miércoles, 2 de junio de 2010

Sobre mi barrio

La chica del estanco no caía muy bien a los vecinos. Decían que era una sosa. Se limitaba a darte el tabaco, las vueltas y poco más. Pensándolo bien, si te pegas 10 horas al día, de lunes a sábado, encerrado en un zulo de 2x2 sin que te de el aire o la luz del sol, rodeado de droga, con las abuelas de la primitiva, su tabaco gracias, cualquiera se transformaría antes o después en una seta.

Un jueves a las 7 de la tarde, víspera de festivo, mientras me liaba con las monedillas, le dije "ánimo, que sólo te queda una horita, y luego a disfrutar de todo un puente". Fue la primera vez en meses que la vi sonreír. Me contesto "sí, mañana me quedaré todo el día en casa haciendo el vago, pero el sábado aquí estaré de nuevo..."

Pienso en algunos días en los que me he sentido molesta por quedarme sin tabaco, bajar a la calle y encontrarme con una puerta cerrada. Quiero un cigarro y lo quiero ya. Pero esta vez estaba viendo la otra cara de la moneda.

Con el tiempo nuestras conversaciones fueron más largas. Le contaba mis penurias con el trabajo, y si fumo pall mall por algo será, somos pobres como ratas y encima adictos. Ella era de un pueblo de Toledo, y tardaba dos horas cada día en llegar al curro. Y otras dos en volver, claro. Pero es que el mundo está así de raro, y un curro es un curro. Claro que sí.

Hace unas semanas bajé a por tabaco y me atendió un chico joven, bastante guapo y agradable. Todos los vecinos lo adoran. Es tan simpático... Siempre te recibe con una sonrisa, te comenta las ofertas, pregunta a las viejas por sus nietos... Yo he empezado a peinarme para bajar... 

El caso es que mi amiga, la estanquera de Toledo, ya no trabaja aquí. Supongo que se habrá cansado de ir y venir. Ojalá haya encontrado un trabajo mejor. Aunque yo nunca lo sabré.

Ni si quiera le pregunté su nombre.

viernes, 28 de mayo de 2010

Un consejo cualquiera

Ayer me despisté con mis chorradas y salí tarde de casa. Como me gusta llegar con tiempo al trabajo, apreté el paso hacia la parada del autobús. Al girar la última esquina vi que uno de mis autobuses se aproximaba, así que eché a correr. A pesar de mi porte atlético, llegue a la puerta sin fuelle, subí las escaleras resoplando y saludé al autobusero al borde del colapso. El hombre me miró con sorna y con media sonrisa me dijo:

"Correr detrás de un autobús es igual que correr detrás de un novio, una estupidez. ¿No ves que va a pasar otro igual en cinco minutos?"

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dos años y un día

Ayer me pasó algo inaudito... Aún no me puedo creer que eso me pasara a mí. ¡Me olvidé de mi propio aniversario!

David vino a recogerme al trabajo con una dulce sonrisa y dos enormes rosas preciosas. Y la cara de tonta que se me quedó... Se creía que lo estaba poniendo a prueba, al no haber nombrado el tema en todo el día. Nada más lejos de mi intención. Puedo ser mala a veces, pero esta vez he sido un poco tonta. ¡Lo siento mucho!

El 25 de mayo es un aniversario un poco extraño. No es exactamente el día que empezamos, ni mucho menos. Podríamos celebrar tantas cosas: la primera noche juntos, el primer te quiero, el día que nos fuimos a vivir juntos... Este día nos gusta celebrarlo porque fue el día en el que me recorrí media ciudad para buscarle y decirle que quería que estuviese siempre a mi lado. Como es normal, yo al principio tenía mis dudas, pero esa noche le eché tanto de menos que tuve que plantarme delante de él y arrastrarlo a mi casa, para no dejarle salir de ella nunca más.

Como además coincide con el día del orgullo friki, nos va como anillo al dedo. Ayer lo celebramos con un grandioso tanque de palomitas viendo la finale de Perdidos. Tantos años con una pasión en común y ayer le pusimos una maravillosa guinda final.

Nene, hace muchos años que te aprecio, y no hace ni dos que vivo contigo. Podría estar celebrando cada día el aniversario de lo feliz que soy a tu lado. Gracias por las flores, gracias por todo lo que eres y gracias por cuidarme tanto. Quiero que sepas que lo único que deseo es estar contigo todos los días de mi vida intentando hacerte feliz.

