraño. No es exactamente el día que empezamos, ni mucho menos. Podríamos celebrar tantas cosas: la primera noche juntos, el primer te quiero, el día que nos fuimos a vivir juntos... Este día nos gusta celebrarlo porque fue el día en el que me recorrí media ciudad para buscarle y decirle que quería que estuviese siempre a mi lado. Como es normal, yo al principio tenía mis dudas, pero esa noche le eché tanto de menos que tuve que plantarme delante de él y arrastrarlo a mi casa, para no dejarle salir de ella nunca más.

Como además coincide con el día del orgullo friki, nos va como anillo al dedo. Ayer lo celebramos con un grandioso tanque de palomitas viendo la finale de Perdidos. Tantos años con una pasión en común y ayer le pusimos una maravillosa guinda final.

Nene, hace muchos años que te aprecio, y no hace ni dos que vivo contigo. Podría estar celebrando cada día el aniversario de lo feliz que soy a tu lado. Gracias por las flores, gracias por todo lo que eres y gracias por cuidarme tanto. Quiero que sepas que lo único que deseo es estar contigo todos los días de mi vida intentando hacerte feliz.

¡Quiero que sepas que TE QUIERO MUCHO!


pd: quierote :P

martes, 25 de mayo de 2010

Sobre el trabajo

Hace un par de semanas me llamaron de la oficina de Adeco de San Sebastián de los Reyes por una oferta de empleo. Me invade la intriga... ¿Cómo es que tenéis mi currículum? La señorita me contestó con otra pregunta: ¿Pasaste un proceso de selección en agosto con Marta? Er... Sí. Se suponía que ese dato lo aclaraba todo. Pero aún me desconcertó más el hecho de que la oferta fuera para un curro en Sogecable. ¡Si yo con Marta trabajé en Globomedia! Qué tendrá que ver. Os juro que por más que lo intenté, no conseguí encontrar el nexo de unión que le diera coherencia a todo este asunto. Pero desistí de intentar encontrarle la lógica. Total, en tres años he tenido varios trabajos en diversas empresas que nada tienen que ver entre sí, y en épocas de paro he mandado el currículum a tantos sitios que mañana podrían llamarme para trabajar en Disneylandia y no me sorprendería.

A pesar de no encontrarle sentido, me encantó que me llamaran. Ya en una ocasión estuve a punto de trabajar en Sogecable, pero la cosa se complicó y se quedó en un intento. Muy a mi pesar, tuve que rechazar la oferta, porque se trataba de una sustitución y es una lástima echar a perder un contrato de mes y medio por uno de 15 días. O no, yo que sé. Me gusta la empresa en la que estoy ahora, y disfruto mucho con mi trabajo, pero es muy probable que a finales de junio la cosa llegue a su punto y final. Y puede que una sustitución en Sogecable sea una buena forma de meter la cabeza para futuros proyectos. ¡O al revés! Hay cientos de puertas a mi alrededor que se abren y se cierran, es imposible saber dónde va a estar la gran oportunidad que estoy buscando, y lo peor es que no siempre depende de mí. Incluso la situación me hace plantearme opciones que hace apenas un par de años eran inconcebibles... Que eso está muy bien, vamos creciendo y vamos viendo la vida de otra forma, deseando cosas distintas... Pero me jode que esta situación me haya hecho volverme más conformista, incluso que me sienta menos especial. Cambio todos mis sueños por un horario decente y un sueldo digno. Tampoco es eso ¿no?

Es lo que están consiguiendo al hacernos elegir entre un mal trabajo y uno menos malo. Me gustaría ver, aunque fuese de lejos y por curiosidad, un buen trabajo. Al igual que me gustaría ver un unicornio, o un mono de tres cabezas.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Felicidades mami

Ayer fui a la verdulería de mi barrio a por suministros para toda la semana. ¡Tenía todo una pinta fantástica! ¿Quién me iba a decir a mí, cuando apenas era una niña a la que le colgaban los pies de la silla de la cocina, que acabaría "de mayor" yendo a comprar verdura por voluntad propia?

Recuerdo que por aquella época, el día de la verdura era una auténtica tragedia griega. Mi madre intentaba que comiéramos verdura por todos los medios. Juegos, canciones, gritos, lágrimas... Todo un espectáculo. Mi hermano ya de por sí no comía mucho, y yo era más rarita que unas calenturas. Creo que en realidad no comíamos verdura por cabezones, porque cuando mi madre la camuflaba entre patatas, huevos y tomate, nos la comíamos sin rechistar. Pero si la ponía tal cual, en la cocina, con ese olor tan característico que tiene la verdura cuando la cocinas, actuábamos como auténticos mulos. Algunos platos los recuerdo salados, ya que se mezclaba el sabor de la comida con mis llantos. Eso podía provocar el llanto de mi madre, o bien una buena colleja.

En una ocasión, mi madre, en un intento desesperado de que comiéramos sin montar un circo, y agotando su último cartucho, nos puso un plato de menestra a cada uno y colocó en el centro de la mesa una enorme canica transparente, con pequeños filamentos dorados, preciosa. "El primero que se acabe el plato ganará la preciada canica". Todo un reto. No podía quitar los ojos del poder hipnótico de aquella esfera tan bonita. Ansiaba conseguir el tesoro, así que me armé de valor, hice de tripas corazón, y engullí como si fuera mi última comida.

No recuerdo quién ganó finalmente la canica. Pero nunca olvidaré el esfuerzo y la ilusión de mi madre por educarnos y alimentarnos lo mejor que pudo. No tiene que ser nada fácil. Cada vez que pienso que estoy en plena edad de empezar a concebir, me sobreviene el miedo a que no seré capaz, que me vendré abajo, y sobre todo el pesar de que mi madre, la mejor madre del mundo, no estará a mi lado todos los días para iluminarme con su sabiduría. Bueno, aunque nunca se sabe.

Felicidades mamá. Te deseo lo mejor en este día tan especial. Te pido disculpas por todas las veces que te he fallado y que no he estado a la altura. Y mi regalo en el día de hoy es recordarte una vez más que tú si has estado a la altura SIEMPRE, que soy lo que soy gracias a ti, que sólo conservo buenos recuerdos y que vosotros y David sois lo más maravilloso que tengo en la vida. Estoy muy orgullosa de ti, de tu vida ejemplar, de tus virtudes y de tus debilidades (que son tan parecidas a las mías).

¡TE QUIERO MUCHO!

viernes, 23 de abril de 2010

23 de abril

Bajamos corriendo la calle. Mi hermano, empuñando su magnífica espada de cartón, avanza con pies de hierro preparado para la lucha. Yo trato de alcanzarle, corriendo detrás de él, temerosa de caerme. Soy pequeñita y mi capa de batalla arrastra por el suelo; procuro no pisarla y darme un tozolón. Nos dirigimos al frente, situado en el bastión empedrado de la plaza San Francisco. A la altura del colegio de La Salle nos cruzamos con una horda de valientes guerreros, armados hasta los dientes, gritando enfurecidos. Nos unimos a sus filas. Los corazones palpitan al mismo ritmo, unidos por el espíritu de victoria. Nos estamos acercando...

De repente... ¡¡ahí está!! Nos la encontramos cara a cara. Sus ojos inyectados en sangre nos miran descarnados. Escupe fuego por la boca y nos amenaza con sus temibles garras. Pero el miedo no nos invade. Somos héroes, somos fuertes y vamos a vencer. ¡¡A por ella!! Golpes, estocadas, llamas rozando nuestras cabezas. ¡¡Muere, bestia inmunda!! Aguantad un poco más... ¡¡Lo conseguimos!! El monstruo cae a nuestros pies. Se desploma provocando que la tierra tiemble, pero nosotros seguimos alzados, con la espada en alto, celebrando que un año más hemos vencido, la leyenda sigue viva, y así seguirá mientras los fieles guerreros luchemos hasta el final.

Después nos vamos a casa, porque papá y mamá nos han preparado una comida especial.