¡Quiero que sepas que TE QUIERO MUCHO!


pd: quierote :P

martes, 25 de mayo de 2010

Sobre el trabajo

Hace un par de semanas me llamaron de la oficina de Adeco de San Sebastián de los Reyes por una oferta de empleo. Me invade la intriga... ¿Cómo es que tenéis mi currículum? La señorita me contestó con otra pregunta: ¿Pasaste un proceso de selección en agosto con Marta? Er... Sí. Se suponía que ese dato lo aclaraba todo. Pero aún me desconcertó más el hecho de que la oferta fuera para un curro en Sogecable. ¡Si yo con Marta trabajé en Globomedia! Qué tendrá que ver. Os juro que por más que lo intenté, no conseguí encontrar el nexo de unión que le diera coherencia a todo este asunto. Pero desistí de intentar encontrarle la lógica. Total, en tres años he tenido varios trabajos en diversas empresas que nada tienen que ver entre sí, y en épocas de paro he mandado el currículum a tantos sitios que mañana podrían llamarme para trabajar en Disneylandia y no me sorprendería.

A pesar de no encontrarle sentido, me encantó que me llamaran. Ya en una ocasión estuve a punto de trabajar en Sogecable, pero la cosa se complicó y se quedó en un intento. Muy a mi pesar, tuve que rechazar la oferta, porque se trataba de una sustitución y es una lástima echar a perder un contrato de mes y medio por uno de 15 días. O no, yo que sé. Me gusta la empresa en la que estoy ahora, y disfruto mucho con mi trabajo, pero es muy probable que a finales de junio la cosa llegue a su punto y final. Y puede que una sustitución en Sogecable sea una buena forma de meter la cabeza para futuros proyectos. ¡O al revés! Hay cientos de puertas a mi alrededor que se abren y se cierran, es imposible saber dónde va a estar la gran oportunidad que estoy buscando, y lo peor es que no siempre depende de mí. Incluso la situación me hace plantearme opciones que hace apenas un par de años eran inconcebibles... Que eso está muy bien, vamos creciendo y vamos viendo la vida de otra forma, deseando cosas distintas... Pero me jode que esta situación me haya hecho volverme más conformista, incluso que me sienta menos especial. Cambio todos mis sueños por un horario decente y un sueldo digno. Tampoco es eso ¿no?

Es lo que están consiguiendo al hacernos elegir entre un mal trabajo y uno menos malo. Me gustaría ver, aunque fuese de lejos y por curiosidad, un buen trabajo. Al igual que me gustaría ver un unicornio, o un mono de tres cabezas.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Felicidades mami

Ayer fui a la verdulería de mi barrio a por suministros para toda la semana. ¡Tenía todo una pinta fantástica! ¿Quién me iba a decir a mí, cuando apenas era una niña a la que le colgaban los pies de la silla de la cocina, que acabaría "de mayor" yendo a comprar verdura por voluntad propia?

Recuerdo que por aquella época, el día de la verdura era una auténtica tragedia griega. Mi madre intentaba que comiéramos verdura por todos los medios. Juegos, canciones, gritos, lágrimas... Todo un espectáculo. Mi hermano ya de por sí no comía mucho, y yo era más rarita que unas calenturas. Creo que en realidad no comíamos verdura por cabezones, porque cuando mi madre la camuflaba entre patatas, huevos y tomate, nos la comíamos sin rechistar. Pero si la ponía tal cual, en la cocina, con ese olor tan característico que tiene la verdura cuando la cocinas, actuábamos como auténticos mulos. Algunos platos los recuerdo salados, ya que se mezclaba el sabor de la comida con mis llantos. Eso podía provocar el llanto de mi madre, o bien una buena colleja.

En una ocasión, mi madre, en un intento desesperado de que comiéramos sin montar un circo, y agotando su último cartucho, nos puso un plato de menestra a cada uno y colocó en el centro de la mesa una enorme canica transparente, con pequeños filamentos dorados, preciosa. "El primero que se acabe el plato ganará la preciada canica". Todo un reto. No podía quitar los ojos del poder hipnótico de aquella esfera tan bonita. Ansiaba conseguir el tesoro, así que me armé de valor, hice de tripas corazón, y engullí como si fuera mi última comida.

No recuerdo quién ganó finalmente la canica. Pero nunca olvidaré el esfuerzo y la ilusión de mi madre por educarnos y alimentarnos lo mejor que pudo. No tiene que ser nada fácil. Cada vez que pienso que estoy en plena edad de empezar a concebir, me sobreviene el miedo a que no seré capaz, que me vendré abajo, y sobre todo el pesar de que mi madre, la mejor madre del mundo, no estará a mi lado todos los días para iluminarme con su sabiduría. Bueno, aunque nunca se sabe.

Felicidades mamá. Te deseo lo mejor en este día tan especial. Te pido disculpas por todas las veces que te he fallado y que no he estado a la altura. Y mi regalo en el día de hoy es recordarte una vez más que tú si has estado a la altura SIEMPRE, que soy lo que soy gracias a ti, que sólo conservo buenos recuerdos y que vosotros y David sois lo más maravilloso que tengo en la vida. Estoy muy orgullosa de ti, de tu vida ejemplar, de tus virtudes y de tus debilidades (que son tan parecidas a las mías).

¡TE QUIERO MUCHO!

viernes, 23 de abril de 2010

23 de abril

Bajamos corriendo la calle. Mi hermano, empuñando su magnífica espada de cartón, avanza con pies de hierro preparado para la lucha. Yo trato de alcanzarle, corriendo detrás de él, temerosa de caerme. Soy pequeñita y mi capa de batalla arrastra por el suelo; procuro no pisarla y darme un tozolón. Nos dirigimos al frente, situado en el bastión empedrado de la plaza San Francisco. A la altura del colegio de La Salle nos cruzamos con una horda de valientes guerreros, armados hasta los dientes, gritando enfurecidos. Nos unimos a sus filas. Los corazones palpitan al mismo ritmo, unidos por el espíritu de victoria. Nos estamos acercando...

De repente... ¡¡ahí está!! Nos la encontramos cara a cara. Sus ojos inyectados en sangre nos miran descarnados. Escupe fuego por la boca y nos amenaza con sus temibles garras. Pero el miedo no nos invade. Somos héroes, somos fuertes y vamos a vencer. ¡¡A por ella!! Golpes, estocadas, llamas rozando nuestras cabezas. ¡¡Muere, bestia inmunda!! Aguantad un poco más... ¡¡Lo conseguimos!! El monstruo cae a nuestros pies. Se desploma provocando que la tierra tiemble, pero nosotros seguimos alzados, con la espada en alto, celebrando que un año más hemos vencido, la leyenda sigue viva, y así seguirá mientras los fieles guerreros luchemos hasta el final.

Después nos vamos a casa, porque papá y mamá nos han preparado una comida especial.

Felicidades, Jorge.


jueves, 22 de abril de 2010

Observaciones matutinas

Todas las mañanas tengo que coger el autobús de empresa en el puente de Arturo Soria. Es un cacho de acera entre dos árboles que hay en la M30. Los buses circulan, como es lógico, por el carril bus. Este carril bus está separado de los otros tres carriles por una raya continua de unos dos palmos, bien gordita. Pues a la altura de mi parada, no hay día en el que no vayan docenas de coches por este carril y, al sentirse acorralados por un autobús que viene quemando rueda (que no se quedan cortos en esta ciudad), se incorporen al carril contiguo a lo banzai, los intermitentes qué son, apártense que aquí estoy yo... Con los consiguientes mosqueos, claro está. Esta mañana, un descapotable encapotado le hizo este pastel a un smart, el del smart le gritó lo que opinaba de él; el primero redujo de 80 a 30 en dos segundos para enseñarle el dedo corazón al otro por la ventanilla, frenazos, pitidos y malas caras... Y lo que es más triste es que estamos hablando de la hora del transporte escolar. Casi todos los coches llevan un nene en el asiento trasero a punto de vomitar las galletas de dinosaurio. Otra muy buena son coches que se paran a dejar a un viajante (¡¡pero que es una autovía, señores!!). Cada mañana, la súper abuela frena en seco en la parada del bus para dejar a su hijito, hombre de americana, corbata y poco pelo, en la puerta de su trabajo, para después llevar al nietecito al cole.

Y resulta que yo soy la que tiene un problema por tener un coche y un carnet de conducir caducado y sin estrenar. Que tengo que soltarme y liberarme de mis miedos. Y una mierda. No pienso ponerme al nivel de esa gentuza.

martes, 20 de abril de 2010

Sonrisa telefónica

Es uno de los conceptos más importantes en los cursillos de tele-marketing. Además de resolver la cuestión planteada por el que llama, hay que tener dotes interpretativas para que el llamante, aunque no te vea, sepa que le estás sonriendo constantemente. Cordialidad, gracias, por favor, es usted muy amable, que tenga un buen día, sonrisa profident.