Felicidades, Jorge.


jueves, 22 de abril de 2010

Observaciones matutinas

Todas las mañanas tengo que coger el autobús de empresa en el puente de Arturo Soria. Es un cacho de acera entre dos árboles que hay en la M30. Los buses circulan, como es lógico, por el carril bus. Este carril bus está separado de los otros tres carriles por una raya continua de unos dos palmos, bien gordita. Pues a la altura de mi parada, no hay día en el que no vayan docenas de coches por este carril y, al sentirse acorralados por un autobús que viene quemando rueda (que no se quedan cortos en esta ciudad), se incorporen al carril contiguo a lo banzai, los intermitentes qué son, apártense que aquí estoy yo... Con los consiguientes mosqueos, claro está. Esta mañana, un descapotable encapotado le hizo este pastel a un smart, el del smart le gritó lo que opinaba de él; el primero redujo de 80 a 30 en dos segundos para enseñarle el dedo corazón al otro por la ventanilla, frenazos, pitidos y malas caras... Y lo que es más triste es que estamos hablando de la hora del transporte escolar. Casi todos los coches llevan un nene en el asiento trasero a punto de vomitar las galletas de dinosaurio. Otra muy buena son coches que se paran a dejar a un viajante (¡¡pero que es una autovía, señores!!). Cada mañana, la súper abuela frena en seco en la parada del bus para dejar a su hijito, hombre de americana, corbata y poco pelo, en la puerta de su trabajo, para después llevar al nietecito al cole.

Y resulta que yo soy la que tiene un problema por tener un coche y un carnet de conducir caducado y sin estrenar. Que tengo que soltarme y liberarme de mis miedos. Y una mierda. No pienso ponerme al nivel de esa gentuza.

martes, 20 de abril de 2010

Sonrisa telefónica

Es uno de los conceptos más importantes en los cursillos de tele-marketing. Además de resolver la cuestión planteada por el que llama, hay que tener dotes interpretativas para que el llamante, aunque no te vea, sepa que le estás sonriendo constantemente. Cordialidad, gracias, por favor, es usted muy amable, que tenga un buen día, sonrisa profident.

Esta mañana me llamó una abuelita, gallega y bastante sorda, que no sabía por dónde le daba el aire. El marido, detrás de ella, le chivaba algunas respuestas. Estaba pidiendo una cita pero no sabía ni para qué. "¡Pues como todos los años, hija!". Dan por supuesto que nos sabemos su vida entera, claro que sí. Como las octogenarias me parecen tan entrañables, sobre todo las sordas y gallegas, me esforcé muchísimo por ser amable, resumirle las preguntas del cuestionario y darle la información despacito sonriendo constantemente. En unos 8 minutos tenía concertada su cita donde y cuando ella quería.

Nosotras no podemos colgar, tenemos que esperar a que cuelgue el llamante. Pero la adorable abuelita no debió darle al botón correcto; dejó el teléfono sobre la mesa y le dijo al marido:

"¡¡Hay que ver!! ¡Qué pesada! Que si dame el "de-ene-i", que si un justificante de no-se-qué, venga con las preguntas... ¡Y encima la cita me la ha dado en mayo! ¡Será posible! Bla, bla, bla... (juramentos a voz en grito en gallego que no fui capaz de entender)".

Sigo adorando a las abuelitas octogenarias, pero hay que reconocer que algunas son unas BRUJAS.

Diario de una teleoperadora

Ya estamos allí un año más, cogiendo llamadas como robots, sin parar, con anécdotas graciosas y con otras que no lo son tanto... La ingente cantidad de incidencias técnicas nos están dando algún respiro, pero también unos pocos disgustos con algún contribuyente. Vivimos en una sociedad con déficit de paciencia, y no digamos ya educación o respeto. Los primeros días fueron más moderados, la gente andaba todavía despistada, pero ya ha llegado la fase en la que "exigen sus derechos como contribuyentes" y claro, nosotras, que no tenemos derecho alguno como teleoperadoras, nos las comemos con patatas.