Esta mañana me llamó una abuelita, gallega y bastante sorda, que no sabía por dónde le daba el aire. El marido, detrás de ella, le chivaba algunas respuestas. Estaba pidiendo una cita pero no sabía ni para qué. "¡Pues como todos los años, hija!". Dan por supuesto que nos sabemos su vida entera, claro que sí. Como las octogenarias me parecen tan entrañables, sobre todo las sordas y gallegas, me esforcé muchísimo por ser amable, resumirle las preguntas del cuestionario y darle la información despacito sonriendo constantemente. En unos 8 minutos tenía concertada su cita donde y cuando ella quería.

Nosotras no podemos colgar, tenemos que esperar a que cuelgue el llamante. Pero la adorable abuelita no debió darle al botón correcto; dejó el teléfono sobre la mesa y le dijo al marido:

"¡¡Hay que ver!! ¡Qué pesada! Que si dame el "de-ene-i", que si un justificante de no-se-qué, venga con las preguntas... ¡Y encima la cita me la ha dado en mayo! ¡Será posible! Bla, bla, bla... (juramentos a voz en grito en gallego que no fui capaz de entender)".

Sigo adorando a las abuelitas octogenarias, pero hay que reconocer que algunas son unas BRUJAS.

Diario de una teleoperadora

Ya estamos allí un año más, cogiendo llamadas como robots, sin parar, con anécdotas graciosas y con otras que no lo son tanto... La ingente cantidad de incidencias técnicas nos están dando algún respiro, pero también unos pocos disgustos con algún contribuyente. Vivimos en una sociedad con déficit de paciencia, y no digamos ya educación o respeto. Los primeros días fueron más moderados, la gente andaba todavía despistada, pero ya ha llegado la fase en la que "exigen sus derechos como contribuyentes" y claro, nosotras, que no tenemos derecho alguno como teleoperadoras, nos las comemos con patatas.

-¡¡Por fin me lo coges!!¡¡¡ Llevo llamando toooda la mañana!!!
- Pero señora, si son las nueve y diez... 

La próxima vez que llaméis a la compañía de gas, internet, billetes de tren o al tele chino, enfadaros todo lo que queráis con el mundo, las multinacionales que lo controlan, con "los de siempre"... pero no olvidéis que al otro lado del teléfono hay una chiquilla con sueños, una señora con críos, una extranjera buscándose la vida, cobrando un sueldo miserable por estar todos los días con el culo pegado a la silla para atenderte.

sábado, 17 de abril de 2010

Noches intrépidas

Ayer David y yo celebrábamos que por fin ya era viernes. Después de una semana más bien feota, ya que ni el tiempo acompañaba, disfrutamos de la maravillosa sensación de tener dos días por delante para no hacer nada. Pasamos la tarde perdiendo el tiempo, una de las cosas que mejor se nos da. Cuando llegó la noche decidimos aprovecharla viendo capítulos de alguna serie hasta el amanecer, juntitos, sin la terrible amenaza del despertador matutino. Pero al tercer capítulo a David le dio un ataque de sueño y se rindió. Pobre, se hace mayor. Como soy un bicho noctámbulo decidí seguir disfrutando yo sola, pero la verdad es que me he acostumbrado demasiado a su compañía, y no se me ocurría qué hacer. Después de contarle a mi gato que el mundo está fatal, decidí reunirme con mi niño bajo las sábanas. También me hago mayor... Fui al cuarto, me quité la ropa y, despacito, me acerqué a David. "Que tengas felices sueños (besito)". Como respuesta, David me empezó a dar cachetes en el muslo (¿?).

Yo: Humm... cielo, ¿por qué me golpeas la pierna?
Él:  Mmmsashícomovuelcoyoaltorohhggr...
Yo: Eh... ¿qué dices, cariño?
Él: Es así como vuelco yo al toro.
Yo: ¿Ein? ¿Estás toreando, mi vida?
Él: Mmsshii...
Yo: ¡Ja! Cielo, ¿puedo despertarte para contarte una cosa muy divertida?
Él: Mshhnno... grffff...
Yo: Como quieras...

:)

jueves, 8 de abril de 2010

Sobre la muerte

El otro día, al salir de mi nuevo trabajo, coincidí con una compañera a la que aún no conocía. Es una mujer de unos 40 años, rumana, muy simpática. Por ser agradable con ella, y también porque es cierto, le dije que tenía muchas ganas de visitar Rumanía, que tenía que ser un país precioso. Haciendo alarde de mi analfabetez, no fui capaz de decirle más de tres lugares emblemáticos de su bello país. Qué bochorno. Pero ella no se ofendió. Al contrario. Con una sonrisa sincera, me estuvo ilustrando un poco, más o menos lo que duran tres paradas de autobús.

Me comentó que si viajaba a Rumanía, no podía dejar de visitar el Cementerio Alegre. "¿El cementerio alegre? ¡Vaya sentido del humor que os gastáis los rumanos!" Parece ser que no sólo es un cementerio precioso y original, sino que además se practican ritos de celebración de la muerte. Cuando muere el abuelo y lo van a enterrar, todos brindan en su honor y por su eterno descanso con alegría y esperanza. "¡Viva! ¡Ya no sufrirá más con su artrosis! ¡Bien! ¡Ya no tendrá que pagar más facturas ni se verá obligado a soportar al gorrón de su cuñado! ¡Qué suerte tiene el cabrón, ya no tendrá que aguantar sobre sus hombros el peso de las penurias del resto de los mortales! ¡Ala, descansa en paz! ¡Hasta pronto!"

Por lo visto, en las lápidas y tumbas hay dibujos y epitafios de lo más curiosos. Mi compañera me recitó alguno: "Aquí yace mi suegra. Ten cuidado y pisa con suavidad... no la vayas a despertar". Supongo que me estaba tomando el pelo...

Aunque soy una llorona, en el fondo de mi ser siempre he creído que nada en el mundo es tan grave como para amargarse la existencia, y que todo tiene solución, salvo la muerte. A los muertos hay que llorarlos, porque los hemos querido mucho y porque ya nunca estarán aquí. Lo demás no es importante. Y para algunos rumanos ni eso.

La vida es algo muy hermoso. Así que desataros por un momento el lastre de vuestros problemas y descubrid la mañana. Que hoy ha salido el sol.

Sobre el título

Mamá se encierra en la cocina. Papá coge un chubasquero y sale corriendo de casa. Estamos en el pueblo y afuera llueve como si se fuera a acabar el mundo. La tormenta es tan bestia que cada vez que truena, ¡rayos y centellas! parece que se va a caer el cielo sobre nuestras cabezas, por tutatis. Los relámpagos aturden a las antenas. En casa no se ve la tele. A ratos se va la luz, y hay que encender velas, pero en seguida vuelve. Mi hermano y yo estamos un poco nerviosos y no podemos parar de correr y reír.

Mamá sale de la cocina con un puchero enorme de chocolate caliente. El maravilloso aroma invade el salón. En ese momento entra papá por la puerta, empapado hasta el alma, con los zapatos encharcados, y con una bolsa de papel marrón mágicamente seca llena de churros calentitos.

Sacamos el trivial, las cartas, el dominó... El mundo se detiene y sólo existimos nosotros, el calorcito de la familia, el chocolate con churros.

Esa es mi infancia.

miércoles, 7 de abril de 2010

Oda a la mano

Julio Romero de Torres
pintó a la mujer morena
con la falda levantada,
tirando de la cadena.
Con el papel en la mano
Limpiándose...

I: ¿Limpiándose el qué?
C: ¿Qué rima con mano?
I: Pues... ¿verano?
D: Ya lo sé, ¡limpiándose la mano!
I: Muy bien, mano rima con mano.
D: Bueno, tiene dos manos ¿no? Se puede estar limpiando la otra...
M: ¡Estás hecho un poeta!
I: Si, oda a la mano.
M: Mano, mano, mano, mano
mano, mano, mano, mano...

Juanito

Juanito es el mejor amigo de mi padre, de los amigos de toda la vida. Es más que un tío para mí.

Es un catedrático de historia, un cincuentón culto, cascarrabias y ateo, un aventurero de biblioteca que me ha enseñado a sobrevivir en la jungla con un petate de soldado lleno de artilugios, un doctor Livingstone de boquilla (apenas ha salido de España y ni mucho menos ha estado en una jungla de verdad), un tío que ama la vida y las historias de las personas y que siempre ha sabido transmitir su entusiasmo.