-¡¡Por fin me lo coges!!¡¡¡ Llevo llamando toooda la mañana!!!
- Pero señora, si son las nueve y diez... 

La próxima vez que llaméis a la compañía de gas, internet, billetes de tren o al tele chino, enfadaros todo lo que queráis con el mundo, las multinacionales que lo controlan, con "los de siempre"... pero no olvidéis que al otro lado del teléfono hay una chiquilla con sueños, una señora con críos, una extranjera buscándose la vida, cobrando un sueldo miserable por estar todos los días con el culo pegado a la silla para atenderte.

sábado, 17 de abril de 2010

Noches intrépidas

Ayer David y yo celebrábamos que por fin ya era viernes. Después de una semana más bien feota, ya que ni el tiempo acompañaba, disfrutamos de la maravillosa sensación de tener dos días por delante para no hacer nada. Pasamos la tarde perdiendo el tiempo, una de las cosas que mejor se nos da. Cuando llegó la noche decidimos aprovecharla viendo capítulos de alguna serie hasta el amanecer, juntitos, sin la terrible amenaza del despertador matutino. Pero al tercer capítulo a David le dio un ataque de sueño y se rindió. Pobre, se hace mayor. Como soy un bicho noctámbulo decidí seguir disfrutando yo sola, pero la verdad es que me he acostumbrado demasiado a su compañía, y no se me ocurría qué hacer. Después de contarle a mi gato que el mundo está fatal, decidí reunirme con mi niño bajo las sábanas. También me hago mayor... Fui al cuarto, me quité la ropa y, despacito, me acerqué a David. "Que tengas felices sueños (besito)". Como respuesta, David me empezó a dar cachetes en el muslo (¿?).

Yo: Humm... cielo, ¿por qué me golpeas la pierna?
Él:  Mmmsashícomovuelcoyoaltorohhggr...
Yo: Eh... ¿qué dices, cariño?
Él: Es así como vuelco yo al toro.
Yo: ¿Ein? ¿Estás toreando, mi vida?
Él: Mmsshii...
Yo: ¡Ja! Cielo, ¿puedo despertarte para contarte una cosa muy divertida?
Él: Mshhnno... grffff...
Yo: Como quieras...

:)

jueves, 8 de abril de 2010

Sobre la muerte

El otro día, al salir de mi nuevo trabajo, coincidí con una compañera a la que aún no conocía. Es una mujer de unos 40 años, rumana, muy simpática. Por ser agradable con ella, y también porque es cierto, le dije que tenía muchas ganas de visitar Rumanía, que tenía que ser un país precioso. Haciendo alarde de mi analfabetez, no fui capaz de decirle más de tres lugares emblemáticos de su bello país. Qué bochorno. Pero ella no se ofendió. Al contrario. Con una sonrisa sincera, me estuvo ilustrando un poco, más o menos lo que duran tres paradas de autobús.

Me comentó que si viajaba a Rumanía, no podía dejar de visitar el Cementerio Alegre. "¿El cementerio alegre? ¡Vaya sentido del humor que os gastáis los rumanos!" Parece ser que no sólo es un cementerio precioso y original, sino que además se practican ritos de celebración de la muerte. Cuando muere el abuelo y lo van a enterrar, todos brindan en su honor y por su eterno descanso con alegría y esperanza. "¡Viva! ¡Ya no sufrirá más con su artrosis! ¡Bien! ¡Ya no tendrá que pagar más facturas ni se verá obligado a soportar al gorrón de su cuñado! ¡Qué suerte tiene el cabrón, ya no tendrá que aguantar sobre sus hombros el peso de las penurias del resto de los mortales! ¡Ala, descansa en paz! ¡Hasta pronto!"

Por lo visto, en las lápidas y tumbas hay dibujos y epitafios de lo más curiosos. Mi compañera me recitó alguno: "Aquí yace mi suegra. Ten cuidado y pisa con suavidad... no la vayas a despertar". Supongo que me estaba tomando el pelo...