Cuando estaba en la edad del pavo Juanito me rebautizó con el cariñoso apelativo de Putón Verbenero, se reía de mi minifalda y me llamaba analfabeta. Me daba collejas jugando al Trivial (me las merecía, por burra), me inculcaba el amor por el estudio, la cultura y el buen gusto. Me ha contado mil batallas y cuentos de reyes e imperios, incluso me ha retado a que no me atrevía a enseñarle el sostén. Y vaya si me atreví, por ahí andará la foto.

Siempre se ha quejado de que los jóvenes no mostrábamos ningún interés ni respeto por los libros, y sin embargo, su gran pasión ha sido siempre enseñar, educar e ilustrar. Sus alumnos han tenido la suerte de aprender con el mejor, y yo siempre presumiré orgullosa de haberlo conocido.

Ahora Juanito, el mejor amigo de mi padre, ya no está aquí. He llorado bastante, y también me he cagado en la puta madre de todo lo que se menea. Pero estoy bien, porque sé que después de todos estos años, de leer sus libros, de pensar en él y en las cosas que me ha enseñado, soy una gran mujer y una buena persona. Sé que me quiere mucho y que está orgulloso de mí. Y saber eso me hace muy feliz.

Te quiero mucho, Juan. No te olvidaré nunca.

Un beso. Isabelita.

miércoles, 17 de marzo de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

El sueño americano

Por fin sé lo que es. Gracias a mis padres lo he vivido. Realmente ha sido pasear cinco días por la película de mis sueños. Los carteles de las calles, los escaparates, los taxis, las personas... todo me fascinaba. En cada rincón recordaba una secuencia, una frase, una mirada, y allí estaba yo, con las cuatro personas que más quiero en este mundo.

Todavía estoy en shock. Pasé un mes sin creerme que iba a cruzar el charco, y ahora parece que son otros los que han ido. Necesito sacar fuera todo esto, revivirlo en mi cabeza, con la firme certeza de que algún día volveré. Hay mucho por hacer allí.

Sé que es una horterada, pero me he comprado la mítica camiseta. Cómo lo saben. Es imposible no amar Nueva York.

viernes, 19 de febrero de 2010

Esperanza

El otro día iba en el metro, apretujada entre la gente, catatónica, después de un día de trabajo. Un gemidito y un pequeño golpe me despertaron. Vi sentados a mi lado a dos niños, el mayor de unos 8 años y su hermanito de unos 4. Los dos rubitos, muy guapos. Iba el pequeño sentado en el regazo del mayor. A su izquierda iba desplomada la madre, asiendo una bolsa de deporte descolorida, con una bufanda al cuello y una coleta mal hecha. Me imaginé un día normal en la vida de aquella mujer. Después de un duro día de curro y de recoger a los hijos del judo o karate o lo que sea, llegará a casa, donde se encontrará con un marido también reventado, y entonces comenzará el festival de los deberes, los baños, las cenas y los pijamas. Y la muerte súbita en el sofá.

El pequeño empezó a ponerse nervioso. Se quejaba en su asiento y hacía pucheros. Entonces el mayor lo abrazó con más fuerza y le dijo: "No te preocupes, nene, que en seguida llegamos a casa". También le acarició la rubita cabeza. Me incorporé de mi asiento y me acerqué a la mujer, que andaba medio traspuesta, y le dije: "Tienes unos hijos preciosos, y se quieren mucho. Se nota que están muy bien educados. Enhorabuena". La mujer se quedó cortada, pero al final me sonrió y me dio las gracias.

Salí corriendo del vagón, ya había llegado a mi casa. "Gracias a ti", pensé. "Gracias a ti todavía hay esperanza".

domingo, 6 de diciembre de 2009

Memorable

El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas. A veces les salen alacranes o escolopendras, gruesos gusanos blancos o crisálidas a punto, pero no es imposible que, al menos una vez, aparezca un elefante...

El viaje del elefante, de José Saramago

lunes, 2 de noviembre de 2009

¡Yo quiero vivir en Farm Ville!

Eso me dijo la Marian el otro día.

Mi madre me suele contar que de pequeña yo quería ser granjera. Tenía planeado vivir en una granja con vaquitas, cerditos, patitos y pollitos. Y también con muchos hijitos. Mi madre me decía "¿y si tu marido no quiere?", y yo le contestaba "pues que se vaya".

domingo, 1 de noviembre de 2009

Definitivamente estabilidad no...

... es la palabra, no. El 2008 fue un año malo pero el 2009 está siendo un año raro, raro... No entiendo como Quen sigue conmigo y me soporta. Ni si quiera sé cómo mi gato me soporta.

Me costó mucho tiempo superar lo de Localia, y eso que las últimas semanas junto a Laura fueron una agonía. A veces nos daba la modorra y nos poníamos las dos a llorar, vaya cuadro. Un fortuito accidente domestico me inhabilitó la mano con la que tenía que firmar el contrato en Sogecable, vayapordiox, así que el mundo de las escaletas siguió adelante sin mí.

Y fueron unos meses inolvidables. Descubrí cuánto me gustaba ser ama de casa, irme con las vecinas al mercado, a la tintorería, charlar en el portal con los vecinos y sus perros, y recibir a mi maridito con una estupenda cena después de su dura jornada. Tenía mucho tiempo para leer, escribir, pasear y pensar. Y también tenía tiempo para perderlo. Ala, de sobra.

Pero el dinero se acaba y, aunque no da la felicidad, si da luz, agua, gas, intenné, y más cosas, así que me fui con Noe a trabajar para Hacienda durante la campaña de la declaración de la renta. De teleoperadoras, por supuesto. Vaya experiencia. No es el trabajo de mis sueños... no es el trabajo de los sueños de nadie. Aguantar a según qué personas es un horror y además pagan muy poco, pero me alegro de haberlo vivido. Y lo haría de nuevo. Dejando a un lado a los impertinentes, a los groseros y a los ignorantes, descubres todo un mundo de personas de lo más curioso. Gente que vive en cuevas, en barcos, con el marido en prisión, hombres y mujeres de otros países intentando pedir cita sin entender apenas castellano... Algunas historias eran de película. O más surrealistas que en las propias películas. Fascinante.

Aquello duró hasta finales de junio. Además del máster en sociología aplicada a los impuestos de la clase obrera (los ricos no nos llamaban, tienen un gestor), también aprendí algunas cositas sobre declaraciones de renta, si, eso que también es fascinante... Y las compañeras eran unos soles.

Después llegaron las vacaciones. Quentin y yo nos fuimos de camping a San Vicente de la Barquera. Tienen una playa preciosa y larguísima para dar paseos, el agua estaba helada pero me bañé todos los días, y Quen me descubrió la madriguera del Rey Cangrejo, ¡oh! Tuvimos suerte con el tiempo, soló diluvió dos días, los cuales aprovechamos para comernos una parrillada de mar y tierra (un día) y una paella de marisco repleta de cigalas (el otro). Todo eso regadito con rioja, y como somos unos blandos, nos pillamos una moña muy simpática.

También hubo visita oficial a los pueblos. Primero al pueblo de Mari, Riocerezo, y después a casa de mis padres en Biescas. En ambos sitios nos cebaron y nos cuidaron de lujo. Nos fuimos a dar paseos por las montañas, el río, la charca, las calles del pueblo... Y en las horas de la siesta Quen y yo nos pasamos el Runaway 1 y 2. ¡Planazo! Por cierto, a ver si sale ya el 3...

Entonces llegó el mensaje. Un mensaje de mi antiguo profesor de cine de Metrópolis, proponiéndome una historia la mar de interesante, ser ayudante de Script en una serie para Globomedia. Por supuesto que sí. Y en eso ando enfrascada ahora mismo. Llevamos mes y medio de grabación y tengo chorrocientas historias que contar, pero eso ya para otro día.

Desde que tuve la entrevista hasta que empecé a currar pasó otro mes, que aproveché para leerme todos los libros de Harry Potter. Me quedé a mitad del siete, ¡por qué poco! Y sólo puedo deciros que amo con locura a mis niños, a Harry, a Ron y a Hermione. Sobre todo a Ron (siempre tiene que haber un favorito, no?). He vivido con ellos un mes plagado de aventuras fascinantes, hemos descubierto secretos, matado monstruos, nos hemos enamorado y sobre todo nos hemos reído un montón. Y les echo de menos... En cuanto tenga más de un día seguido libre terminaré el siete, que me mira amenazante desde la mesilla... Pero es que cuando me lo acabe ya no habrá más... ¿Qué hago? Sniff...

Escribir ha sido una bonita manera de superar el síndrome del dominguero (del domingo por la tarde cuando te das cuenta de que, vaya, ya casi es lunes, joder). Igual repito.