Aunque soy una llorona, en el fondo de mi ser siempre he creído que nada en el mundo es tan grave como para amargarse la existencia, y que todo tiene solución, salvo la muerte. A los muertos hay que llorarlos, porque los hemos querido mucho y porque ya nunca estarán aquí. Lo demás no es importante. Y para algunos rumanos ni eso.

La vida es algo muy hermoso. Así que desataros por un momento el lastre de vuestros problemas y descubrid la mañana. Que hoy ha salido el sol.

Sobre el título

Mamá se encierra en la cocina. Papá coge un chubasquero y sale corriendo de casa. Estamos en el pueblo y afuera llueve como si se fuera a acabar el mundo. La tormenta es tan bestia que cada vez que truena, ¡rayos y centellas! parece que se va a caer el cielo sobre nuestras cabezas, por tutatis. Los relámpagos aturden a las antenas. En casa no se ve la tele. A ratos se va la luz, y hay que encender velas, pero en seguida vuelve. Mi hermano y yo estamos un poco nerviosos y no podemos parar de correr y reír.

Mamá sale de la cocina con un puchero enorme de chocolate caliente. El maravilloso aroma invade el salón. En ese momento entra papá por la puerta, empapado hasta el alma, con los zapatos encharcados, y con una bolsa de papel marrón mágicamente seca llena de churros calentitos.

Sacamos el trivial, las cartas, el dominó... El mundo se detiene y sólo existimos nosotros, el calorcito de la familia, el chocolate con churros.

Esa es mi infancia.

miércoles, 7 de abril de 2010

Oda a la mano

Julio Romero de Torres
pintó a la mujer morena
con la falda levantada,
tirando de la cadena.
Con el papel en la mano
Limpiándose...

I: ¿Limpiándose el qué?
C: ¿Qué rima con mano?
I: Pues... ¿verano?
D: Ya lo sé, ¡limpiándose la mano!
I: Muy bien, mano rima con mano.
D: Bueno, tiene dos manos ¿no? Se puede estar limpiando la otra...
M: ¡Estás hecho un poeta!
I: Si, oda a la mano.
M: Mano, mano, mano, mano
mano, mano, mano, mano...

Juanito

Juanito es el mejor amigo de mi padre, de los amigos de toda la vida. Es más que un tío para mí.

Es un catedrático de historia, un cincuentón culto, cascarrabias y ateo, un aventurero de biblioteca que me ha enseñado a sobrevivir en la jungla con un petate de soldado lleno de artilugios, un doctor Livingstone de boquilla (apenas ha salido de España y ni mucho menos ha estado en una jungla de verdad), un tío que ama la vida y las historias de las personas y que siempre ha sabido transmitir su entusiasmo.

Cuando estaba en la edad del pavo Juanito me rebautizó con el cariñoso apelativo de Putón Verbenero, se reía de mi minifalda y me llamaba analfabeta. Me daba collejas jugando al Trivial (me las merecía, por burra), me inculcaba el amor por el estudio, la cultura y el buen gusto. Me ha contado mil batallas y cuentos de reyes e imperios, incluso me ha retado a que no me atrevía a enseñarle el sostén. Y vaya si me atreví, por ahí andará la foto.

Siempre se ha quejado de que los jóvenes no mostrábamos ningún interés ni respeto por los libros, y sin embargo, su gran pasión ha sido siempre enseñar, educar e ilustrar. Sus alumnos han tenido la suerte de aprender con el mejor, y yo siempre presumiré orgullosa de haberlo conocido.

Ahora Juanito, el mejor amigo de mi padre, ya no está aquí. He llorado bastante, y también me he cagado en la puta madre de todo lo que se menea. Pero estoy bien, porque sé que después de todos estos años, de leer sus libros, de pensar en él y en las cosas que me ha enseñado, soy una gran mujer y una buena persona. Sé que me quiere mucho y que está orgulloso de mí. Y saber eso me hace muy feliz.

Te quiero mucho, Juan. No te olvidaré nunca.

Un beso. Isabelita.